“Maratón balcánico” – Miguel Roán

Miguel Roán nos lleva de la mano en un viaje profundamente personal por los Balcanes en esta magnífica obra editada por Caballo de Troya

Maratón balcánico – Miguel Roán | Caballo de Troya, 320 pgs., €15,10

Este artículo ha sido escrito por David Alegre Lorenz, investigador, codirector de la RUHM, coautor de “Europa desgarrada” y autor de “La batalla de Teruel“.

En primer lugar quiero dar las gracias a los colegas de Rea Silvia por poner a mi disposición ese fantástico escenario que es su plataforma en la web para hablar de “Maratón balcánico“, la fascinante obra del que es uno de nuestros más significados balcanistas, Miguel Roán, que acaba de alcanzar en apenas quince días la segunda edición.

La casa editorial que ha tenido el acierto y la fortuna de hacer realidad esta pequeña maravilla ha sido Caballo de Troya, un proyecto loable por sí mismo, tanto por la calidad de su trabajo como por sus propósitos: dar voz a autores y autoras noveles (o relativamente poco conocidos) en lengua castellana. Gracias por vuestra decidida apuesta y vuestra valentía, bien sabemos lo que se arriesga al publicar un nuevo libro y lo que cuesta en términos de esfuerzo y dinero, y en el primer caso no ya solo para quien escribe, sino también para quienes trabajan como editores y editoras, y tantos otros y otras que están tras este largo proceso.

Quiero agradecer también a Álvaro Bermúdez Caballero, uno de los promotores de Rea Silvia, quien me abrió la puerta de su casa y con quien me une una bonita relación de amistad nacida del respeto y la admiración mutuas en el ámbito intelectual. Y quiero empezar con estos reconocimientos para recordar algo que siempre deberíamos tener muy presente: todos los que formamos parte del mundo de la cultura y nos dedicamos al estudio del ser humano sabemos que nuestros trabajos se basan en las deudas constantes que contraemos con todas las personas que pasan por nuestras vidas.

A veces esto ocurre de forma “indirecta” por inconsciente, por ejemplo a través de la lectura o el visionado de películas de autores y autoras que ya traspasaron, pero también del teatro, las charlas, las conferencias y, sin duda, la simple amistad y la complicidad. Otras veces ocurre de forma más directa y evidente, como ocurre con los maestros que van pasando por nuestras vidas y nos abren nuevos caminos con su magisterio. Vale la pena partir de estos presupuestos por una simple razón: Miguel Roán, autor de este “Maratón balcánico” es muy consciente de todo ello, tanto que nos lo hace saber de forma constante a lo largo de su obra, retejiendo el vasto y tupido tapiz de relaciones que están detrás de su comprensión y conocimiento de los Balcanes occidentales. Y lo pone a nuestra disposición de forma tan humilde como generosa.

Miguel Roán es un humanista en el más puro sentido de la palabra, y quien no sepa a qué me refiero al emplear este apelativo solo tiene que indagar de manera superficial en internet. Si lo hacen y además se deciden a leer “Maratón balcánico” entenderán hasta qué punto tengo razón, y también verán de forma clara y meridiana por qué tenemos tantos motivos para sumergirnos en este libro. Ya no solo estamos ante una guía muy personal a través de este hermoso rincón del continente europeo, sino también ante toda una reflexión acerca del modo en que nos aproximamos al ser humano y a las comunidades que conforma, sobre todo cuando estas son más o menos ajenas a nuestras propias coordenadas culturales.

Y, si se quiere, es también una declaración de intenciones, no ya quizás del mejor modo de realizar ese acercamiento, porque el autor en ningún momento expresa esa intención, pero sin duda sí de una posible vía o unas pautas eficaces para hacerlo. Con un estilo muy personal, familiar y sincero, Miguel Roán se enmarca en la mejor tradición de la literatura de viajes, y lo hace sin las pretensiones poético-metafóricas de autores extraordinarios como el polaco Andrzej Stasiuk en “De camino a Babadag” o el ucraniano Yuri Andrujovich en sus recorridos por la memoria del Oriente europeo en obras como “Mi Europa”. Ambos enfoques son legítimos, y no por diferentes dejan de ser parte de un género que, más allá de la mera descripción, siempre buscan dibujar la geografía humana y cultural de los lugares por los que pasan, imprimiendo en su fresco su visión de las cosas y partiendo de la necesaria honestidad del autor o la autora que reconoce los por qués de su cosmovisión.

Así pues, Miguel Roán hace las veces de cicerone en un prodigioso tour de forcé por los Balcanes occidentales, donde uno no puede evitar el recuerdo del papel del Marqués de Coustine en “El arca rusa”, la fantástica película del historiador-cineasta ruso Aleksandr Sokurov del año 2002. Y el paralelismo con este noble francés que escribió sobre Rusia en la primera mitad del siglo XIX es inevitable, por cuanto supone la visión de un extranjero acerca de un lugar exótico y plagado de tópicos a ojos de buena parte del público al que se dirigirá, como ocurre en el caso de los Balcanes.

Sin embargo, en lo referido a sensibilidad, empatía e inteligencia, Roán está en las antípodas del Marqués de Coustine, no ya tanto por la época en que cada uno escribe, ya que el paso del tiempo no es garantía de visiones más preclaras de la realidad, sino porque no hay ni rastro de condescendencia en sus descripciones y análisis de los paisajes en los que ha vivido durante los últimos diez años. De hecho, algo que es muy de agradecer en “Maratón balcánico” es la capacidad del autor para mantener intacta su capacidad de sorprenderse y apasionarse ante el mundo que nos descubre, sin que ello implique continuar abundando en el tan manido exotismo que ha caracterizado tantas y tantas miradas sobre los Balcanes occidentales.

Posiblemente, esto sea así porque la obra de Roán no solo es la descripción y el análisis “objetivo” –apelativo tan inalcanzable como indeseable– de su caminar por ese trozo de mundo, sino que además constituye un viaje de autodescubrimiento y una manera muy intimista de ajustar cuentas con su propia trayectoria personal. Y vale la pena decirlo porque en la literatura y en la historia la honestidad suelen ser prerrequisitos necesarios del éxito, y más todavía en la literatura de viajes de calidad. Así pues, aquí estamos ante un libro que también es autobiográfico, donde el autor no es ni quiere ser un mero observador y narrador de hechos y horizontes, sino que nos muestra cómo su vínculo con los Balcanes occidentales lo ha moldeado y transformado a él mismo de manera indeleble, algo que pone su obra a la altura de maravillas como “La pell de la frontera”, de Francesc Serés.

Maratón balcánico es, ante todo, un muy estimable ejercicio de humildad, que además sirve como base para construir un ambicioso relato y una mirada inteligente e inquieta. Y esto es de agradecer para alguien como yo que viene del mundo académico, pero también para cualquiera que vive en este mundo de competitividad y apariencias que impone el neoliberalismo, donde el reconocimiento de la vulnerabilidad, el miedo y la sensación de indefensión son vistos con desconfianza y desprecio. Asumir que el ser humano se encuentra expuesto a su entorno, que puede sufrir (y disfrutar) de la soledad y el aislamiento en mundos donde siempre será un extranjero es tanto más valioso cuando el que lo hace es un valiente como Miguel Roán, que sabe hasta qué punto hay que batirse el cobre cada día para aprender una lengua nueva y para encontrar un pequeño espacio donde sentirse cómodo en mundos que a veces nos pueden llegar a resultar tan ajenos. Cualquiera que haya vivido durante largo tiempo en el extranjero entenderá esto, el propio autor lo señala. Por eso el reconocimiento de las dudas, la impotencia o los temores ante lo desconocido que intentamos conocer es tan necesario y terapéutico en días como los de hoy, donde un libro como “Maratón balcánico” constituye un acto de militancia en sí mismo, tanto como lo pudo ser “Sometimes”, la preciosa canción de Pearl Jam donde Eddie Vedder reconocía desde sus mismas entrañas que:

Sometimes I know, sometimes I rise

Sometimes I fall, sometimes I don’t

Sometimes I cringe, sometimes I live

Sometimes I walk, sometimes I kneel

Sometimes I speak of nothing at all

Sometimes I reach to myself, dear God.

Y es que, como dice un famoso refrán serbio Sto vise znas vise i patis, que es como decir que comprender es sufrir. Roán ha comprendido el mundo que lo acogió y en el cual se coló a la fuerza, y ha necesitado su tiempo para ello, porque comprender cualquier cosa en esta vida lo requiere, y no poco. Y aún más, ha tenido la generosidad de compartir su conocimiento con nosotros desnudándose a sí mismo en el acto de acercarnos a ese rincón del orbe que tanto ama, que es su vida.

La conclusión más evidente que extraigo de las páginas bordadas línea a línea por Roán es que, con todas sus peculiaridades, los Balcanes occidentales no son tan distintos ni distantes, y es algo que nos consigue demostrar con un delicioso toque de cotidianeidad combinada con la excepcionalidad constante que siente el extranjero ante la realidad que busca hacer inteligible. Quien quiera saber más que coja la mano del autor, que no por honesta en cuanto a sus límites tiene el pulso menos firme, a partir de ahí solo queda dejarse llevar, llorar y reír cuando convenga, y viajar físicamente a los lugares de “Maratón balcánico” en cuanto se pueda. Vale mucho la pena, de verdad. Libros como éste son dignos de celebrar, y yo qué queréis que os diga, lo haré con un vaso de rakija a vuestra salud y a la de Miguel Roán. Al final, y a pesar del dolor, éste se mezcla con la alegría, al más puro estilo balcánico, y sin caer en el tópico, dejando una puerta abierta de par en par a la esperanza por donde se cuela un aire puro y fresco que vale la pena respirar.

Gracias Miguel. Gracias por tu franqueza.

Miguel Roán, nacido en Vigo en 1981, es uno de nuestros balcanistas más importantes después de vivir durante más de diez años en contacto constante con la realidad de la región. Formado en Derecho y Ciencias Políticas en la UAM, pronto se sumergió en los Balcanes gracias a diferentes trabajos y becas. Si algo caracteriza a Roán es su espíritu extremadamente polifacético, algo que trasluce en la calidad de su obra. Además de su trabajo como docente en diferentes iniciativas e instituciones es editor de Balkania (balkania.es), una joven e interesante revista dedicada al estudio y conocimiento de los Balcanes y espacio de encuentro para balcanistas de diferentes latitudes. Al mismo tiempo, combina estos trabajos con los de traductor y periodista para diferentes medios españoles de alcance estatal.

Publicado por

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.