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	<title>rebelion-alpujarra Archivos - Rea Silvia</title>
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		<title>Las consecuencias de la guerra, el destino de los moriscos</title>
		<link>https://reasilvia.com/2018/11/consecuencias-rebelion-alpujarras-moriscos/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 26 Nov 2018 08:12:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[rebelion-alpujarra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El fin de la guerra en Granada no acabó con los conflictos, la esclavitud morisca, su inmediata deportación y la expulsión final fueron las más duras consecuencias</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2018/11/consecuencias-rebelion-alpujarras-moriscos/">Las consecuencias de la guerra, el destino de los moriscos</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">La guerra siempre trae terribles consecuencias. La destrucción personal que deja a su paso genera <strong>heridas de difícil cicatrización</strong> entre los supervivientes. Aunque lo peor suele pasar cuando se firma el tratado de paz o se da por terminada por otros medios, para muchos la guerra nunca acaba y, en ocasiones, la nueva sociedad de posguerra se organiza en torno a esa realidad, establecida en una especie limbo a la espera de superar los horrores dejados por la contienda.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En 1571, en Granada, la guerra civil entre súbditos moriscos y la Monarquía Hispánica se dio por terminada. Los rebeldes que querían forjar un estado musulmán (y que de facto lo hicieron, en cuanto a ellos concernía sus territorios estaban gobernados por su rey) habían sido derrotados o se habían refugiado en lo más recóndito de las serranías. Una situación que ya explicamos en los artículos <a rel="noreferrer noopener" aria-label="En 1571, en Granada, la guerra civil entre súbditos moriscos y la Monarquía Hispánica se dio por terminada. Los rebeldes que querían forjar un estado musulmán (y que de facto lo hicieron, en cuanto a ellos concernía sus territorios estaban gobernados por su rey) habían sido derrotados o se habían refugiado en lo más recóndito de las serranías. Una situación que ya explicamos en los artículos III y IV; para estos moriscos, las cuadrillas cristianas y para los cristianos supervivientes y los repobladores la guerra no había acabado. Al contrario, se alargó durante décadas. (abre en una nueva pestaña)" href="https://reasilvia.com/2018/09/la-guerra-de-granada-ii-1569-1571/" target="_blank">III</a> y <a href="https://reasilvia.com/2018/10/ejercitos-guerra-granada/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="En 1571, en Granada, la guerra civil entre súbditos moriscos y la Monarquía Hispánica se dio por terminada. Los rebeldes que querían forjar un estado musulmán (y que de facto lo hicieron, en cuanto a ellos concernía sus territorios estaban gobernados por su rey) habían sido derrotados o se habían refugiado en lo más recóndito de las serranías. Una situación que ya explicamos en los artículos III y IV; para estos moriscos, las cuadrillas cristianas y para los cristianos supervivientes y los repobladores la guerra no había acabado. Al contrario, se alargó durante décadas. (abre en una nueva pestaña)">IV</a>; para estos moriscos, las cuadrillas cristianas y para los cristianos supervivientes y los repobladores <strong>la guerra no había acabado</strong>. Al contrario, se alargó durante décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ya hemos visto en anteriores artículos de <a href="https://reasilvia.com/rebelion-alpujarra/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="Ya hemos visto en anteriores artículos de esta serie cómo el conflicto armado continuó, a menor escala pero con mayor crueldad, y cómo parte los cristianoviejos organizó una sociedad martirial al son del tridentismo y entorno a las heridas de la guerra. En el presente artículo vamos a tratar algunas de las consecuencias más importantes y que más se extendieron en el tiempo: ¿Qué ocurrió con los moriscos? (abre en una nueva pestaña)">esta serie</a> cómo el conflicto armado continuó, a menor escala pero con mayor crueldad, y cómo parte los cristianoviejos organizó una sociedad martirial al son del tridentismo y entorno a las heridas de la guerra. En el presente artículo vamos a tratar <strong>algunas de las consecuencias más importantes</strong> y que más se extendieron en el tiempo: ¿Qué ocurrió con los moriscos?</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="esclavitud">Esclavitud</h2>



<p class="wp-block-paragraph">En varios artículos ya hemos tocado someramente el tema de <strong>la esclavitud de los moriscos</strong>, que fue la primera gran consecuencia que dejó el levantamiento. Desde que se produjeron los primeros enfrentamientos armados ambos bandos ya tomaron rehenes. Los que acababan presos del bando morisco solían ser martirizados (especialmente si había presencia de radicales o monfíes que, dado el peso que tuvieron en la rebelión, era habitual), mientras que los del bando cristiano, aparte de humillaciones, palizas, violaciones y asesinatos, acabaron en gran medida en los mercados de las grandes ciudades para ser vendidos como esclavos. Murcia y Almería fueron las primeras ciudades en acoger este incipiente y lucrativo mercado, que pronto se extendió a los importantes mercados de Sevilla y Valencia.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Felipe II</strong> permitió la esclavitud de los moriscos en enero de 1569, casi al mismo tiempo que se tomaron los primeros esclavos. No era sencillo porque los moriscos estaban bautizados y era ilegal hacerlo con <em>hijos de Dios</em>. La laguna teológica que se encontró (o práctica) fue que <em>realmente</em> no eran cristianos (debemos insistir en que <strong>algunos sí eran cristianos</strong>), aunque estuviesen bautizados. Sólo se salvaron de la esclavitud los niños menores de diez años y medio y las niñas menores de nueve años y medio, y los moriscos tomados al margen de las acciones de guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Eran muchos los niños moriscos esclavizados ilegalmente? Si tomamos como referencia el mercado de Córdoba, estudiado por <strong>Aranda Doncel</strong>, se ve cómo de un total de 326 esclavos, 35 de ellos eran niños prohibidos, el 11%. Aunque debido a la ilegalidad de estas transacciones mediante una compraventa encubierta quizás&nbsp;<strong>se trate de un número menor al real</strong>. De todos modos, los más interesantes para el mercado fueron los que estaban entre los 10 y los 30 años. A estos era legal esclavizarlos y presentaban mucho presente y futuro para trabajar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se calcula que fueron esclavizados entre 25.000 y 30.000 moriscos durante el transcurso de la guerra y los meses siguientes a su cierre. Cuántos de estos fueron en realidad tomados fuera de acciones de guerra es algo <strong>difícil</strong>, cuando no imposible, <strong>de conocer</strong>. Mentir acerca de la procedencia de un esclavo o de su edad resultaba sencillo, y hacer la vista gorda para comerciar con ellos era atractivo. ¿Cómo iba nadie a demostrar que fue hecho preso en un saqueo indiscriminado en vez de en una batalla, sin sus pertenencias personales y lejos de un hogar que podía haber sido quemado hasta los cimientos?</p>



<p class="wp-block-paragraph">El destino de estos esclavos fue diverso y no siempre nefasto. Como ya se señaló, las leyes que la monarquía emitió sobre la esclavitud de los moriscos dieron un marco legal para la liberación de los que habían sido esclavizados ilegalmente. Y tras la vuelta a la paz, un número importante de moriscos recobró su libertad, aunque <strong>no todos podían demostrar estas injusticias</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Contrariamente, los niños no tuvieron tanta suerte a pesar de la insistencia de Felipe II en los meses y años siguientes a 1569 de liberarlos. Muchos de ellos eran huérfanos sin futuro alguno por delante, y aunque a muchos les fue devuelta la libertad, <strong>acabaron en una especie de servidumbre o semiesclavitud legal</strong>: debían realizar, hasta los 20 años, un servicio doméstico a cambio de comida y cama y debían recibir una educación cristiana. Aunque oficialmente no lo era, supuso una esclavitud temporal acompañada de una aculturación forzada. El resto de moriscos contaba con los resortes legales de la pragmática de Felipe II, además de fórmulas de manumisión por servicios especiales o cantidades específicas de dinero.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="la-deportaci-n-de-los-moriscos-granadinos">Deportación</h2>



<p class="wp-block-paragraph">A finales de enero de 1569, <strong>Pedro de Deza</strong> puso sobre la mesa la deportación de los moriscos albaicineros (que se habían opuesto a unirse a la rebelión) a otras zonas granadinas para asegurar la paz en la capital. En verano de ese mismo año se puso a prueba la medida, aunque sin deportarlos a todos. Desde ese momento se realizaron deportaciones parciales en diferentes puntos. La intención de esta política fue la de <strong>asegurar la retaguardia</strong> de los ejércitos reales, y quitar el recurso de ayuda a los alzados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero la medida no quedó como algo circunstancial o temporal. En 1570 se tenía muy claro en la cúpula de poder de la Monarquía Hispánica que el futuro de los moriscos pasaba por <strong>deportarlos de Granada</strong> a otros puntos de Castilla, y a finales de ese mismo año todo estuvo preparado para realizar una deportación en masa. Columnas de 1.500 moriscos recorrieron los caminos castellanos vigilados por cerca de 200 soldados cada una. Durante los meses de noviembre y diciembre realizaron su éxodo con el frío del invierno a las puertas. Su destino eran ciudades receptoras que más tarde los distribuirían escalonadamente para reducir sus comunidades al mínimo. El objetivo: cortar sus lazos y distribuirlos entre cristianos para borrar su cultura morisca.</p>



<figure class="wp-block-image"><img fetchpriority="high" decoding="async" width="1024" height="896" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-deportaciones-1024x896.jpg" alt="" class="wp-image-4917" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-deportaciones-1024x896.jpg 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-deportaciones-300x263.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-deportaciones-768x672.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-deportaciones.jpg 1612w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Deportaciones de los moriscos granadinos &#8211; Manuel Fernández y González (1859)</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Tras esta gran deportación se llevaron a cabo otras de moriscos que habían conseguido esconderse o volver a su tierra y de monfíes capturados por las cuadrillas. Se ha calculado en torno a 80.000 el total de moriscos repartidos durante las tres fases de la deportación. De este total, <strong>del 20 al 30% murieron en el camino</strong>. Las causas de esta mortandad las encontramos en un invierno especialmente duro, la escasez de alimentos y la extensión del tifus.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El recibimiento en sus nuevos hogares no fue amistoso. A los ojos de sus nuevos vecinos eran infieles, culpables de la guerra granadina y, por ende, de la subida de impuestos y del alistamiento en el ejército de vecinos, amigos y parientes que habían muerto. La enfermedad con la que muchos llegaron empeoró aún más las cosas. <strong>Muchas villas trataron de deshacerse de ellos</strong>, lo cual era un problema para las ciudades redistribuidoras, que se quedaban con más moriscos de los que el plan estipulaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque la idea de esta deportación era la de minimizar las comunidades moriscas para romper los lazos entre ellos y acabar con el problema, no siempre se consiguió, y hubo varias ciudades con <strong>nuevos barrios moriscos más grandes de lo planeado</strong>, como Sevilla o Écija. Cuanta más fuerza como grupo tuvieran, más temidos serían y, por tanto, menos eficaz la deportación. El plan diseñado por Deza y sus aliados políticos, de hecho, más que acabar con la frontera interior entre moriscos y cristianos, la repartió por diferentes puntos de Castilla, y la reavivó en lugares donde llevaba mucho tiempo olvidada.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="tensiones-convivencia-y-expulsi-n">Tensiones, convivencia y expulsión</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las deportaciones de los moriscos granadinos transmitieron los problemas que habían existido en Granada por buena parte de la geografía castellana, al mismo tiempo que aumentó la vigilancia sobre la corona de Aragón, único punto de la monarquía donde los moriscos <strong>aún estaban enormemente concentrados</strong>. A pesar de esto, las zonas más problemáticas fueron aquellas donde hubo moriscos deportados. El odio que ambos bandos habían desarrollado durante la guerra en Castilla era mayor que los recelos que existían en Aragón. El problema de los moriscos aragoneses es que contactaron con el norte de África y con los hugonotes franceses, y el miedo de los cristianos se basaba en una posible alianza de todos los enemigos de la monarquía, más que ante la posibilidad, relativamente desmentida, de una quinta columna turca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los movimientos tras las deportaciones fueron constantes: de familias en busca de los familiares de los que habían sido separados, de moriscos desesperados por volver a su tierra natal o de grupos e incluso barrios enteros tratando de huir al norte de África. Ambos bandos eran más conscientes que nunca de la frontera interior, y <strong>todos eran sospechosos</strong>: los cristianos de delatores y los moriscos de conspiradores. También se extendieron las profecías sobre el derrumbe cristiano y sobre la vuelta del poder musulmán. El propio Pedro de Deza escuchó y dio voz a algunas de estas profecías en el seno de la corte castellana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El bandolerismo morisco aumentó desde el término del conflicto y se extendió a <strong>diferentes partes de la geografía castellana</strong> durante las siguientes décadas. Media Andalucía estuvo ocupada militarmente con la red de presidios durante una década, y otras partes de la geografía se vieron envueltas en asaltos, asesinatos y secuestros. En Aragón el bandidaje siempre había existido, al igual que en Granada, y durante estas décadas siguió siendo un problema de importancia. Pero el mayor problema aragonés fue siempre el contacto real con los protestantes de Bearne (región del Pirineo francés).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las conspiraciones no sólo eran imaginaciones de los cristianos. En 1580, en Sevilla se desbarató un complot, en el que estuvieron implicadas otras ciudades del valle del Guadalquivir, para cruzar el Mediterráneo hacia el norte de África. La ciudad andaluza era la que más moriscos tenía de toda Castilla y el clima era especialmente tenso. Era un destino atractivo que ofrecía muchas oportunidades a los moriscos, por contar con una importante comunidad morisca y por ser puerto internacional. Pero su alto número de moriscos se debió a que las redistribuciones desde Sevilla no se llevaron a cabo o se hicieron mal, anulando los efectos pretendidos. En cualquier caso, la conspiración generó miedo en Sevilla y toda Andalucía a pesar de ser descubierta, y la tranquilidad tardó unos años en recuperarse del todo, pero <strong>se recuperó</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de la siguiente década se evidenció un proceso de adaptación que venía gestándose al menos desde 1580: al igual que muchos moriscos se oponían a aceptar las normas impuestas, otros optaron por el pragmatismo, y otros tantos se vieron inmersos en una vida totalmente cristiana. Un caso evidente de lo último es el de los niños moriscos esclavizados. A menudo estos niños pasaban su infancia y su adolescencia en el seno de una familia cristiana, como siervos, criados o incluso como parte de la familia. Recibían una educación católica, su entorno era católico y sus costumbres, con los años, se hicieron también católicas. Cuando a los 20 años eran liberados de su servidumbre tutelar habían pasado al menos <strong>diez años de su vida bebiendo de esta cultura</strong>. Así, durante la década de 1580, una parte importante de esta generación estaba más acostumbrada al modo de vida cristiano que al morisco, y la mayor parte de la gente con la que se relacionaba era cristiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Junto con los niños moriscos, hubo familias que por voluntad propia reconstruyeron sus vidas en sus nuevos destinos, de los que acabaron haciendo su hogar y donde <strong>vivieron totalmente adaptados</strong> a las normas establecidas. En la propia Sevilla hay evidencias, ya en 1580, de familias almerienses que habían construido su vida desde cero, tenían sus negocios y vivían en total normalidad. Todavía contaban con un fuerte carácter de grupo: tendían a vivir cerca y las políticas matrimoniales eran endogámicas. De estas familias salieron pater familias acaudalados que se hicieron con un hueco importante en la sociedad sevillana morisca, guiando a otros moriscos en los pleitos por la reparación de los bienes perdidos o por distintos altercados con los cristianoviejos. Incluso se conoce el caso de un morisco que <strong>logró embarcarse hacia América</strong>, con lo que esto implicaba para unas autoridades obsesionadas con la limpieza de sangre. Una situación parecida existió en la Sierra Morena sevillana y onubense, donde en diferentes localidades se encuentran evidencias de familias moriscas granadinas que invirtieron su dinero en bienes muebles e inmuebles, demostrando un gran interés por asentarse y ganarse la vida siendo vecinos de cristianos viejos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Écija sucedió algo parecido a Sevilla. La ciudad astigitana ofrecía otro tipo de oportunidades a los moriscos que allí habitaron. Los que se trasladaron después de las deportaciones provenían en su mayoría de Málaga, y Écija es un cruce de caminos muy cercano a su lugar de origen. Acudieron familias a reconstruir su vida fuera de su antiguo hogar, pero a la vez cerca. Además, la mayoría de los moriscos que llegaron vivieron con familias cristianas a pesar de no ser esclavos, y la adquisición de elementos culturales cristianos debió ser inevitable, o al menos la <strong>normalización de la convivencia</strong>. Para la década de 1580 ya había más de 1.000 moriscos viviendo en Écija, la vida para los vencidos en esta ciudad debía ser lo suficientemente buena como para que tantos se trasladaran allí.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Granada también hay claras evidencias de permanencia de <strong>moriscos perfectamente integrados en la sociedad cristiana</strong>. En este caso, <strong>Soria Mesa</strong> ha estudiado a las élites nobiliarias existentes desde siglos atrás y su integración en la nueva sociedad [en &#8216;Los moriscos que se quedaron. La permanencia de la población de origen islámico en la España Moderna (Reino de Granada, siglos XVII-XVIII)&#8217;]. Seguían siendo los intermediarios entre los cristianos y los moriscos, al igual que (a menor escala) las familias almerienses vistas anteriormente. Estas élites granadinas seguían ostentando cargos importantes en la administración incluso tras el decreto de la expulsión general. Claro es el caso de <strong>Miguel de Cazorla</strong>, morisco perteneciente a la élite granadina. Era jurado en Granada y fue condenado por la Inquisición en 1609 por islamizar. Sin embargo, continuó ejerciendo su cargo al menos hasta 1612.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras la guerra en Castilla existieron diferentes formas de afrontar la nueva realidad, al igual que durante el conflicto hubo radicales, moderados y moriscos de paz que incluso ya eran cristianos. Es importante tener en consideración la idea de que a pesar de las deportaciones, las uniones a los monfíes o huidas al norte de África, <strong>existió un marco de convivencia</strong>. Esto no quita que las relaciones todavía estuvieran marcadas por la dicotomía social de vencedores y vencidos, pero buena parte de estas eran pacíficas y tendían a la integración.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a todo, también desde estos años, se hizo habitual pensar en soluciones a un problema que iba menguando, aunque tampoco dejó de existir. La idea de la expulsión estuvo firmada por arbitristas (del arbitrismo) y se hizo habitual en la corte y los consejos. También se sopesaron otras medidas, como la creación de guetos y la extinción paulatina de la minoría. El bandolerismo prácticamente acabó a finales del siglo XVI, y el peligro de las grandes conspiraciones había pasado. A pesar de todo, en la corte, <strong>muchos no estaban del todo satisfechos</strong>, especialmente por la gran concentración de moriscos en la corona de Aragón. Finalmente, la idea de expulsarlos a todos de la monarquía ganó terreno en la primera década del siglo XVII.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La expulsión general, como todo este proceso, tuvo enormes claroscuros. Fue un verdadero drama, como lo fue toda la segunda mitad del siglo XVI o la expulsión de los <a href="https://reasilvia.com/2018/09/judios-inquisicion-reyes-catolicos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="La expulsión general, como todo este proceso, tuvo enormes claroscuros. Fue un verdadero drama, como lo fue toda la segunda mitad del siglo XVI o la expulsión de los judíos en época de los Reyes Católicos. Miles de familias que vestían como cristianos y hablaban castellano y aragonés partieron en un éxodo repleto de dolor que demostró lo apegados que estaban a sus hogares, así como la falta de entendimiento con parte de la cúpula cristiana. (abre en una nueva pestaña)">judío</a>s en época de los Reyes Católicos. Miles de familias que <strong>vestían como cristianos y hablaban castellano y aragonés</strong> partieron en un éxodo repleto de dolor que demostró lo apegados que estaban a sus hogares, así como la falta de entendimiento con parte de la cúpula cristiana.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="1024" height="772" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-carducho-1024x772.jpg" alt="La expulsión de los moriscos - Vicente Carducho" class="wp-image-4914" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-carducho-1024x772.jpg 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-carducho-300x226.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-carducho-768x579.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-carducho.jpg 1920w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption><br>La expulsión de los moriscos &#8211; Vicente Carducho</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La expulsión aceleró la estabilidad social que estaba en marcha, a costa de <strong>perder un importante recurso demográfico y económico</strong>: en Sevilla muchos moriscos trabajaban en el puerto y su salida fue un duro golpe para el bienestar económico de la ciudad; en Valencia también se dejó notar económicamente la ausencia morisca, aunque hubo planes repobladores que amortiguaron el efecto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No sólo en materia económica la expulsión supuso pérdidas para la Monarquía Hispánica. España se resintió en el plano cultural, algo a lo que, para ser justos, no se le daba la importancia en el 1600 que nosotros le damos. Pero <strong>esa riqueza cultural no desapareció</strong>. Hubo moriscos que se refugiaron con los gitanos, donde fueron aceptados y donde dejaron su sello en el flamenco. Hubo moriscos que acabaron en África, donde no pocos fueron recibidos con palizas y saqueos, ya que a ojos de muchos norteafricanos, aquellas gentes eran cristianas o, sencillamente, un botín fácil de conseguir. Las crisis humanitarias siempre atraen a los actores de peor moralidad.</p>



<figure class="wp-block-image"><img decoding="async" width="1024" height="660" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-llegada-1024x660.jpg" alt="" class="wp-image-4923" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-llegada-1024x660.jpg 1024w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-llegada-300x194.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-llegada-768x495.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/alpujarras-consecuencias-llegada.jpg 1200w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px" /><figcaption>Desembarco de los moriscos en Orán (se puede apreciar asaltos a los recién llegados)- Vicente Mostre</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de todo un buen número de moriscos consiguió comenzar <strong>una nueva vida al otro lado del Mediterráneo</strong>. Ciudades como Tetuán tuvieron una importante presencia andalusí y morisca, la música de Granada todavía se puede rastrear en lo <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Q7j8OHAM1fc" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="A pesar de todo un buen número de moriscos consiguió comenzar una nueva vida al otro lado del Mediterráneo. Ciudades como Tetuán tuvieron una importante presencia andalusí y morisca, la música de Granada todavía se puede rastrear en lo gharnati de Argelia y la Biblioteca Andalusí de Tombuctú es una fuente de conocimiento del pasado morisco y andalusí. También quedó cultura enterrada en España, como versos en aljamía ocultos en paredes antes de la expulsión que se descubrieron siglos después, a los que se les ha dado vida con música. (abre en una nueva pestaña)">gharnati</a> de Argelia y la <a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=2784" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="A pesar de todo un buen número de moriscos consiguió comenzar una nueva vida al otro lado del Mediterráneo. Ciudades como Tetuán tuvieron una importante presencia andalusí y morisca, la música de Granada todavía se puede rastrear en lo gharnati de Argelia y la Biblioteca Andalusí de Tombuctú es una fuente de conocimiento del pasado morisco y andalusí. También quedó cultura enterrada en España, como versos en aljamía ocultos en paredes antes de la expulsión que se descubrieron siglos después, a los que se les ha dado vida con música. (abre en una nueva pestaña)">Biblioteca Andalusí de Tombuctú</a> es una fuente de conocimiento del pasado morisco y andalusí. También quedó cultura enterrada en España, como versos en aljamía ocultos en paredes antes de la expulsión que se descubrieron siglos después, a los que se les ha dado vida con <a href="https://www.youtube.com/watch?v=jNfV1M6_6bs" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="A pesar de todo un buen número de moriscos consiguió comenzar una nueva vida al otro lado del Mediterráneo. Ciudades como Tetuán tuvieron una importante presencia andalusí y morisca, la música de Granada todavía se puede rastrear en lo gharnati de Argelia y la Biblioteca Andalusí de Tombuctú es una fuente de conocimiento del pasado morisco y andalusí. También quedó cultura enterrada en España, como versos en aljamía ocultos en paredes antes de la expulsión que se descubrieron siglos después, a los que se les ha dado vida con música. (abre en una nueva pestaña)">música</a>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y también quedaron personas. Recientemente se ha descubierto que <strong>una cantidad nada desdeñable de moriscos quedó en la península</strong>. Continuaron su vida como la habían llevado hasta ese momento, desarrollaron su actividad profesional y continuaron sus linajes a lo largo de los siglos demostrando que, al menos para algunos, la integración fue posible. La guerra, después de tanto tiempo, había terminado.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="bibliograf-a">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">–ANTONIO MANUEL:&nbsp;<em>La huella morisca</em>, Almuzara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–ARANDA DONCEL, J.: Los moriscos en tierras de Córdoba, Publicaciones del Monte de Piedad y Caja de Ahorros de Córdoba, Córdoba, 1984.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.:&nbsp;<em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.:&nbsp;<em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CARRASCO, R.: Peril otteman et solidarite morisque (la tentative de soulevemente des morisques des annes 1577-1587), Revue d’histoire maghrebine 15-16 (1982).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.:&nbsp;<em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHÁVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: En los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla, Universitat de València, Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2009.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “La guerra de Granada entre guerra civil y “guerra justa””, en LÓPEZ-GUADALUPE, M.L. &amp; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (coords.): Realidades Conflictivas. Andalucía y América en la España del Barroco, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los moriscos de las sierras de Constantina y Aroche a través de sus bienes. Los casos de Constantina, El Pedroso y Castilblanco”, Archivo Hispalense 282-284 (2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Reconstrucción de familias y redes sociales en el seno de la comunidad morisca sevillana. Las familias Valenciano, Montano y Marín.” Historia y genealogía 2 (2012).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Notas sobre la destrucción de las comunidades moriscas malagueñas y su reconstrucción en la campiña sevillana, 1569-1610”, Áreas 30 (2011).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRAD, K.: “La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las alpujarras (1568-1571)”,&nbsp;<em>Miscelánea de estudios árabes y hebraicos</em>&nbsp;5 (1956).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRIDO GARCÍA, C.J.: “Entre el colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos 63 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GONZÁLEZ PRIETO, F. &amp; RODRÍGUEZ, A.J.: “Miranda en Granada. El apercibimiento para las Alpujarras de 1569-1570”, Estudios Mirandeses 28 (2008).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C.: “The Battle of Lepanto and Its Place in Mediterranean History”,&nbsp;<em>Past &amp; Present</em>&nbsp;57 (2011)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain”,&nbsp;<em>The American</em>&nbsp;<em>Historical Review&nbsp;</em>74 (1968)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HURTADO DE MENDOZA, D.: Guerra de Granada, Real Consejo, Valencia, 1776.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–JIMÉNEZ ESTRELLA, A.: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La Capitanía General del reino de Granada y sus agentes, Universidad de Granada, Granada, 2004.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.:&nbsp;<em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MARTÍNEZ MILLÁN, J.: “En busca de la ortodoxia: el inquisidor general Diego de Espinosa” en MARTÍNEZ MILLÁN, J. (dir.): La corte de Felipe II, Alianza Editorial, Madrid, 1994.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MARTÍNEZ MILLÁN, J.: “Grupos de poder en la Corte durante el reinado de Felipe II: la Facción Ebolista, 1554-1573” en MARTÍNEZ MILLÁN, J. (coord.): Instituciones y élites de poder en la monarquía hispana durante el siglo XVI, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1992.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MESA GALLEGO, E.: “Los tercios en combate. Organización y tácticas de los ejércitos de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI”, Desperta Ferro Especiales V, 2014.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–PARKER, G.:&nbsp;<em>España y la rebelión de Flandes</em>, Nerea, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–REGLÁ, J.: “La cuestión morisca y la coyuntura internacional en tiempos de Felipe II”,&nbsp;<em>Estudios de</em>&nbsp;<em>Historia Moderna&nbsp;</em>3 (1953).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, A.J.: “El reclutamiento en el siglo XVI”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014), pp. 28-29. 152 MESA GALLEGO, E.: “El regreso de las legiones”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V:&nbsp;<em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.):&nbsp;<em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SORIA MESA, E.: “Los moriscos que se quedaron. La permanencia de la población de origen islámico en la España Moderna (Reino de Granada, siglos XVII-XVIII)”, Vínculos de Historia 1 (2012).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SORIA MESA, E.: “Una gran familia. Las élites moriscas del reino de Granada”, Estudis 35 (2009.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SPIVAKOVSKY, E: “Un episodio de la Guerra contra los moriscos: la pérdida del Gobierno de la Alhambra por el V Conde de Tendilla”, Hispania 118 (1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em>&nbsp;Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)”&nbsp;<em>Estudios sobre el mundo</em>&nbsp;<em>árabe e islámico contemporáneo&nbsp;</em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>El Río Morisco,</em>&nbsp;Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>Divisiones en el mando: Juegos de poder en la rebelión de las Alpujarras</title>
		<link>https://reasilvia.com/2018/11/rebelion-alpujarra-intrigas-corte/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 19 Nov 2018 09:37:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[rebelion-alpujarra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los equilibrios de poder interno en ambos bandos fueron un factor esencial para entender el desarrollo del conflicto</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">A lo largo de los diferentes artículos de esta serie hemos visto cómo las divisiones internas en ambos bandos fueron cruciales para el desarrollo del conflicto. La influencia que tuvieron estas divisiones se cristalizó en lo militar y en lo diplomático: los desacuerdos entre los dirigentes cristianos a veces oxigenaban al ejército morisco, como fue el caso de los eternos campamentos de Luis Fajardo en Adra y La Calahorra, y otras hacían imposible el entendimiento hacia la paz, lo que fue evidente tanto en el primer levantamiento como al final de la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El objetivo de este artículo es indagar en la naturaleza de estas divisiones, comprender cómo llegaron las disputas de la corte a Granada y al bando morisco para así <strong>entender su alcance en el conflicto</strong>. Es importante entenderlo porque, como decíamos, fue un elemento clave para el desarrollo de la guerra, tanto que, como vimos en &#8216;<a href="https://reasilvia.com/2018/09/la-guerra-de-granada-ii-1569-1571/" target="_blank" rel="noreferrer noopener" aria-label="El objetivo de este artículo es indagar en la naturaleza de estas divisiones, comprender cómo llegaron las disputas de la corte a Granada y al bando morisco para así entender su alcance en el conflicto. Es importante entenderlo porque, como decíamos, fue un elemento clave para el desarrollo de la guerra, tanto que, como vimos en 'La guerra de Granada (II), 1569-1571', una vez la Monarquía Hispánica consiguió unidad de dirección, ganó la guerra convencional. (abre en una nueva pestaña)">La guerra de Granada (II), 1569-1571</a>&#8216;, una vez la Monarquía Hispánica consiguió unidad de dirección, ganó la guerra convencional.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="juego-de-poder-y-tridentismo-pol-tico">Juegos de poder y tridentismo político</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El cambio de rey con la llegada de <strong>Felipe II</strong> al trono de la Monarquía Hispánica trajo varios cambios, y algunos de ellos afectaron severamente a los equilibrios de las facciones cortesanas. En las décadas de 1550 y 1560 había un claro partido dominador, el llamado «partido» ebolista, cuya fuerza residía en gran parte en la íntima amistad de la <strong>Princesa de Éboli</strong> (una de las más poderosas de la facción) con <strong>Isabel de Valois</strong>, mujer de Felipe II. Su predominio casi indiscutido trajo a la sombra del partido diferentes casas nobiliarias, como los Mendoza o los Fajardo, y su política giró en torno al pactismo y a cierta transigencia.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="250" height="342" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa.jpg" alt="" class="wp-image-4577" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa.jpg 250w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa-219x300.jpg 219w" sizes="auto, (max-width: 250px) 100vw, 250px" /><figcaption>Diego de Espinosa</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Pero hubo varios factores que cambiaron la balanza del poder alrededor de Felipe II. El Concilio de Trento, que terminó en 1563, entendía poco de transigencia religiosa y, mientras se celebraba, en Castilla ascendía <strong>Diego de Espinosa</strong>, futuro presidente del Consejo de Castilla, Inquisidor General y consejero cercano de Felipe II. Su ascenso no queda claro, aunque parece que usó el poder que le confirió el partido ebolista como trampolín político para <strong>sus propios intereses</strong>. En la década central de la centuria forjó una red clientelar de prelados y corregidores, y en 1560 se había convertido en un gran patrón con agentes por los diferentes territorios de la monarquía. Para dar el gran salto en política sólo necesitaba que llegara el final del Concilio de Trento y el probable alineamiento de Felipe II con sus preceptos. A finales de 1563, su plan se había consumado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, Espinosa se había acercado a diferentes individuos de la corte más cercanos a su manera de entender la política, como <strong>Luis de Requesens</strong> y el <strong>duque de Alba</strong>. Espinosa fue un verdadero torbellino político al que se acercaron elementos que no coincidían con las ideas ebolistas o que simplemente buscaban más poder. Había llegado a Granada con <strong>Pedro de Deza</strong>, y allí él y sus agentes (letrados) se opusieron con fuerza a los Mendoza, que habían controlado Granada hasta entonces. En este juego cortesano, Fajardo cambió de bando. Su linaje había pasado toda la centuria tratando de entrar en Granada, y el freno que siempre se había encontrado era el de los Mendoza, que se mantuvieron en la órbita ebolista.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Empezado el conflicto, los <em>halcones</em> (como llamaron al partido de Espinosa y Alba) dominaban la dirección del mismo, a pesar de que el Consejo de Guerra era territorio ebolista con <strong>Juan de Austria</strong> a la cabeza. En estos momentos el Consejo de Castilla y la Chancillería de Granada pudieron más que las instituciones controladas por las <em>palomas</em> (como se conocía a los ebolistas). Desgraciadamente para Espinosa y Deza, el triunfo nunca es eterno, y en esta ocasión les duró poco por la llegada, en la primavera de 1569, de Juan de Austria a Granada. Con el hermanastro del rey <strong>las diferencias llegaron al seno de la dirección</strong> de la guerra granadina, aunque Deza esperó al primer traspié de Juan de Austria para atacar, lo que sucedió un año más tarde.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1920" height="1604" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/rebelion-alpujarra-corte.jpg" alt="rebelion alpujarra corte" class="wp-image-4894" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/rebelion-alpujarra-corte.jpg 1920w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/rebelion-alpujarra-corte-300x251.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/rebelion-alpujarra-corte-768x642.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/11/rebelion-alpujarra-corte-1024x855.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><figcaption>&#8216;Felipe II presidiendo un auto de fe&#8217; nos puede servir para imaginar a diferentes actores «revoloteando» alrededor del monarca &#8211; Domingo Valdivieso y Henarejos</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, a principios de 1569, las divisiones y las diferentes formas de encarar el conflicto ya habían conseguido que el conflicto empeorase. Mientras Mendoza intentaba buscar una rendición pactada de los moriscos, los desmanes de las tropas de ambos bandos mellaron la confianza mutua en una salida diplomática de la guerra. Además de la violencia, que en ambos bandos hubiera secciones importantes que no querían la paz fue clave para que no se llegara a un acuerdo y lo que era una rebelión limitada, <strong>se alargó como una guerra</strong> que duró varios años.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="260" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg" alt="guerra de granada juan de austria" class="wp-image-4579" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg 260w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 260px) 100vw, 260px" /><figcaption>Juan de Austria</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">La suerte dejó de sonreír a Deza y Espinosa, quienes perdieron poder e influencia en la década de 1570. Sin embargo, los <em>halcones</em> continuaron siendo un <strong>partido cortesano muy fuerte</strong> con el duque de Alba como gran actor en diferentes escenarios. El tridentismo había triunfado, y Fernando Álvarez de Toledo (Alba) había ganado buena fama de gobernador tenaz al son de los preceptos tridentinos. A pesar de todo, la caída de Deza y Espinosa no dio rienda suelta a los ebolistas en Granada, como ya se dijo, los hombres del Chanciller depuraron en cuanto tuvieron ocasión a los pocos agentes que le quedaron a Juan de Austria en la ciudad granadina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las consecuencias de las disputas cortesanas llegaron a Granada antes y después del conflicto, aunque la existencia de una guerra hizo que el proceso se acelerara, llegando incluso a los generales principales. Las disputas entre Mendoza y Fajardo se remontaban a sus antepasados y poco tenían que ver con los partidos cortesanos o la guerra, pero la existencia de este contexto en la corte ofreció un <strong>marco excepcional</strong> a ciertos individuos ascender en el plano político. Sin duda, Fajardo, Espinosa o Deza lo entendieron así.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="linajes-moriscos-y-extremismo-monf-">Linajes moriscos y extremismo monfí</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Los moriscos que se rebelaron durante las navidades sangrientas necesitaban líderes en torno a los que agruparse si querían tener éxito. En la comunidad morisca alpujarreña existían varios cabecillas pertenecientes a linajes: la familia de <strong>Abén Humeya</strong> se decía descendiente de los Omeyas, y <strong>Farax Aben Farax</strong> de los Abencerrajes. Que estos parentescos fuesen ciertos no importa tanto como que gracias a esa supuesta pertenencia a los linajes estos personajes gozaron de una <strong>posición privilegiada</strong>. Contaban con el respeto de gran parte de su comunidad, aunque hubo otros factores importantes para que estos actores tomasen los papeles principales.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="224" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204-224x300.jpg" alt="" class="wp-image-4576" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204-224x300.jpg 224w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204.jpg 672w" sizes="auto, (max-width: 224px) 100vw, 224px" /><figcaption>Abén Humeya</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Tanto estos como otros moriscos importantes de la rebelión, como Aben Aboo o <strong>el Habaquí</strong>, eran <strong>notables con cargos en la administración granadina</strong>. Contaban con cierta capacidad de influencia en la política cristiana, y a través de ellos los moriscos pidieron a Deza y Mendoza que se suspendieran las medidas antimoriscas. No sólo tenían voz entre su comunidad porque pertenecieran a linajes respetados, sino porque tenían voz política en Granada, aunque su influencia fuese mínima frente a los <em>halcones</em> (y especialmente tras la llegada estos). Donde eran verdaderamente fuertes fue en su capacidad para movilizar a los descontentos de sus zonas de influencia. Eran nobles y, en las Alpujarras, donde la aculturación y la convivencia con cristianos fueron mínimas, las relaciones de clientelismo y patronazgo de estos linajes se mantuvieron prácticamente intactas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque las diferentes familias acordaron un pacto en el que los Válor (la familia de Abén Humeya) tenían el mando, como ya se apuntó, la solidaridad como nación no tardó en fracasar en pos de la <strong>solidaridad familiar</strong>. Pese a todo, esta tampoco fue infalible: hubo claras divisiones en el seno de las familias, como cuando <strong>Abén Aboo</strong>, primo de Humeya, sustituyó a su pariente en el mando cuando fue asesinado. A pesar de la aparente unidad de dirección, los acuerdos entre las familias pocas veces eran amistosos y aparecieron elementos en escena que desequilibraron las relaciones entre linajes.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="216" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240-216x300.jpg" alt="rebelion alpujarras farax aben farax" class="wp-image-4276" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240-216x300.jpg 216w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240-768x1065.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240-738x1024.jpg 738w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240.jpg 1544w" sizes="auto, (max-width: 216px) 100vw, 216px" /><figcaption>Ilustración de 1859 de Farax Aben Farax</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Los monfíes fueron el elemento que más temprano y más claramente desequilibró la balanza <strong>para el lado radical</strong>. Estos grupos de bandoleros vivieron al margen de la ley durante más de medio siglo, con lo que difícilmente iban a seguir las órdenes de nadie. Mientras que los rebeldes acababan de proclamar un levantamiento, los monfíes llevaban rebelados, luchando y muriendo durante décadas. Su voz iba a ser escuchada y eran los de una mentalidad más radical del bando morisco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La violencia que los rebeldes desarrollaron nada más empezar la guerra llevaba su sello, y así fue habitualmente. Aunque no todos se levantaron, contaron con el apoyo y la simpatía de buena parte de los moriscos, pues no eran simples bandoleros: entendían que <strong>habían sido desterrados</strong> y obligados a luchar por lo que habían perdido: el antiguo Reino Nasrí. Esta mentalidad les hizo alinearse en el bando radical de los sublevados, cuya salida del conflicto pasaba por causar una derrota a los cristianos para reinstaurar un reino musulmán. Además, al ser los mejores guerreros de los moriscos, contaban con una fuerza considerable a la hora de dirigir la rebelión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el bando contrario podríamos situar a el Habaquí, que desde antes del conflicto ya se mostraba propenso al entendimiento con los cristianos. El sector moderado fue el que más dificultades tuvo para entenderse con el resto de los moriscos. Su tendencia a pactar sin el permiso del rey morisco cuando no se había conseguido nada irritaba a Abén Humeya y se granjeó la enemistad de los radicales. El desequilibro que ejercieron los monfíes, y más tarde los argelinos y otomanos, relegó a los moderados a un <strong>segundo plano</strong> en la dirección del conflicto.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="229" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229-229x300.jpg" alt="" class="wp-image-4650" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229-229x300.jpg 229w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229.jpg 688w" sizes="auto, (max-width: 229px) 100vw, 229px" /><figcaption>Abén Aboo</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Como se puede ver, lo ocurrido en el bando morisco no se diferencia demasiado de lo que ocurría en el cristiano: diferentes formas de entender el levantamiento entre varios bandos con trasfondos que se remontaban en el tiempo. En este caso, la búsqueda de poder personal <strong>no está tan clara</strong> como en algunos personajes del bando cristiano. Aunque la creación de un nuevo Estado abriría las puertas a muchos moriscos a una posición de poder, buena parte de los cabecillas de la rebelión ya contaban con posiciones privilegiadas y no eran los que querían crear ese nuevo Estado, al menos no en un principio. Como hemos visto a lo largo de la serie, el transcurso de la guerra desdibujó por completo la situación inicial.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas diferencias, del mismo modo que las vistas del lado cristiano, <strong>dificultaron la dirección del conflicto</strong> y la consecución tanto de la paz como de un nuevo Estado. A pesar de la clara inferioridad técnica del ejército, si el alto mando hubiera contado con la unidad de dirección que la situación requería, los problemas que se habría encontrado el bando cristiano para frenar la rebelión habrían sido mayores. Pero las lealtades estaban demasiado divididas como para que los diferentes grupos se entendiesen sin una solidaridad nacional sincera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas dinámicas de poder marcaron el conflicto de inicio a fin. Junto a la problemática de la violencia en el campo de batalla que afectó a la población (se convirtió en un factor más de la estrategia militar, en lo que fue una guerra total), estas divisiones internas <strong>alargaron el conflicto</strong>, envileciéndolo de manera inevitable, generando un problema mucho mayor que no terminó del todo al acabar la guerra oficialmente en 1571.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">–BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.:&nbsp;<em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.:&nbsp;<em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CARRASCO, R.: Peril otteman et solidarite morisque (la tentative de soulevemente des morisques des annes 1577-1587), Revue d’histoire maghrebine 15-16 (1982).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.:&nbsp;<em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHÁVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: En los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla, Universitat de València, Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2009.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “La guerra de Granada entre guerra civil y “guerra justa””, en LÓPEZ-GUADALUPE, M.L. &amp; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (coords.): Realidades Conflictivas. Andalucía y América en la España del Barroco, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRAD, K.: “La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las alpujarras (1568-1571)”,&nbsp;<em>Miscelánea de estudios árabes y hebraicos</em>&nbsp;5 (1956).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRIDO GARCÍA, C.J.: “Entre el colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos 63 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GONZÁLEZ PRIETO, F. &amp; RODRÍGUEZ, A.J.: “Miranda en Granada. El apercibimiento para las Alpujarras de 1569-1570”, Estudios Mirandeses 28 (2008).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C.: “The Battle of Lepanto and Its Place in Mediterranean History”,&nbsp;<em>Past &amp; Present</em>&nbsp;57 (2011)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain”,&nbsp;<em>The American</em>&nbsp;<em>Historical Review&nbsp;</em>74 (1968)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HURTADO DE MENDOZA, D.: Guerra de Granada, Real Consejo, Valencia, 1776.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–JIMÉNEZ ESTRELLA, A.: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La Capitanía General del reino de Granada y sus agentes, Universidad de Granada, Granada, 2004.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.:&nbsp;<em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MARTÍNEZ MILLÁN, J.: “En busca de la ortodoxia: el inquisidor general Diego de Espinosa” en MARTÍNEZ MILLÁN, J. (dir.): La corte de Felipe II, Alianza Editorial, Madrid, 1994, pp. 189-228.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MARTÍNEZ MILLÁN, J.: “Grupos de poder en la Corte durante el reinado de Felipe II: la Facción Ebolista, 1554-1573” en MARTÍNEZ MILLÁN, J. (coord.): Instituciones y élites de poder en la monarquía hispana durante el siglo XVI, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, 1992, pp. 139-171.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MESA GALLEGO, E.: “Los tercios en combate. Organización y tácticas de los ejércitos de la Monarquía Hispánica en el siglo XVI”, Desperta Ferro Especiales V, 2014.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–PARKER, G.:&nbsp;<em>España y la rebelión de Flandes</em>, Nerea, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–REGLÁ, J.: “La cuestión morisca y la coyuntura internacional en tiempos de Felipe II”,&nbsp;<em>Estudios de</em>&nbsp;<em>Historia Moderna&nbsp;</em>3 (1953).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, A.J.: “El reclutamiento en el siglo XVI”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014), pp. 28-29. 152 MESA GALLEGO, E.: “El regreso de las legiones”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V:&nbsp;<em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.):&nbsp;<em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SPIVAKOVSKY, E: “Un episodio de la Guerra contra los moriscos: la pérdida del Gobierno de la Alhambra por el V Conde de Tendilla”, Hispania 118 (1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em>&nbsp;Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)”&nbsp;<em>Estudios sobre el mundo</em>&nbsp;<em>árabe e islámico contemporáneo&nbsp;</em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>El Río Morisco,</em>&nbsp;Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>La violencia durante la rebelión de las Alpujarras</title>
		<link>https://reasilvia.com/2018/10/violencia-rebelion-alpujarra/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 29 Oct 2018 08:33:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[rebelion-alpujarra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Profundizamos sobre la violencia durante la guerra, cómo ambos bandos reaccionaron ante la crueldad y qué cicatrices dejó</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Durante la rebelión de las Alpujarras la violencia estalló de manera implacable desde el primer momento. A lo largo de la presente <a href="https://reasilvia.com/rebelion-alpujarra/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">serie</a> ya hemos señalado diferentes episodios especialmente crueles, con lo que no es el objeto de este artículo enumerar más. La intención es <strong>profundizar y reflexionar</strong> sobre cómo las divisiones entre cristianoviejos y moriscos desembocaron en violencia, sobre las posturas de ambos bandos ante la crueldad y las cicatrices que dejó.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="el-caldo-de-cultivo-de-la-guerra">El caldo de cultivo de la guerra</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Como ya hemos visto con detalle en el <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">artículo introductorio</a> de esta serie, antes de que comenzara el conflicto <strong>ya hubo episodios de violencia</strong> entre los dos bandos junto a abusos legales del dominante. Los principales problemas que la provocaron fueron el bandidaje monfí, la piratería berberisca y las usurpaciones de tierras sobre propietarios moriscos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Buena parte de los moriscos no habían abandonado la religión y la cultura musulmanas, <strong>o mejor dicho andalusíes</strong>, pues tenían plena consciencia de ser diferentes de norteafricanos y otomanos. A este respecto, <strong>Francisco Muley Núñez</strong> escribió un interesantísimo memorial en defensa de la cultura morisca en 1567 como respuesta a la pragmática antimorisca, y explica de manera excelente la cuestión:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Nuestro ábito quanto a las mugeres, no es de Moros; es trage de provincia, como en Castilla y en otras partes se usa difrrenciarse las gentes en tocados, en sayas y en calçados. El vestido de los Moros y Turcos, ¿quién negará sino que es muy diferente del que ellas traen? Y aún entre ellos mesmos diferencia, porque el de Fez no es como el de Tremecén, ni el de Túnez como el de Marruecos, y lo mesmo es en Turquía y en los otros reynos. Si la seta de Mahoma tuviera trage propio, en todas partes avía de ser uno, pero el ábito no haze al monge. Vemos venir a los Christianos, clerigos y legos de Siria y de Egizpto, vestidos a la Turquesca con tocas y cafetanes hasta en pies, hablan Arábigo y Turquesco, no saben Latín ni Romance, y con todo eso son Christianos.</p></blockquote>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="2648" height="1769" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg" alt="rebelion alpujarras Weiditz Trachtenbuch" class="wp-image-4269" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg 2648w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-300x200.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-768x513.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-1024x684.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 2648px) 100vw, 2648px" /><figcaption>Vestidos de paseo de mujeres moriscas en 1529</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No obstante, una parte de los moriscos granadinos continuó en la fe musulmana y es que, como ya vimos, tenían ciertos mecanismos para para <strong>aparentar otra fe</strong> bajo el dominio de un Estado con otra religión. Una parte no se convirtió y apenas tuvo contacto con cristianoviejos. Eran zonas de serranías y ambientes rurales en los que el nuevo orden cristiano apenas había entrado. Algunos de estos moriscos ayudaban a los monfíes, bandoleros que no aceptaron ser parte de la Monarquía Hispánica y se hicieron al monte, y a los piratas berberiscos en sus razias costeras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La conversión a principios del XVI y la búsqueda de aculturación de los moriscos granadinos supuso un <strong>quebrantamiento de las Capitulaciones de Granada</strong> de 1492, así como el bandolerismo y la ayuda a los berberiscos violaban la paz del reino. En un momento de la historia en el que la cultura del Barroco entraba de lleno en las cortes católicas europeas, muchos clérigos no quisieron entender o no entendieron la diferencia entre costumbres y lealtades religiosas, que iban de la mano con las lealtades políticas. Algo que también explica Muley Núñez en el siguiente ejemplo:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Nuestras bodas, zambras y regocijos, y los plazeres de que usamos, no impide nada al ser Christianos, ni sé cómo se puede decir que es ceremonia de moros. El buen Moro nunca se hallaba en estas cosas tales y los alfaquís se salían luego que començaban las zambras a tañer, o cantar, y aún cuando el Rey Moro y va fiera de la ciudad atravesando por el Albaycín, donde avía muchos cadís y alfaquís que presumían ser buenos moros, mandava celar los instrumentos hasta salir a la puerta de Elusia, y les tenía este respeto. En África, ni en Turquía, no hay estas zambras; es costumbre de provincia.</p></blockquote>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="829" height="732" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/zambra.jpg" alt="" class="wp-image-4743" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/zambra.jpg 829w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/zambra-300x265.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/zambra-768x678.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 829px) 100vw, 829px" /><figcaption>La zambra ha pervivido en la cultura gitana, ya que algunos moriscos se ocultaron entre el pueblo gitano debido a las persecuciones | <a href="http://www.marialacanastera.com/zambra-gitana/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Pero dejando a un lado el porcentaje de lealtades y deslealtades (o siquiera la naturaleza misma del concepto), <strong>existía un problema en Granada</strong>. La desconfianza en los súbditos moriscos tenía lógica: habían sido conquistados unas décadas atrás, con lo que podían usar fuertes reclamaciones para desligarse de la Monarquía Hispánica, y existían casos de auxilio al monfí y al berberisco. Por su parte los moriscos tenían derecho a protestar cuando la gran mayoría vivía en paz, una parte era cristiana e incluso tropas moriscas ayudaron a Carlos V en la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_las_Comunidades_de_Castilla" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Guerra de las Comunidades</a>. A pesar de ser muy discutible hasta qué punto estaban o no integrados, existía una frontera interior que se agravó en la década de 1560; cuando más miedo hubo a berberiscos y otomanos y cuando más tierras se usurparon a los moriscos y más medidas antimoriscas se aprobaron.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="la-guerra-como-coartada-de-la-violencia">La guerra como coartada de la violencia</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque la violencia no fue un fenómeno nuevo, la guerra ofreció un marco inmejorable para el desarrollo de la crueldad a unos niveles difícilmente imaginables en tiempos de paz. Eso sí, la previa existencia de la violencia fue un <strong>potente germen</strong> para que la guerra fuera especialmente cruel. Algunos se odiaban desde hacía tiempo. Cada bando tenía motivos para temer al otro y la guerra fue la coartada perfecta para dar rienda suelta a estos sentimientos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El estallido del conflicto multiplicó la desconfianza entre cristianoviejos y moriscos a todos los niveles. Aunque una mayoría en ambos bandos era gente de paz, la seguridad y las medidas cautelares aumentaron, con lo que moriscos y cristianoviejos recelaban más entre ellos y <strong>corrieron a refugiarse en zonas seguras</strong>, como villas de mayoría morisca o cristianovieja.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La búsqueda de seguridad se vio alterada por las acciones que ambos ejércitos perpetraron: toma de rehenes, martirios y asesinatos y saqueos de villas y poblaciones menores saldados con muertes, esclavitud y robo de bienes. La violencia cayó implacable sobre las espaldas de los que permanecieron en paz, tanto moriscos como cristianoviejos. Esto <strong>confirió al conflicto de un carácter total</strong>, que introdujo cada rincón de los territorios alzados y sus cercanías dentro de la guerra, salvándose sólo las grandes ciudades y las zonas rurales inmediatamente conectadas a ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ante esta situación la monarquía tomó un camino al filo de la navaja. Permitió los saqueos de la tropa, aunque sólo en acciones de guerra, penando a quien se apropiaba de bienes moriscos o esclavos en saqueos injustificados. También permitió la esclavitud de los moriscos, pero prohibió la de niños menores de diez años y medio y niñas menores de nueve años y medio. Estos límites a los desmanes legalizados fueron <strong>casi imposibles de poner en práctica</strong> durante la guerra, aunque se logró devolver la libertad a muchos niños moriscos durante y después del conflicto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A esta permisividad con límites se llegó tras unas reflexiones teológicas y jurídicas que preocuparon a <strong>Felipe II</strong>. Los moriscos tuvieron consideración de rebeldes contra su señor natural, además de <em>moros</em> a pesar de su bautismo. Su esclavitud y penas de muerte estaban justificadas legalmente, pero siempre en <em>guerra justa</em>. Los marcos legales para esto <strong>fueron amplios</strong> pero, a pesar de todo, otorgaron un resquicio legal para la defensa de los moriscos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez acabada la guerra, la situación cambió. Existieron casos en los que moriscos agraviados en actos injustificables <strong>fueron compensados</strong>. Algunos de los esclavizados fueron liberados (especialmente los niños) y otros tantos de los que sufrieron saqueos fueron compensados con dinero.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los generales cristianos a veces mostraban comportamientos discordantes con las políticas que ellos mismos pregonaban y con las del monarca. <strong>Íñigo López de Mendoza</strong>, paladín del buen trato al morisco y el pactismo, animó a sus tropas al saqueo nada más comenzar la guerra. Lo hizo porque la paga no llegaba y necesitaba a su ejército motivado para el combate. <strong>Luis Fajardo</strong>, al contrario, partidario de la mano dura, castigó a sus hombres por tomar esclavos y les ordenó que no lo hicieran, aunque el rey lo permitiese. En el caso del Marqués de los Vélez no lo hizo por piedad, sino porque sabía que si sus soldados conseguían un gran botín demasiado pronto no tardarían en desertar (como le ocurrió varias veces).</p>



<p class="wp-block-paragraph">El bando morisco también tuvo diferentes posturas ante la crueldad de sus tropas, aunque estas dependían de las diferentes facciones. Los radicales, con <strong>Farax Aben Farax</strong> a la cabeza y los grupos monfíes, desplegaron una cruel violencia sobre la población cristianovieja. Los secuestros, martirios y asesinatos solían llevar su firma. Estos actos también los perpetraban otros grupos menos radicales en situaciones especiales, como tras la sangrienta batalla de Félix. <strong>Abén Humeya</strong> hizo de árbitro entre los moderados, más calmados y tendentes a negociar la paz, y los radicales, que buscaban una victoria militar como única resolución posible. El rey morisco castigaba a unos por negociar a sus espaldas y se desesperaba con los otros por los terribles desmanes que cometían sobre gente de paz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde abajo la situación se entendía de otro modo. La gente que continuó viviendo su vida al margen de la guerra, cristianovieja o morisca, <strong>la sufrió aunque no se involucrase</strong>. Los cristianos entendían poco de las sutilezas teológicas que preocupaban a su rey, y en posición de grupo fuerte, perpetraron desmanes crueles cuando la situación era propicia, como ocurrió en <a href="https://reasilvia.com/2018/09/la-guerra-de-granada-ii-1569-1571/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">Ronda en 1570</a>. Los moriscos de paces fueron más pacíficos, aunque buena parte ayudó a los levantados, lo que era punible como súbditos de Felipe II, pero no solían tomar las armas. Esto cambió cuando, entre 1569 y 1570, casi todos los varones en edad militar (cifra aproximada) se unieron a la rebelión, en buena medida, empujados por la violencia en la retaguardia (quema de cosechas, robos, asesinatos, expulsión de hogares&#8230;).</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="fin-de-la-guerra-fin-de-la-violencia-">Fin de la guerra, ¿fin de la violencia?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Si significativa es la existencia previa de violencia, también lo es la permanencia de la misma tras el término del conflicto. Especialmente cuando esta violencia se hizo más cruda que nunca. La disolución de los ejércitos y la creación de las cuadrillas <strong>impulsó la escalada de la crueldad</strong>. Esta situación ofreció un marco para que los arquetipos del odio actuaran con impunidad. El cuadrillero, buscado por su odio exacerbado hacia los moriscos, fue un verdadero asesino vocacional. Su principal virtud para las cuadrillas no es que fuera experto en combate o tuviera un gran conocimiento del terreno, eran sus ganas de matar monfíes. Los hombres al cargo de las cuadrillas eran los ejemplos más paradigmáticos de este tipo de combatiente. Vivían para la destrucción de sus enemigos y las problemáticas teológicas y morales no tenían cabida su lucha.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los monfíes resultantes de la guerra rondaban un nivel semejante de violencia. Pertenecían a un pueblo conquistado, deportado y dividido para borrar su cultura. Eran perseguidos de forma implacable y poco les quedaba además de la muerte o la huida al norte de África. Además estaban solos, pues ya no contaban con la ayuda que la población morisca había prestado las décadas anteriores. Los monfíes perdían en su lucha mes a mes, semana a semana, día a día. Aunque la guerra se dio por terminada y la violencia, en términos de cantidad descendió, <strong>su crueldad aumentó</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El resto de supervivientes también quedó hondamente marcado de una u otra forma. Los horrores que se viven en una guerra dejan cicatrices tan profundas como duraderas. A diferentes escalas, Andalucía al completo y zonas de Murcia quedaron con una <strong>gran cicatriz colectiva</strong>. Los soldados que sobrevivieron habían perdido años y meses de sus vidas contemplado las mayores miserias humanas. Habían perdido seres queridos, amigos e incluso sus propios hogares. Tras la guerra debían afrontar una nueva vida en la que podía faltar todo lo que había en la anterior. ¿Por qué tuvieron ellos la suerte o la desgracia de quedar con vida?, ¿qué clase de prueba les ponía su dios por delante?, ¿era un castigo por los crímenes cometidos durante la guerra?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Del mismo modo, los que no participaron directamente en la guerra también fueron tocados por sus diferentes ramificaciones y consecuencias. La economía menguó y los impuestos subieron. Los vecinos perdieron a sus amigos o seres queridos en la guerra, como soldados, mártires o esclavos. La llegada de los moriscos repartidos a los nuevos barrios en Andalucía aumentó la tensión y la vigilancia ciudadana. <strong>El abismo</strong> entre moriscos y cristianos <strong>creció</strong> (aunque no para siempre, como veremos en próximos artículos).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Frente a esto, algunos supervivientes cristianos de las Alpujarras contaron con una mejora de su situación a la penumbra de la recién inaugurada cultura del Barroco. La sociedad cristiana que quedó, junto a los repobladores, se articuló en torno al <strong>legado martirial de la guerra</strong>. La crueldad que cayó sobre los cristianos en los martirios confirió un halo de santidad a los que murieron y a los que sobrevivieron. El culto a los mártires de la guerra se extendió y los familiares de los mismos, o los propios supervivientes, gozaron de un puesto privilegiado dentro de la nueva sociedad. Tanto es así que algunos llegaron a acceder a la administración, confirmándose como personas de peso en esta nueva comunidad cristiana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El superviviente morisco normalmente corría peor suerte. Los monfíes de las serranías eran los <strong>últimos reductos de un pueblo levantado</strong>. La mayoría de los moriscos que habían conocido yacían muertos, los habían esclavizado o, en el mejor de los casos, los habían deportado a puntos lejanos de Castilla. La soledad era mayor y los sentimientos de culpabilidad, rabia y odio crecían en las oscuras cuevas que habitaban. La total soledad ante los repobladores y las cuadrillas tuvo que minar la moral de estos bandoleros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El desasosiego de los repartidos no era menor. El camino a sus nuevos hogares era terrible y algunos no sobrevivieron; los que llegaron tuvieron que hacer frente una dura situación. La condición de rebeldes y traidores (aunque no todos los fueron) <strong>estigmatizó sus relaciones</strong> con los cristianos. Lejos de la costa y de las principales bandas monfíes, la posibilidad de escapatoria hacia el norte de África era mínima, y la sensación de abandono por parte de argelinos, berberiscos y otomanos debió extenderse entre muchos moriscos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra destrozó el antiguo Reino Nazarí y afectó seriamente a toda Andalucía. Las pérdidas humanas y materiales fueron grandes y terribles como en cualquier guerra, pero las repercusiones psicológicas dejaron a sus habitantes completamente <strong>devastados durante el resto de sus vidas</strong>, tanto que, algunos, reconstruyeron la sociedad en torno a ese sufrimiento. La violencia no acabó y el problema, más que acabarse con la guerra, se extendió, hasta cierto punto, por buena parte de Castilla gracias a las deportaciones, algo de lo que hablaremos en futuros artículos.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Bibliografía</h3>



<p class="wp-block-paragraph">–ANTONIO MANUEL: <em>La huella morisca</em>, Almuzara.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.:&nbsp;<em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.:&nbsp;<em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CARRASCO, R.: Peril otteman et solidarite morisque (la tentative de soulevemente des morisques des annes 1577-1587), Revue d’histoire maghrebine 15-16 (1982).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.:&nbsp;<em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHÁVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: En los márgenes de la ciudad de Dios. Moriscos en Sevilla, Universitat de València, Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2009.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “La guerra de Granada entre guerra civil y “guerra justa””, en LÓPEZ-GUADALUPE, M.L. &amp; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (coords.): Realidades Conflictivas. Andalucía y América en la España del Barroco, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–HURTADO DE MENDOZA, D.: Guerra de Granada, Real Consejo, Valencia, 1776.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–JIMÉNEZ ESTRELLA, A.: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La Capitanía General del reino de Granada y sus agentes, Universidad de Granada, Granada, 2004.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–RODRÍGUEZ HERNÁNDEZ, A.J.: “El reclutamiento en el siglo XVI”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014), pp. 28-29. 152 MESA GALLEGO, E.: “El regreso de las legiones”, Desperta Ferro Especiales 5 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V:&nbsp;<em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.):&nbsp;<em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SPIVAKOVSKY, E: “Un episodio de la Guerra contra los moriscos: la pérdida del Gobierno de la Alhambra por el V Conde de Tendilla”, Hispania 118 (1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em>&nbsp;Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)”&nbsp;<em>Estudios sobre el mundo</em>&nbsp;<em>árabe e islámico contemporáneo&nbsp;</em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>El Río Morisco,</em>&nbsp;Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>Los ejércitos de la guerra de Granada, 1568-1571</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Oct 2018 08:04:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[rebelion-alpujarra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Reclutamiento, combate, vida en el frente y secuelas de los ejércitos que se enfrentaron en la Rebelión de las Alpujarras</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">Durante la guerra de Granada, cuyos orígenes y su desarrollo hemos explorado en los artículos <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">I</a>, <a href="https://reasilvia.com/2018/09/guerra-granada-rebelion-1568-1569/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">II</a> y <a href="https://reasilvia.com/2018/09/la-guerra-de-granada-ii-1569-1571/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">III</a>, la participación militar fue <strong>mayoritariamente miliciana</strong>. En el bando cristiano pocos puntos de la geografía castellana y aragonesa se vieron exentos de aportar tropas. En el morisco la situación era parecida, solo que en un marco geográfico reducido y con milicianos voluntarios. Ambos ejércitos contaron con una base sin experiencia militar, mandos experimentados en diferentes tipos de combate y pequeños contingentes profesionales o, al menos, curtidos en batalla.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="el-ej-rcito-cristiano-reclutamiento-vida-en-el-frente-y-combate-">El ejército cristiano. Reclutamiento, vida en el frente y combate</h2>



<p class="wp-block-paragraph">A los pocos días de llegar las noticias sobre el levantamiento, los mecanismos para reclutar milicias concejiles se pusieron en marcha. Un reguero de hombres salió desde 1569 hasta 1571 con destino a Granada. Al principio, los apercibimientos enviados a los cabildos de los concejos para reclutar las compañías se centraron en <strong>Andalucía y Murcia</strong> pero, desde finales de 1569, <strong>Felipe II</strong> extendió los reclutamientos a <strong>Extremadura</strong>, <strong>la Mancha</strong> y algunos puntos del <strong>norte</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El reclutamiento de estas tropas está envuelto en luces y sombras, al igual que su participación en el combate. Si miramos el caso sevillano encontramos una reyerta nobiliaria (las divisiones internas llegaron hasta los niveles más bajos) en pleno cabildo que retrasó el envío de las tropas a <strong>Íñigo López de Mendoza</strong>. Una vez levantados los 2.000 hombres que se pedían desde Granada sólo se pudo armar y abastecer a 1.000, el resto llegó a tierras granadinas cuando la rebelión se activó de nuevo. Es una pequeña muestra de las <strong>dificultades que tuvieron los cabildos</strong> de las distintas ciudades para cubrir las demandas reales, agravadas por las discusiones entre los dirigentes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Burgos, casi un año después, la situación era similar a la de Sevilla. Las poblaciones de la periferia discutían con su capital temas jurisdiccionales sobre los repartos de numerario para el abastecimiento de tropas, y el propio Felipe tuvo que intervenir para evitar mayores dilaciones en el envío de tropas. Los cabildos <strong>se quejaban del aprovisionamiento y equipamiento</strong> de los hombres y pleitearon durante meses sobre la devolución del dinero que habían recibido para abastecer a sus tropas (aunque enviaron a muchos soldados mal preparados).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los soldados reclutados rara vez asistían al llamamiento por voluntad propia, aunque a veces se buscaban voluntarios para evitar la poca disciplina. Estos hombres, mayoritariamente obligados a ir al frente, debían servir durante 3 ó 4 meses. Si no acudían les esperaba una pena de 100 azotes, las galeras (condenados a remar) y la pérdida de sus bienes, aunque los ricos podían convencer a otro hombre para que se alistase por ellos a cambio de dinero. Al final, las tropas, al menos en el caso sevillano, se compusieron de los más pobres y de los de <em>mala vida</em>, donde entraba toda clase de delincuentes y minorías étnicas (como los gitanos). Para la campaña de <strong>Juan de Austria</strong> y <strong>Sessa</strong> buscaron voluntarios en Sevilla prometiéndoles mejor soldada y un rico botín libre de impuestos. También acudieron algunos nobles con hombres de sus señoríos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las diferencias entre los poderes encargados de reunir estas tropas, o las dificultades de las villas (a veces los impuestos no dejaban mucho margen para armar ni pagar a los soldados), comprometían a los efectivos. <strong>No era raro que faltara armamento adecuado o provisiones</strong> suficientes (el caso de Fajardo es uno de los más evidentes). Cuando se retrasaba la soldada, muchos soldados no tenían prácticamente nada para sobrevivir en un territorio hostil con lo que la situación fue durísima durante meses, y más si tenemos en cuenta las referencias a la falta de paga desde el comienzo de las operaciones (también en el caso de Mendoza).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para parte de las tropas el reclutamiento y el traslado ya fue una penosa experiencia que sólo podía empeorar: en el frente les aguardaba lo peor. Granada era una tierra llena de moriscos emboscados en caminos escarpados donde maniobrar era muy difícil. Los primeros en llegar tuvieron que luchar, además de contra los moriscos, contra <strong>el crudo invierno</strong>, tal y como señala el cronista <strong>Mármol</strong>: “…y como había en la sierra tanta nieve y hacía tan recio frío…”. Esta situación dificultó las maniobras, los combates, el traslado de tropas y endureció el día a día en los campamentos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el bando cristiano hubo, a grandes rasgos, dos tipos de soldados: <strong>reclutados por la fuerza y voluntarios</strong> (generalmente soldados de fortuna). Los primeros no sabían combatir y, en su mayoría, no tenían una buena forma física (que tampoco mejoró con la falta de suministros) y no tenían ningún tipo de interés en esta guerra. Tras los primeros enfrentamientos y las noticias de los martirios, algunos comenzaron a desertar por puro miedo, otros se contagiaron del odio reinante y continuaron en guerra para masacrar <em>infieles</em>, robar y esclavizar. Los voluntarios a veces contaban con experiencia en combate y tenían claro desde el principio que su objetivo era la caza de un botín, y no los había mayores que los que dejaban la toma de villas o fortalezas con familias moriscas (no siempre rebeldes) en ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sin entrenamiento, disciplina ni interés, lo único que los sujetaba a permanecer en Granada a muchos de estos milicianos era el <strong>castigo por deserción</strong>, que normalmente era la horca o el herrado de la marca del soldado cobarde en la cara. El martirio y la muerte que podría llegar al caer en manos moriscas era una perspectiva peor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos generales despreciaron tropas por su procedencia, como el caso del <strong>Marqués de Favara</strong> con los reclutas sevillanos. Contrariamente ocurrió con los burgaleses, que intervinieron en la dura batalla de Serón sin dar problemas a sus superiores y se ganaron buena fama. Otra mención aparte merecen las tropas baleares, acostumbradas durante los años a combatir contra las incursiones berberiscas y otomanas. Además de buenos combatientes, tenían fama de soldados disciplinados, lo que los hacía tan valiosos que el propio <strong>Requesens</strong> los mandó reclutar y fue a por ellos a Mallorca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida de los soldados en la guerra fue <strong>muy dura</strong>. Dejaban atrás el calor de sus hogares, el cuidado de sus familias y sus empleos (los afortunados que tuvieran) para participar en crueles batallas en territorios desconocidos y no siempre con ventajas tácticas. En este sentido, la artillería llegó tarde y no siempre era útil (salvo en asedios): sus pesados bagajes ralentizaban las marchas y los hacían objetivos fáciles para los moriscos. El apoyo de soldados profesionales se vio reducido a la mínima expresión. Las disputas incomprensibles entre superiores tampoco ayudaron a estas milicias, hacinadas en campamentos eternos sin nada que hacer y, a veces, sin nada que comer.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque se desertaba por haber conseguido un botín respetable, también se hacía por la crudeza de la guerra. La preparación militar, como ya se ha señalado, era inexistente entre estos reclutas y, por ende, <strong>su preparación psicológica también era mínima</strong> para un combate que se podía prolongar durante horas cara a cara con el enemigo. A pesar de todo, estas deserciones se producían en mayor medida durante episodios de dureza excepcional, cuando faltaban las provisiones y el hambre hacía mella, tras derrotas fatales y bajo condiciones climáticas extremadamente adversas. El castigo por deserción era demasiado duro como para huir sin razones de peso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Algunos de los momentos más terribles y oscuros se vivieron en las minas, tanto en el bando cristiano como en el morisco. Al uso, eran túneles que se excavaban bajo los muros de las ciudades. Su función era doble: <strong>volar un punto importante</strong> de la villa o fortaleza y, tras la explosión, <strong>abrir una brecha</strong> para la entrada de tropas. El sistema no era infalible: no siempre se acertaba en el objetivo y no todas las brechas se podían aprovechar bien. Con las tropas en las minas el combate era terrible, pues estos túneles eran cuellos de botella donde se podían producir verdaderas masacres. Aunque en un ataque bien planeado se abrían diferentes brechas para dividir a los defensores, ejemplo de esto serían los dos asaltos a Galera que, como relata Mármol, no estuvo exento de fallos:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“…los que tenían cargo de las minas pusieron fuego a la primera, que estaba junto con la mina vieja; la cual salió con tanta furia, que voló peñas, casas y cuanto halló encima; mas no llegó al castillo ni hizo daño en moros”.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La vuelta a casa <strong>no era honorable ni feliz</strong>. Al desertor le esperaba su castigo y a los soldados obedientes el estigma de la guerra: las heridas, los espantosos recuerdos de los enfrentamientos y poco o nulo reconocimiento de los méritos de guerra (la fama era, en la gran mayoría de los casos, para los generales, la nobleza). Se dejaba de ser soldado y se volvía a ser vecino de villas y ciudades con mayores impuestos y, a veces, escasez. Los nuevos barrios de moriscos deportados no mejoraron la situación. Los <em>infieles</em> confesos y levantados (aunque la mayoría de deportados no se habían rebelado) ahora compartían vecindad con los soldados que habían perdido extremidades, amigos o familiares en la guerra. En el peor de los casos aún se tendrían que enfrentar al bandidaje monfí, regiones militarizadas y caminos inseguros durante el resto de la centuria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El combate de estos soldados tuvo más sombras que luces y, a pesar de todo, las victorias solían ser para el bando cristiano. Las milicias concejiles estaban pensadas para el combate en campo abierto frente a ejércitos convencionales. Al igual que la mentalidad de algunos generales, que no tenían experiencia en combate contra guerrillas en serranías. Con todo, el ímpetu desplegado en los enfrentamientos fue enorme, ya fuera por el odio, las ansias del botín o la voluntad de supervivencia. La <strong>superioridad numérica</strong>, una <strong>mejor panoplia</strong> y la artillería en los asedios normalmente hicieron el resto. Otro factor importante para la Monarquía Hispánica fue que contaba con más recursos humanos y materiales, también más conflictos internacionales, deudas y compromisos, pero en una guerra de larga duración sin un compromiso activo de los otomanos, como no hubo, Felipe II tenía más y mejores cartas en su baraja.</p>



<h3 class="wp-block-heading" id="composici-n-y-armamento">Formaciones y armamento</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Las compañías se componían de <strong>infantes armados preferiblemente con picas</strong>, aunque la panoplia era variopinta. Las armas enastadas largas (picas, lanzas o alabardas, aunque las últimas al ser más caras debieron escasear en Granada) eran el equipo principal en un Ejército pensado para un combate de choque en formaciones cerradas. Dagas, cuchillos o pequeñas espadas servían de complemento para el día a día, para cuando el arma principal se rompía o la formación era desbaratada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos piqueros dominaban el centro de la formación y en sus flancos <strong>se apostaban los arcabuceros</strong>. Justo un año antes del inicio de la rebelión, el <strong>Duque de Alba</strong> había incluido el mosquete entre los tercios flamencos, pero estas milicias concejiles todavía no contaban con estas potentes armas de fuego. Las referencias hacia los mosquetes son mínimas en la crónica de Mármol, e inexistentes en la de <strong>Hurtado de Mendoza</strong>, mientras que los arcabuceros son constantemente nombrados. Aunque el mosquete era mucho más potente que el arcabuz, la pobre panoplia morisca debió resultar insuficiente ante las descargas de los arcabuces. Entre los piqueros y parte de los arcabuceros estaba lo más bajo de los reclutas: los pobres y los delincuentes.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1920" height="1407" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada.jpg" alt="" class="wp-image-4678" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada.jpg 1920w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-300x220.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-768x563.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-1024x750.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><figcaption>Formación de los tercios en la batalla de las Dunas (1600) con piqueros en el centro, arcabuceros y mosqueteros a su lado y caballería en los flancos</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">La caballería remataba las formaciones generalmente a los lados de los arcabuceros. Esta unidad era <strong>especialmente útil contra enemigos mal organizados</strong> y con una pobre panoplia como los moriscos. Sus cargas, que eran capaces de descomponer formaciones compactas y bien protegidas desde la Antigüedad, podían desbaratar contingentes moriscos enzarzados en el combate con los piqueros con facilidad. Muchas veces estaba formada por los generales y su gente de confianza, más preparados para la guerra que los infantes. El problema de la caballería es que no siempre podía actuar dada la complicada orografía. Cuando lo hacían, era un importantísimo valor añadido. A veces, las simples cabalgadas eran suficiente motivo para que los moriscos huyeran, como señala Mármol:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“…fue tanta la turbación de los moros en ver caballería donde entendían que no podía subir, que perdiendo la furia y el ánimo juntamente, dieron a huir”.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Esta formación era habitual en la época en Europa, aunque cada situación pedía una solución diferente. La disposición sobre el campo de batalla dependía del número de soldados de los que se disponía, lo balanceado que fuera respecto a piqueros, arcabuceros y caballeros, el terreno y la disposición del enemigo. Teniendo en cuenta cómo fue la Guerra de Granada, <strong>esta formación debió usarse poco</strong>. Con el tiempo, los generales adquirieron experiencia y se adaptaron. Cuando la rebelión quedó reducida a los puntos más inaccesibles de las serranías, la situación cambió drásticamente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pequeñas cuadrillas, formadas por no más de veinte hombres, tomaron el relevo de los grandes contingentes. Estas cuadrillas estaban repartidas por una red de presidios que defendían los caminos, los pasos de montaña y los accesos a las sierras, donde moraban los monfíes. Sus componentes estaban cuidadosamente seleccionados: no se buscaban guerreros fogueados durante la guerra, sino <strong>hombres especialmente perturbados por el conflicto</strong>, aquellos que habían perdido familiares y amigos caídos en combate o martirizados y asesinados por los moriscos. Eran hombres que odiaban a los levantados y su sed de venganza no tenía límites. Al mando de estas cuadrillas estaban los más afectados por la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su función era la de <strong>mantener seguros a los cristianos viejos</strong>, para ello debían eliminar a las bandas de monfíes ocultas en las sierras y evitar que los moriscos llegaran a las costas para embarcarse al norte de África. Su táctica fue idéntica a la morisca: la guerra de guerrillas. Estos cuadrilleros, que actuaban de monfíes cristianos, fueron los que acabaron llevándose la fama militar por sus crueles y sangrientos encuentros con los monfíes moriscos.</p>



<h3 class="wp-block-heading" id="los-tercios-italianos-un-punto-y-aparte-">Los tercios italianos, ¿un punto y aparte?</h3>



<p class="wp-block-paragraph">La actuación de los tercios italianos en la guerra de Granada fue <strong>muy deseada</strong>, en especial por <strong>Luis Fajardo</strong>, quien se desesperó por tenerlos a su mando mientras acampaba en Adra, y cayó en desgracia poco después de conseguirlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La propia llegada de los tercios fue accidentada. Al poco de empezar la contienda, Felipe II mostró interés en llevar veteranos italianos a Granada. Tras unos primeros planteamientos logísticos, movilizaron a los tercios italianos durante marzo, cuyo grueso lo formaron napolitanos. Esta expedición partió con Requesens, pero una tempestad cerca de Marsella hundió varias galeras y, aunque no se perdió todo el contingente, la flota se desbandó y <strong>la llegada de los tercios se retrasó</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar del dinero desperdiciado en esta fallida expedición, se planeó una nueva con 1.000 soldados catalanes y 1.000 lombardos (del tercio de Milán). Este nuevo contingente estuvo listo para partir de Italia en mayo, llegó a Adra a principios de Junio (donde Fajardo esperaba los refuerzos) y puso rumbo a Málaga, <strong>donde tuvo mucho éxito</strong>. Un poco después, llegaron a Adra las tropas italianas y las catalanas (formadas por forajidos) y Requesens partió a por los baleares, que él mismo había pedido.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1650" height="1017" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-tercios.jpg" alt="" class="wp-image-4680" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-tercios.jpg 1650w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-tercios-300x185.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-tercios-768x473.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-tercios-1024x631.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1650px) 100vw, 1650px" /><figcaption>Aunque esta panoplia sirve de ejemplo para los tercios en 1641, también es una buena base para las milicias concejiles, pero con menos y peor equipo (menos cascos, armaduras e incluso peores ropas) | Ferrer Dalmau</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Desde este momento los tercios actuaron bajo las órdenes de Fajardo con <strong>menos influencia de la esperada</strong>. Las ventajas de tener a los tercios podrían parecer evidentes, pero su profesionalidad no residía en no cometer desmanes. Su buena fama procede en esencia de su buen hacer militar: eran combatientes sin igual, pero su disciplina podía ser tan mala como la de las milicias concejiles cuando la paga no llegaba. De hecho, en Adra, los forajidos catalanes mostraron mejor comportamiento que los tercios, que se unieron a los desmanes generalizados de la tropa. En el asedio de Galera pasaron a las órdenes de Juan de Austria, cuando la guerra convencional tocaba a su fin.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La vida de estos soldados era completamente diferente a la de las milicias concejiles. <strong>Se componían de voluntarios</strong> que, una vez alistados, recibían un concienzudo entrenamiento militar basado en las tácticas de cada momento, además de un equipo completo (aunque básico) y adecuado, cada uno podía añadir, quitar o cambiar, no había un uniforme regular obligatorio. La soldada corría a cuenta del estado y, aunque en las situaciones de crisis hubo retrasos, el pago era más seguro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El tercio era una unidad administrativa del Ejército de Infantería, que a su vez se subdividía en compañías. Sus principales puntos fuertes eran los <strong>veteranos</strong> y el <strong>espíritu de grupo</strong>, gracias al carácter permanente de la tropa. Cada tercio y cada compañía desarrollaba un espíritu de unidad fuerte, y estaban guiados por un oficial que hacía las veces de padre clientelar. Los más veteranos solían ser estos oficiales, que a su vez solían ser los mejores soldados de la tropa. Eran la flor y la nata de un cuerpo militar considerado de élite; lideraban los ataques y entrenaban a los nuevos reclutas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estar en los tercios otorgaba prestigio, y las acciones valerosas en combate permitían ascender en el organigrama militar, lo que daba acceso a más prestigio y dinero. Era un ejército <strong>profesional</strong>, <strong>permanente</strong> y <strong>de Estado</strong>, donde las estructuras de ascenso estaban predeterminadas. Su diseño, ideado para combatir en diferentes frentes tales como Centroeuropa, las costas Mediterráneas o África, le confirió un <strong>carácter versátil</strong>. Esta adaptabilidad a diferentes escenarios era la otra gran baza de los tercios. De hecho, su éxito en diferentes tipos de guerras y batallas quedó demostrado a lo largo del siglo XVI.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En combate, los tercios se desplegaban en base a los estándares vistos con anterioridad y, de nuevo, la realidad era más diversa. Las diferentes formas de despliegue y combate eran explotadas hasta el infinito, en función del general y de las condiciones del enfrentamiento. La ventaja de los tercios frente a las milicias concejiles en la lucha contra los moriscos, además su mejor entrenamiento militar y equipo, era su <strong>disponibilidad para emplear diferentes formas de combate</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Psicológicamente su efecto en campaña no debió ser demasiado importante. A pesar del buen inicio en Málaga, su desembarco en Granada y su camino hasta Galera estuvo salpicado de claroscuros. Pasaron días desde que llegaron hasta que se movilizaron hacia Válor. La larga acampada en La Calahorra, que duró el verano y el otoño, no ayudó nada. Su efecto, que podría haber sido importante, <strong>quedó anulado</strong> por las dudas, el tiempo perdido y los desmanes generales de la tropa. En el asedio de Galera, con la dirección de Juan de Austria, artillería y los tercios, el Ejército real sufrió un primer descalabro muy serio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La intervención de los tercios en la guerra <strong>no desequilibró claramente la balanza</strong>. El principal motivo de la victoria del bando cristiano fue que ningún ejército paralizó sus movimientos ni se descompuso por las deserciones en el tramo final del conflicto. Quizás los tercios habrían tenido un efecto mayor si hubiesen participado desde el comienzo y las tropas de Fajardo no hubiesen acampado durante tanto tiempo. A pesar de todo es probable que los veteranos de los tercios inspirasen a parte de las milicias concejiles, aunque también participasen de la toma del botín, lo que hacían habitualmente en los escenarios de Europa y África.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="el-ej-rcito-morisco-">El ejército morisco</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Las tropas rebeldes estuvieron compuestas por todo tipo de moriscos menos soldados entrenados para el combate. <strong>Carecieron de elementos profesionales</strong> hasta que llegó la ayuda turca y argelina a partir del verano de 1569. Las únicas unidades acostumbradas a la lucha (de guerrillas) fueron los monfíes, que formaron una parte crucial del Ejército rebelde.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estos monfíes pronto se alinearon como oficiales de las tropas, que <strong>organizaron y adiestraron al modo bandolero</strong>. Fue un ejército irregular que aprovechó el conocimiento del terreno del que los cristianos carecían. Expertos en emboscadas y ataques relámpago que provocaban desbandadas, la estrategia global fue la de defender y hostigar. Asentados en puntos inaccesibles, perpetraban diferentes ataques a caravanas y tropas en marcha. Evitaban el combate masivo en campo abierto, donde no tenían oportunidad alguna si los arcabuceros enemigos tenían disparos fáciles y la caballería espacio para maniobrar.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="1584" height="2193" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-moriscos.jpg" alt="" class="wp-image-4682" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-moriscos.jpg 1584w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-moriscos-217x300.jpg 217w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-moriscos-768x1063.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/10/ejercitos-guerra-granada-moriscos-740x1024.jpg 740w" sizes="auto, (max-width: 1584px) 100vw, 1584px" /><figcaption>Representación de los monfíes en la novela de Daniel Urrabieta y Vierge |<a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/Category:Los_Monfies_de_las_Alpujarras#/media/File:Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_349.jpg" target="_blank" rel="noreferrer noopener"> Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Estas tropas <strong>se pertrecharon con lo que pudieron</strong>, desde herramientas agrícolas según Mármol: “…hizo tomar los picos y las herramientas que había en ellos…” hasta armamento militar conseguido en los botines. La típica imagen de los campesinos armados con horcas y guadañas es perfecta para ilustrar buena parte de este Ejército. Los pocos recursos con los que contaban los habían obtenido de sus propias casas al unirse a la rebelión, y cuando estos se acababan debían atacar bagajes para conseguir alimentos o acudir a los moriscos no levantados. Era una vida dura para una gente acostumbrada a la tranquilidad de la agricultura, el cultivo de la seda y el comercio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pesar de no contar con entrenamiento militar ni con mecanismos logísticos avanzados, el despliegue realizado por los moriscos <strong>puso en aprietos a la Monarquía Hispánica</strong>. El ejército enemigo estaba mejor pertrechado, pero la base sabía de combatir lo mismo que los rebeldes, muchos no tenían interés en el conflicto y los mandos tenían la cabeza amueblada para el combate convencional. Los moriscos, por su parte, luchaban a destajo por una causa que creían justa y, a mediados y finales de la guerra, buena parte de los levantados se unieron para luchar por un hogar del que iban a ser, o fueron (por ataques cristianoviejos), expulsados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además de la superioridad psicológica y el profundo conocimiento del terreno, los rebeldes contaban con el <strong>apoyo de la población morisca</strong> no levantada. Los moriscos de paces ya habían ayudado a los monfíes durante todo el siglo (aunque no en masa), y a veces también a los berberiscos. La solidaridad durante la guerra fue mayor que nunca entre hermanos, amigos y vecinos. Este recurso también lo usaron los cristianos, sólo que por la fuerza, y cuando comenzaron las deportaciones de los moriscos de paces, los levantados dejaron de contar con un valiosísimo recurso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La artillería en el ejército morisco <strong>fue escasa</strong> y fue un factor determinante que les impidió tomar algunos puntos fuertes y defender otros. Como en todo, con poco que contara el ejército cristiano, siempre era más, y sin artillería algunos cercos a castillos y villas fueron imposibles, lo que Mármol relata bien durante el alzamiento del Almanzora:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>“Le tuvieron cercado doce días; y al fin, viendo que se les defendía, y que no tenían artillería con que poderle batir, ni se podía ganar a batalla de manos, levantaron el cerco y se fueron…”.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Se estima que los moriscos <strong>llegaron a movilizar unos 25.000 efectivos</strong> en el máximo apogeo del levantamiento, durante el invierno y la primavera de 1570. Una cifra nada desdeñable que el bando cristiano igualó. Se estima que estos 25.000 cuadran con los varones moriscos en edad militar, aunque hay que dar cierto margen de error para estas cifras. Podría parecer que la población estuvo muy comprometida con el levantamiento, pero no ocurrió así: al principio los rebeldes sólo contaron con unos 4.000 efectivos y conforme los cristianos cometieron más atropellos sobre los moriscos de paces, y más crueles fueron las batallas, con más tropas contaron los rebeldes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los oficiales y soldados turcos y argelinos (estos especialmente, pues enviaron a los peores mientras las tropas de calidad se destinaron a Túnez) no cambiaron mucho el panorama bélico de los moriscos. Por mucho que contaran con unidades más profesionales y oficiales preparados para manejar ejércitos de manera convencional, la fortaleza de los moriscos <strong>residía en su combate irregular</strong> y sus puntos fuertes en las serranías. Los grandes enfrentamientos de la guerra, tanto antes como después de la ayuda, se dieron en zonas de difícil acceso, generalmente con fortalezas situadas en riscos y peñones, como Frigiliana, Serón, o Galera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, los otomanos y argelinos estaban allí, más que para la rebelión triunfara, para que continuara abierta mientras Argel y el Imperio Otomano operaban en el Mediterráneo con menos oposición. Eran soldados que no luchaban en su tierra ni por su hogar. Su aporte debió ser más psicológico que militar, haciendo creer a los moriscos que la solidaridad internacional existía y que el Sultán estaba con ellos. La realidad es que&nbsp;<strong>estaban siendo usados como distracción</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el caso de los moriscos <strong>no hubo una vuelta a casa</strong>. Los que sobrevivieron a la guerra, en su mayoría, continuaron su lucha como monfíes en las serranías y el resto no tuvo un hogar al que volver, ya que fueron expulsados, divididos y repartidos por Andalucía occidental y las dos Castillas. En el mejor de los casos, empezaron una nueva vida lejos de su hogar junto a antiguos enemigos en el campo de batalla, una situación que analizaremos con más detalle en futuros artículos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">-BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.:&nbsp;<em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">-FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.:&nbsp;<em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V:&nbsp;<em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.):&nbsp;<em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



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<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)”&nbsp;<em>Estudios sobre el mundo</em>&nbsp;<em>árabe e islámico contemporáneo&nbsp;</em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B:&nbsp;<em>El Río Morisco,</em>&nbsp;Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>La guerra de Granada (II), 1569-1571</title>
		<link>https://reasilvia.com/2018/09/la-guerra-de-granada-ii-1569-1571/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Sep 2018 08:00:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Moderna]]></category>
		<category><![CDATA[rebelion-alpujarra]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El levantamiento alpujarreño de 1568 se había extendido a otros puntos del antiguo reino nasrí en una guerra que amenazaba con alargarse durante años</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">La clara victoria de <strong>Luis Fajardo</strong> en Berja no paró la rebelión (lee <a href="https://reasilvia.com/2018/09/guerra-granada-rebelion-1568-1569/" target="_blank">aquí</a> la primera parte). Abén Humeya buscó ahora levantar a los moriscos del valle del Almanzora (en el este de Almería) para conseguir la ansiada salida al mar. Además, la villa de Baza no quedaba lejos y era un cruce de caminos hacia el Marquesado de los Vélez y Guadix. A mediados de junio, el alto y medio Almanzora <strong>se habían levantado exitosamente</strong>. Los tercios llegaron a principios del mismo mes a Málaga aunque en un principio se habían prometido a Fajardo, <strong>Luis de Requesens</strong> (encargado de controlar el frente malagueño) consiguió desviarlos para usarlos en su campaña, lo que no gustó nada al marqués. Su victoria el 11 de junio de 1569 en Frigiliana y el desorbitado comercio de esclavos que le siguió convenció a los insurrectos malagueños (Bentomiz y Vélez-Málaga) de abandonar las armas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La guerra en expansión</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras las cosas marchaban bien para el bando cristiano en Málaga y Fajardo acampaba en Adra tras la victoria de Berja, el sector oriental se recrudecía y los enfrentamientos se intensificaban durante el mes de julio. <strong>Humeya</strong> quería concentrar fuerzas en el Almanzora y las tierras aledañas para distraer a los cristianos y atacar Almería. En el comienzo del verano la rebelión llegó a las puertas de Baza, lo que presionó las fronteras de Jaén, Murcia y, por extensión, Valencia. Lo que en un principio había sido un levantamiento muy concentrado en las serranías granadinas ahora <strong>amenazaba con contagiar a los moriscos aragoneses</strong> y convertirse en una guerra civil a gran escala.</p>



<p class="has-vivid-red-color wp-block-paragraph">Este artículo forma parte de la serie «La rebelión de las Alpujarras», te recomendamos haber leído <a href="https://reasilvia.com/rebelion-alpujarra/" target="_blank" rel="noopener">los anteriores</a> para entenderlo mejor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La situación en Valencia era tensa desde principios de 1569. Aunque los moriscos aragoneses no se unieron al levantamiento el temor al contagio rebelde era extremo. El virrey de Valencia, el <strong>conde de Benavente</strong>, organizó un cordón sanitario y realizó constantes pesquisas durante todo el año sobre posibles insurrecciones. De hecho se ha descubierto recientemente que hubo una <strong>seria conspiración</strong> en Valencia para el alzamiento de un importante número de moriscos planeada para principios de 1570 que, sin embargo, no llegó a buen puerto.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="3384" height="2201" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAalpujarras.jpg" alt="" class="wp-image-4642" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAalpujarras.jpg 3384w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAalpujarras-300x195.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAalpujarras-768x500.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAalpujarras-1024x666.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 3384px) 100vw, 3384px" /><figcaption>La guerra en las Alpujarras y el este de Málaga | Rea Silvia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, en Granada, Fajardo acampaba en Adra durante julio a pesar de contar con órdenes de volver a las Alpujarras con los tercios y hacer frente de nuevo a Abén Humeya. El retraso en la salida lo provocó él mismo y <strong>exasperó a sus superiores</strong>. Su principal motivo para retrasar la partida fue la falta de provisiones y, a pesar de que su petición tuviese sentido por el historial de deserciones entre sus tropas, desesperó a <strong>Juan de Austria</strong>.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg" alt="guerra de granada juan de austria" class="wp-image-4579" width="227" height="262" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg 260w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 227px) 100vw, 227px" /><figcaption>Juan de Austria</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El marqués estaba muy dolido por el desvío de los tercios hacia Málaga, quizás pensó en ellos como la única forma de mejorar la disciplina de sus tropas y estaba preocupado por el levantamiento del Almanzora, que<strong> presionaba las fronteras de su señorío</strong>. Además quería buscar la gloria por cuenta propia y detestaba tener que seguir las órdenes de Juan de Austria al pie de la letra. Las discusiones y tensiones entre ambos fueron un problema constante para mejor suerte de los moriscos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El marqués finalmente partió hacia las Alpujarras con los tercios y consiguió una victoria sobre Humeya en su tierra natal: Válor. El éxito fue de nuevo efímero. El ejército del marqués, que contaba con casi 7.000 hombres entre infantería y caballería, se redujo a la mitad durante el mes de agosto. Tras comprobar que las provisiones en La Calahorra (su próxima parada) eran insuficientes, comenzó un intenso intercambio de cartas con el rey y Juan de Austria entre el enfado y la desesperación. El ejército acampó en La Calahorra pero el daño estaba hecho. El hambre y la deserción hicieron mella en el ejército de Fajardo mientras los moriscos recuperaron el terreno perdido en julio. El marqués de los Vélez no pudo recibir las provisiones necesarias a tiempo, aunque después apuntaron a él como culpable al no haber querido mover unos bagajes que tenía cerca de Guadix. Cuando las provisiones llegaron estaban en mal estado y causaron enfermedades en sus tropas. Incluso el lugar en el que tratar a los soldados enfermos fue un motivo de discusión con Juan de Austria. El que había sido hasta ahora uno de los más exitosos generales de la guerra <strong>cayó en desgracia</strong> de forma incomprensible.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entretanto, Abén Humeya <strong>había prometido vasallaje al sultán otomano</strong> a cambio de 400 soldados, que llegaron a las Alpujarras a mediados de agosto. El contingente turco unido a los moriscos atacó de nuevo el valle del Lecrín, con el consiguiente peligro que suponía para la ciudad de Granada.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="244" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-244x300.jpg" alt="Guerra de granada felipe ii" class="wp-image-4578" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-244x300.jpg 244w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-768x945.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 244px) 100vw, 244px" /><figcaption>Felipe II</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Por su parte los Mendoza protestaban por la dura política para aplastar la rebelión. Al final el <strong>conde de Tendilla</strong> perdió su cargo de alcaide en la Alhambra, lo que completó el ostracismo de la familia. Tras un desencuentro entre el conde y Juan de Austria que terminó con serias amenazas, <strong>Felipe II</strong> medió en favor de su hermanastro. El futuro de los moriscos pasaba, sin ningún género de duda, por <strong>la mano dura y la expulsión</strong>. Esto último se había pulsado en junio cuando se sacó a los moriscos del Albaicín. Se llevó a cabo con mucha dureza y generó desconfianza y odio entre los levantados y los moriscos de paces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el mes de septiembre las acciones bélicas siguieron el curso visto durante el verano. Abén Humeya intentó levantar las tierras del bajo Almanzora (del señorío de los Vélez), con el ejército de Fajardo descompuesto en La Calahorra, <strong>para conseguir una salida al mar</strong> a través de Vera. La villa del marquesado ofreció una dura resistencia el 25 del mismo mes. La presión en esta zona obligó a Murcia y Valencia a alistar más hombres y asegurar las fronteras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Este mes fue un punto de inflexión para Abén Humeya. Cansado de no conseguir ningún objetivo, negoció la liberación de algunos familiares apresados. Los radicales descubrieron las negociaciones y prepararon una <strong>conjura contra él por traición</strong> a la que se sumaron los moderados; fue su momento para vengar la fuerte depuración que sufrieron meses atrás a manos de Humeya. Los capitanes otomanos dieron el visto bueno, pues tenían órdenes de mantener la rebelión viva para ganar tiempo en los preparativos del asedio a la veneciana Chipre.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229-229x300.jpg" alt="guerra de granada aben aboo" class="wp-image-4650" width="190" height="249" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229-229x300.jpg 229w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/688px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_229.jpg 688w" sizes="auto, (max-width: 190px) 100vw, 190px" /><figcaption>Abén Aboo</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez asesinado Abén Humeya, ascendió al trono morisco su primo <strong>Abén Aboo</strong>. No tardó en acercarse a los turcos, algo que los moderados seguían viendo como un error que dificultaría posibles negociaciones. En noviembre, el nuevo mando morisco reanudó la presión sobre el altiplano granadino y tomó la plaza de Galera. Aquello supuso un severo golpe para Felipe II, pues <strong>la frontera de Murcia corría serio peligro</strong>. Las plazas de Oria y Orce vivieron aquellos meses bajo mucha presión, y la última era de especial importancia porque era encrucijada entre Jaén, Murcia y Valencia. El bando cristiano salvó la situación por la participación de milicias jienenses y murcianas, que dieron oxígeno para que Juan de Austria preparara con más tiempo un nuevo ejército.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El hermanastro preparó sus tropas milicianas durante los dos últimos meses de 1569. Aunque sabía que eran poco fiables <strong>debía intervenir</strong> para controlar la situación, especialmente con Fajardo todavía acampado. Era una situación poco deseable para Juan de Austria, pero no tenía muchas más opciones. El hermanastro convenció al marqués para que saliera de La Calahorra y le ayudara a reducir Galera, a lo que accedió tarde y con airadas protestas. Mientras tanto, en Granada, el <strong>duque de Sessa</strong> sustituyó a <strong>Íñigo López de Mendoza</strong>, al que le arrebataron en 1570 de manera permanente su título de Capitán General de la región, aunque lo peor para la familia estaba por llegar.<br/></p>



<h2 class="wp-block-heading" id="la-campa-a-de-juan-de-austria">La campaña de Juan de Austria</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando Fajardo llegó al sitio de Galera en enero de 1570, Juan de Austria lo recibió con una dura noticia: sería sustituido por otro general tras la caída de la plaza. La decisión tenía sentido sin entrar a analizar quién tenía más o menos razón. Tras un año de guerra ya era más que evidente que sin unidad de dirección en el bando cristiano el conflicto podría enquistarse. Pero es probable que Juan de Austria errara, quizás por orgullo o exasperación, <strong>en el momento de transmitir la noticia</strong>; con un asedio por empezar no era la mejor idea. La respuesta de Fajardo fue contundente e irresponsable: abandonó el cerco el 18 de enero de 1570 sin previo aviso, lo que puso al resto de generales en peligro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para suerte del hermanastro, la partida de Fajardo no fue desastrosa y pudo comenzar el asedio el 24 del mismo mes. No se estrenó bien Juan de Austria a pesar de contar ahora con los tercios. El 27 intentó un asalto que costó muchas vidas y preocupó seriamente al general, tanto que, según el cronista <strong>Mármol Carvajal</strong>, “no paró en lágrimas ni en gemidos el dolor que Juan de Austria sintió cuando vio tantos cristianos muertos y heridos”. Tras mucho trabajo para continuar el asedio sin que las tropas perdieran su moral, el 7 de febrero consiguió reducir la plaza e impuso un castigo especialmente severo sobre los moriscos, que Mármol también relató: “…y ansí hizo matar a muchos en su presencia a los alabarderos de su guardia”. Aunque anteriormente Felipe II había declarado que se debía hacer la guerra “<strong>a sangre y a fuego</strong>”, tras Galera fue cuando algunos lo tomaron al pie de la letra. No iba a ser un paseo militar de los ejércitos de Juan de Austria y, como el conflicto se tornaba tan serio, Felipe II se trasladó a Córdoba y convocó a las Cortes para mejorar la financiación de la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al cruento asedio de Galera le siguió la toma de Serón el 27 de febrero, otro episodio de una violencia terrible. Estuvo precedido por unos enfrentamientos en los que murió <strong>Luis Quijada</strong>, hombre especialmente cercano al hermanastro del rey. La posterior toma de Serón fue su cruda venganza personal. La crueldad había estado bien presente desde el comienzo del conflicto, incluso desde antes si tenemos en cuenta los desmanes de los cristianos, el pillaje de los bandoleros y las razias berberiscas, pero <strong>aumentó gradualmente</strong> con el paso de los meses. Si en un principio el levantamiento no causó una frontera interior insalvable, el odio entre los dos bandos a estas alturas comenzaba a revelar un panorama diferente en las zonas afectadas por la rebelión.<br/></p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="3456" height="1889" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAaltiplanoalmanzora.jpg" alt="" class="wp-image-4643" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAaltiplanoalmanzora.jpg 3456w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAaltiplanoalmanzora-300x164.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAaltiplanoalmanzora-768x420.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAaltiplanoalmanzora-1024x560.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 3456px) 100vw, 3456px" /><figcaption>Principales enfrentamientos en el altiplano granadino y el valle del Almanzora |Rea Silvia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">En febrero, tras la victoria de Serón, el altiplano granadino <strong>quedó en manos cristianas</strong> y el siguiente paso era controlar el Almanzora, operación conjunta de Juan de Austria con el duque de Sessa. El punto clave para hacerse con el Almanzora fue la villa de Tíjola, que se tomó a principios de Marzo. Con este asedio terminaron los grandes enfrentamientos de la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A partir de este momento los rebeldes se refugiaron en las serranías, desde donde continuaron la rebelión con una estrategia más propia de guerrillas. Ese mismo mes <strong>comenzaron las expulsiones de los moriscos de paces</strong> de diferentes lugares. En parte era un paso más de la estrategia militar cristiana, pues se hizo con la idea de mantener segura la retaguardia de los ejércitos. De ahí que se expulsara a los moriscos de la Vega de Granada, Hoyas de Guadix y Baza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La expulsión incitó a elementos pacíficos a unirse a la rebelión o simplemente a huir a las sierras, donde muchos comenzarían a llevar vida de monfíes (bandoleros). Fue un drama para muchas familias y la consecuencia lógica de la victoria de la mano dura, tanto en la corte como en Granada. El colaboracionismo morisco con los insurrectos intranquilizaba al bando cristiano y era la idea que los halcones barajaban desde hacía meses. Era una situación difícil de manejar, pero buena parte de los insurrectos <strong>se levantaron debido a la crueldad de políticas de Estado</strong> y a los desmanes particulares de generales y soldados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El rebrote de bandoleros impulsó al bando cristiano a cambiar de paradigma para su reducción. Los ejércitos regulares no tenían posibilidad de luchar en serranías contra guerrillas que conocían mejor el terreno, atacaban por sorpresa y se reagrupaban con rapidez. Para hacer frente a esta situación <strong>crearon el sistema de cuadrillas</strong>, que tuvo éxito en un marco temporal que excedió el considerado fin del conflicto. En otro artículo profundizaremos en este sistema de «monfíes cristianos».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Debido a esta doble realidad de asedios y guerra de guerrillas <strong>hay que replantear el éxito de la reducción en el Almanzora</strong> desde la llegada de Juan de Austria. Es cierto que como guerra convencional la ganaba el bando cristiano con su gran ejército al mando del hermanastro (12.000 al partir de Granada, aunque en Serón quedaban poco más de 8.000), pero su efectividad se puso en duda incluso entonces. A pesar de ser un ejército imponente que obtuvo victorias, la guerra se trasladó pronto a las serranías donde eran más fuertes los alzados. Hay que tener en cuenta que Juan de Austria perdió casi la mitad de sus tropas, fue torpe al escoger el momento de fulminar a Fajardo (aunque lo mereciera) y su cruenta represión empujó a elementos pacíficos a unirse a los rebeldes, ya fuera por convicción o desesperación.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Íñigo López de Mendoza había entendido mejor el panorama general y conocía a los moriscos y sus tierras. Sabía que el uso de un ejército convencional no lo era todo y que las victorias militares debían ir acompañadas de diplomacia. Esta estrategia, como se apuntó, fracasó por motivos ajenos al antiguo Capitán General. La vía militar requería no sólo grandes golpes y asedios exitosos. A esto debía seguirle una estrategia diferente: una red de presidios y cuadrillas para hacer la guerra irregular al modo morisco y así demostrarles que <strong>las serranías no era un bastión irreductible</strong>. El propio Mendoza había propuesto estas medidas en la primavera de 1569 pero no fue escuchado. <em>Mutatis mutandi</em>, sus rivales copiaron parte de sus ideas un año después, pero sin atisbo de diplomacia: los rebeldes debían ser barridos del mapa; los que nunca se levantaron, expulsados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los moriscos conocían el terreno al luchar cerca de sus hogares y contaban con oficiales monfíes que sabían cómo combatir en estas circunstancias. Los cristianos tenían milicias concejiles indisciplinadas, compuestas de hombres sin experiencia en el combate y sin interés alguno en la contienda. <strong>Era un terreno complicado</strong>, con pasos de montaña tortuosos en los que los ejércitos del rey estaban expuestos a los ataques moriscos. En esta situación (como en todas), los tercios aportaban un apoyo moral enorme pero poca utilidad militar a pesar de su conocida capacidad de adaptación, más cuando el dinero escaseaba para pagarles.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="216" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Selim_II-216x300.jpg" alt="" class="wp-image-4651" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Selim_II-216x300.jpg 216w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Selim_II.jpg 360w" sizes="auto, (max-width: 216px) 100vw, 216px" /><figcaption>Selim II</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">En la primavera de 1570, Abén Aboo pidió ayuda de nuevo al sultán <strong>Selim II</strong>, quien le envió unos 4.000 soldados. Una ayuda nada desdeñable, aunque valga decir que el sultán no se movía por la <em>asabiya</em> (la solidaridad que mencionamos en el <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/" target="_blank">capítulo introductorio</a> de esta serie), sino que de nuevo <strong>quería alargar el conflicto</strong> para facilitar su avance por el Mediterráneo, cuyo objetivo seguía siendo Chipre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante todo este año la política internacional estuvo marcada por una tensa calma. Los conflictos seguían activos, pero la momentánea pausa en los Países Bajos posibilitó el envío de ayuda militar al rey francés para su lucha contra los hugonotes, además de una <strong>mayor dedicación y envío de recursos hacia el problema morisco</strong>. Sin embargo, esta calma fue usada por todos para reorganizar sus objetivos militares. En septentrión, los <a href="https://reasilvia.com/2014/11/monarquia-hispanica-rebeldes-flamencos/" target="_blank">nobles neerlandeses</a> (con ayuda inglesa) armaban flotas y ejércitos que no tardaron en crear verdaderos estragos a la Monarquía Hispánica. En el Mediterráneo, el poder preeminente seguía siendo el otomano a través de sus propias flotas y las de sus vasallos, aunque en estos momentos molestaron más a la Serenísima República de Venecia. Poco a poco los intereses cristianos confluirán y la Santa Liga estrechará lazos con Venecia. El camino otomano hacia Chipre fue el camino cristiano hacia Lepanto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo que pedía ayuda al Sultán, el rey morisco impulsó el levantamiento de la zona más occidental de Málaga, siempre intentando dividir frentes. <strong>Antonio de Luna</strong> partió hacia Ronda con órdenes de tomar moriscos, según relató el cronista <strong>Hurtado de Mendoza</strong>, “sin hacerles fuerza ni agravio o darles ocasión de tomar las armas, los pusiese en tierra de Castilla adentro”. Esta intervención se complicó y alargó incluso después del fin formal del conflicto. El intento de expulsión de los moriscos de paces, llevado a cabo con torpeza y exceso de violencia, <strong>envileció a la población</strong>. Aunque algunos monfíes permanecían activos en las sierras, se conoce que en Ronda los moriscos vivían en total normalidad (y esta era la tónica general de las serranías malagueñas). Habían sembrado en sus tierras, lo que se ha interpretado como muestra de que no tenían planeado ningún tipo de levantamiento. Estos moriscos de paces, indignados por las medidas cristianas, no dudaron en unirse a la rebelión.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="2868" height="2153" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAmalaga.jpg" alt="" class="wp-image-4644" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAmalaga.jpg 2868w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAmalaga-300x225.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAmalaga-768x577.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRAmalaga-1024x769.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 2868px) 100vw, 2868px" /><figcaption>El frente malagueño | Rea Silvia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Este levantamiento malagueño <strong>se alargó y enturbió todavía más debido a los cristianos viejos</strong>, ya que, según Hurtado de Mendoza, al irse “…Don Antonio, salió la gente de la comarca, Christianos viejos, a robar por los Lugares, mugeres, niños, ganados”, y la rebelión se extendió por la serranía de Ronda y Marbella y se enquistó de manera parecida al resto de focos rebeldes: grupos de monfíes muy activos y ejércitos reales que acabaron dividiéndose por cuadrillas en presidios. La poco levantisca Málaga se vio inmersa de lleno en la rebelión y la actividad monfí se extendió en estas tierras hasta la década de 1580.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="el-cruel-espejismo-de-la-paz">El espejismo de la paz</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pese a la ayuda otomana, que concentró a sus hombres en las Alpujarras, la guerra la seguía ganando el bando cristiano. Muchos moderados moriscos pensaban que era hora de entregar las armas. En abril de 1570 comenzaron las negociaciones por la paz entre uno de los generales de Aboo, <strong>el Habaquí</strong> (con el permiso del rey morisco), y el bando cristiano. Durante este mes y el siguiente la paz parecía una cuestión de tiempo, pero los moriscos más radicales y los otomanos se negaban a aceptar el trato, los unos por convicción y los otros porque al sultán no le interesaba. No obstante, el 2 de julio, el Habaquí embarcó a los turcos como uno de <strong>los últimos pasos hacia la paz</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El final estaba cerca, pero la relajación por este posible acuerdo fue visto por algunos como una oportunidad. Una parte de los rebeldes y el propio Abén Aboo recuperaron la esperanza cuando vieron que llegaban más barcos otomanos y berberiscos a las costas en un certero y retorcido movimiento del sultán, que simplemente quería tener a Felipe II ocupado en su propia casa. El rey morisco tramó el asesinato de su general y <strong>continuó la guerra con un ejército oxigenado por los refuerzos</strong>.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A mediados de julio, de nuevo, el mando morisco ordenó levantar diferentes frentes para dividir las fuerzas cristianas, especialmente en zonas donde se estaban produciendo las mayores expulsiones, como Ronda o Vélez. Pidió también la ayuda de Argel (que ya había ayudado a los sublevados, aunque al igual que los otomanos en beneficio propio: tomó Túnez a finales de 1569) y continuó con las negociaciones de paz en un intento de engañar a los cristianos. Pero a Abén Aboo no le duró mucho el engaño: en agosto el bando cristiano organizaba de nuevo la guerra, otra vez <strong>con un enorme cisma en su cúpula</strong>. En esta ocasión, Pedro de Deza (presidente de la Chancillería de Granada) y Juan de Austria fueron los actores; el primero acusó al hermanastro de tener una mano blanda con los moriscos<br/></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/696px-Luis_de_Requesens_y_Zúñiga_Museo_del_Prado-232x300.jpg" alt="" class="wp-image-4649" width="254" height="327"/><figcaption>Luis de Requesens</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">A finales del mismo mes las nuevas fuerzas estaban organizadas con Luis de Requesens, que entró en las Alpujarras mientras Sessa y Juan de Austria esperaban con sus ejércitos en Guadix a posibles huidos. En Málaga, Antonio de Luna reducía a los rebeldes y tiempo después lo sustituyó el <strong>duque de Arcos</strong>. Requesens mantuvo las Alpujarras en estado de guerra sin dar cuartel a ningún contingente morisco. En septiembre, lo único que quedaba eran reductos de rebeldes apostados en los puntos más inaccesibles de las sierras como monfíes. Esta situación se repetía en el Almanzora y en Málaga. A pesar de haber división en el mando, esta vez el bando cristiano <strong>actuó con rapidez simultáneamente</strong> en los diferentes frentes para evitar los errores del pasado.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A finales de agosto la guerra se dio por terminada pero <strong>la realidad fue más compleja</strong>. Aunque ya había comenzado en primavera, a finales de verano el bando cristiano desplegó una completa red de presidios que sustituyó de manera definitiva al ejército. Los presidios eran puntos fuertes que controlaban caminos y pasos de montaña para mantenerlos seguros, y las cuadrillas peinaban el terreno en busca de los monfíes que seguían en guerra. Esta realidad se extendió en el tiempo y a los otros puntos calientes de la rebelión. Su objetivo era, una vez aplastado el grueso del levantamiento, hacer segura la tierra para los futuros repobladores, pues la deportación total “tierra adentro” de los moriscos granadinos estaba sellada y comenzó en noviembre de 1570.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft is-resized"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Pedro_de_Deza-218x300.jpg" alt="guerra de granada pedro de deza" class="wp-image-4653" width="184" height="252" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Pedro_de_Deza-218x300.jpg 218w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Pedro_de_Deza.jpg 250w" sizes="auto, (max-width: 184px) 100vw, 184px" /><figcaption>Pedro de Deza</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Por otra parte, el conflicto entre palomas y halcones en el ámbito granadino no acabó en 1570 ni en los años siguientes. Los hombres de Deza depuraron Granada de los cercanos al hermanastro; no hay que olvidar que, a pesar de su mano dura, Juan de Austria era cercano a las palomas. El propio duque de Arcos, ahora Capitán General de Granada, estaba poco dispuesto a tomar medidas que no llegaran directamente del rey; no quería acabar en el ostracismo político o incluso peor como el conde de Tendilla, que fue condenado a galeras por Felipe II. Aunque este enfrentamiento de la corte y sus redes de clientelismo y patronazgo no había nacido de la guerra, <strong>el conflicto facilitó un escenario</strong> propicio para la fiera disputa de dichos intereses.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En enero de 1571, los rebeldes malagueños habían sido aplastados por el duque de Arcos y, en marzo, el líder monfí <strong>el Seniz</strong> llevó a Granada la cabeza de Abén Aboo como símbolo final de la derrota. La repoblación estaba lista para comenzar pero, a pesar de todo, importantes reductos de monfíes continuaron en estado de guerra. Los presidios siguieron en el Almanzora, las Alpujarras y Málaga durante años.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La guerra, más que terminar, <strong>había cambiado y se mantuvo viva</strong> en focos donde la crueldad continuó en aumento. Los enfrentamientos entre las cuadrillas y los monfíes fueron de los más violentos de todo el conflicto, un escenario donde todo se volvió más personal, crudo y oscuro. La idea defendida por <strong>Bernard Vincent</strong> de “guerra de los 100 años granadina” cobra todo su sentido en este momento. Aunque a ojos del mundo la tierra había quedado en paz (y esto era lo que Felipe II quería mostrar al exterior), muchos moriscos permanecieron en pie de guerra hasta finales de la centuria. E incluso tras las deportaciones “tierra adentro” el miedo a las conjuras y las rebeliones fue constante.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La persecución inquisitorial sobre los moriscos y el <strong>miedo a un nuevo levantamiento</strong> con colaboracionismo otomano (y protestante) se extendió en Castilla y Aragón. A pesar de la victoria cristiana en Lepanto en 1571 el tablero del Mediterráneo poco cambió, aunque a partir de 1580 los dos imperios mediterráneos pusieron sus miradas en zonas más septentrionales: <strong>Alejandro Farnesio</strong> se preparaba para realizar una intervención en las provincias rebeldes de los Países Bajos mientras los turcos guerreaban del lado polaco contra Rusia y fijaban sus ojos en la frontera con Persia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En algunas serranías del sur peninsular pequeños grupos de moriscos y las cuadrillas cristianas protagonizaban los últimos coletazos de una guerra que, si no acabó en 1571, murió lentamente durante las siguientes tres décadas. Los vencidos <strong>fueron repartidos por diferentes puntos</strong> de la geografía castellana para que dejaran de ser moriscos y se convirtieran, lejos de su tierra y su gente, en cristianos.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="bibliograf-a">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">-BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982, pp. 175-176.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.: <em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.: <em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-CARRASCO, R.: Peril otteman et solidarite morisque (la tentative de soulevemente des morisques des annes 1577-1587), Revue d’histoire maghrebine 15-16 (1982).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup> –</sup>DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.: <em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “La guerra de Granada entre guerra civil y “guerra justa””, en LÓPEZ-GUADALUPE, M.L. &amp; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (coords.): Realidades Conflictivas. Andalucía y América en la España del Barroco, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRAD, K.: “La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las alpujarras (1568-1571)”, <em>Miscelánea de estudios árabes y hebraicos</em> 5 (1956).</p>



<p class="wp-block-paragraph">-GARRIDO GARCÍA, C.J.: “Entre el colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos 63 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">-GONZÁLEZ PRIETO, F. &amp; RODRÍGUEZ, A.J.: “Miranda en Granada. El apercibimiento para las Alpujarras de 1569-1570”, Estudios Mirandeses 28 (2008).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C.: “The Battle of Lepanto and Its Place in Mediterranean History”, <em>Past &amp; Present</em> 57 (2011)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain”, <em>The American</em> <em>Historical Review </em>74 (1968)</p>



<p class="wp-block-paragraph">-HURTADO DE MENDOZA, D.: Guerra de Granada, Real Consejo, Valencia, 1776.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-JIMÉNEZ ESTRELLA, A.: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La Capitanía General del reino de Granada y sus agentes, Universidad de Granada, Granada, 2004.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.: <em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–PARKER, G.: <em>España y la rebelión de Flandes</em>, Nerea, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–REGLÁ, J.: “La cuestión morisca y la coyuntura internacional en tiempos de Felipe II”, <em>Estudios de</em> <em>Historia Moderna </em>3 (1953).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V: <em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.): <em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-SPIVAKOVSKY, E: “Un episodio de la Guerra contra los moriscos: la pérdida del Gobierno de la Alhambra por el V Conde de Tendilla”, Hispania 118 (1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em> Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)” <em> Estudios sobre el mundo</em> <em>árabe e islámico contemporáneo </em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>El Río Morisco,</em> Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>La guerra de Granada (I), 1568-1569</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2018 08:07:11 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Lo que en un principio fue un limitado levantamiento morisco durante las navidades de 1568 se convirtió, en unos pocos meses, en una guerra civil en la corona castellana</p>
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<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">El camino hacia el <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/" target="_blank" rel="noopener">levantamiento morisco</a> de 1568 se remonta al fin de la conquista del Reino Nazarí de Granada en 1492. La tensa convivencia durante las siguientes décadas y una pragmática antimorisca que colmó el vaso en 1567 llevaron la situación al extremo. Una parte de los moriscos pidió en varias ocasiones que se cancelara la pragmática o parte de ella, otra <strong>se preparaba para una rebelión</strong> cuyo fin era crear un Estado musulmán en la Península Ibérica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras unas deliberaciones poco amistosas entre varios grupos rebeldes el 23 de diciembre de 1568, <strong>Hernando de Válor</strong> tomó el nombre de <strong>Abén Humeya</strong> (por un supuesto parentesco con los omeyas) y fue proclamado rey de los moriscos. El tintorero <strong>Farax Aben Farax</strong> (según él, descendiente de los abencerrajes), convertido en uno de los líderes de la rebelión, fue enviado a levantar el barrio granadino del Albaicín esa misma noche, pero los moriscos urbanos de Granada se opusieron a las demandas de los rebeldes. El levantamiento, que se convirtió en una guerra, había comenzado.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="navidades-sangrientas">Navidades sangrientas</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una vez que comenzó el levantamiento, las bandas de monfíes se sumaron y algunos de estos grupos, capitaneados por populares líderes como <strong>el Seniz</strong>, no tardaron en perpetrar martirios y matanzas extremadamente crueles sobre cristianos. La<strong> violencia</strong> y la<strong> crueldad</strong> acompañaron a la rebelión desde el primer momento y el bando cristiano respondió pronto con la misma moneda en unas <em>navidades sangrientas</em>.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="224" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204-224x300.jpg" alt="guerra granada moriscos aben humeya" class="wp-image-4576" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204-224x300.jpg 224w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/672px-Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_204.jpg 672w" sizes="auto, (max-width: 224px) 100vw, 224px" /><figcaption>Abén Humeya</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">La perspectiva para Abén Humeya era difícil: debía conseguir la victoria contra el monarca con el mejor ejército del momento (aunque los tercios estaban en Flandes e Italia y las tropas se compusieron de levas sin disciplina) y debía organizar el territorio y su gobierno; <strong>controlar a los elementos radicales</strong> (como los moriscos de Farax o a los comandados por los citados monfíes) y convencer a los moriscos de paces.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el comienzo el levantamiento se concentró en torno a la cara sur de Sierra Nevada: las Alpujarras y sus extremos este y oeste. Entrañó un peligro considerable para el valle del Lecrín y Motril y el del Andarax y Almería, dos posibles <strong>cabezas de playa para recibir refuerzos</strong> de los berberiscos y los otomanos (aunque en estos momentos no hubo acuerdo de ayuda con el sultán). En la cara norte de Sierra Nevada se levantó el Cenete que puso en serio peligro Guadix, importante conexión con Granada, Baza y el Marquesado de los Vélez. La anécdota fue Istán, en Málaga, donde un grupo de moriscos también se levantó. Pero esta fase de la rebelión fue esencialmente alpujarreña: una escarpada región formada por valles y barrancos en la cara sur de Sierra Nevada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las tropas del bando cristiano <strong>tardaron días en reaccionar</strong>. Dejaron a los rebeldes tiempo para ganar plazas y realizar saqueos, matanzas y tomar rehenes (muchos de los cuales acabaron degollados). En enero el marqués de los Vélez, <strong>Luis Fajardo</strong>, tenía a su ejército preparado para marchar a las Alpujarras. Sus motivaciones eran plenamente egoístas: ganarse el favor del rey para ampliar su marquesado, obtener títulos y, en especial, quedar por encima del marqués de Mondéjar (<strong>Íñigo López de Mendoza</strong>), su rival en la represión de la rebelión y enemigo de su linaje.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="3432" height="2441" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRA1.1.jpg" alt="guerra granada alpujarras" class="wp-image-4611" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRA1.1.jpg 3432w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRA1.1-300x213.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRA1.1-768x546.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/GRANADAGUERRA1.1-1024x728.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 3432px) 100vw, 3432px" /><figcaption>Principales enfrentamientos en esta fase de la rebelión | Rea Silvia</figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Fajardo entró en la contienda por petición de<strong> Pedro de Deza</strong>, el presidente de la Chancillería de Granada, punta de lanza los “letrados” granadinos, grupo ascendente de la nueva administración de <strong>Felipe II</strong>, cuyas directrices venían de <strong>Diego de Espinosa</strong>, presidente del Consejo de Castilla e Inquisidor General. Este grupo, estrechamente ligado a los halcones de la corte (recientemente impuestos frente a las palomas, es decir, mano dura frente al pactismo), se opuso a la patrimonialización de los cargos granadinos por parte de los Mendoza (favorables al grupo de las palomas), cuyo pater familias (Íñigo), ocupaba el cargo de Capitán General de Granada. La <strong>división en el bando cristiano</strong> también estuvo presente desde antes de que comenzara el conflicto, aunque en este momento la rivalidad sirvió para tener los ejércitos preparados con cierta rapidez tras el corto letargo inicial.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="219" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa-219x300.jpg" alt="guerra granada moriscos espinosa" class="wp-image-4577" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa-219x300.jpg 219w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/Cardenal_Diego_de_Espinosa.jpg 250w" sizes="auto, (max-width: 219px) 100vw, 219px" /><figcaption>Diego de Espinosa</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">El 4 de enero del recién estrenado año, Fajardo salió con sus tropas hacia la franja oriental de las Alpujarras y, el 5 del mismo mes, Mendoza hizo lo propio en dirección al occidente alpujarreño. Fajardo se trasladó con su ejército a Tabernas, donde permaneció unos días a la espera del permiso real para entrar a Granada (aunque de hecho ya había entrado para dar apoyo estratégico y moral a Almería). Finalmente, el 11 de enero, abastecido, reforzado y con permiso, el marqués partió hacia las Alpujarras <strong>tras haber tranquilizado Almería</strong> (ciudad que contaba con casi la mitad de población morisca). Durante estos días las milicias de Guadix vencieron a los moriscos del Cenete, que se refugiaron en las serranías. La rebelión quedó concentrada en las Alpujarras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mendoza había atacado antes (no necesitaba permiso alguno para moverse con total libertad) y había conseguido para el 9 de enero <strong>poner cierto orden en el valle del Lecrín</strong>. El Capitán General llegó a las puertas de las Alpujarras, con lo que dio tranquilidad a la ciudad de Granada (fue su hijo, el conde de Tendilla, quien coordinó desde Granada las operaciones en el Cenete) y salvó la ruta hasta Motril. Fajardo, tras ganar en Huécija y Santa Cruz, se posicionó en la otra entrada natural hacia el núcleo sedicioso el 13 de enero. Los grandes rivales <strong>cercaban a los moriscos</strong> en las Alpujarras poco a poco. La situación parecía favorable para el bando cristiano, sin embargo, las cosas se torcieron pronto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las diferencias en la dirección de ambos bandos rompieron por completo la dinámica belicista;<strong> la situación se estancó</strong>. En el seno de los moriscos los radicales seguían perpetrando acciones crueles que no gustaban a Abén Humeya y que dificultaban un posible entendimiento con los cristianos. Además, el sector más moderado pactó la reducción con Mendoza el 19 de enero. El rey morisco debía depurar ambos bandos si no quería perder el control de la situación, a riesgo de crear nuevos enemigos en el proceso. Además, el ejército de Fajardo alimentó a los radicales con los desmanes que los soldados perpetraron en la toma de Felix el 19 de enero. La batalla fue cruel de por sí, pues murieron 700 moriscos, pero el pillaje y los desmanes se prolongaron hasta el día siguiente en lo que fue uno de los capítulos más sanguinarios del conflicto. La falta de disciplina aumentó entre las tropas de Fajardo cuando los suministros comenzaron a escasear, lo que dio paso a la deserción.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="244" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-244x300.jpg" alt="guerra granada moriscos felipe II" class="wp-image-4578" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-244x300.jpg 244w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b-768x945.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/800px-Portrait_of_Philip_II_of_Spain_by_Sofonisba_Anguissola_-_002b.jpg 800w" sizes="auto, (max-width: 244px) 100vw, 244px" /><figcaption>Felipe II</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Esta indisciplina es, no obstante, matizable. Aunque pareciera evidente en el ejército de Fajardo, <strong>Felipe II permitió el saqueo a población morisca</strong> para abastecer a las tropas, así como la esclavitud de moriscos (aunque no la de niños, muy extendida pese a todo). Esta permisividad no era una incitación a dedicarse en exclusiva al saqueo y olvidar las acciones militares (como muchos en el ejército de Fajardo hicieron antes o después, sin olvidarnos de los aventureros), pero tampoco podemos ignorar la importancia del botín en una guerra cruel donde la soldada no siempre se cobraba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para suerte de Fajardo, su ejército no se descompuso gracias a los constantes refuerzos, lo que le permitió continuar en la guerra. El marqués trató con mano dura a sus soldados: dio órdenes de no saquear las propiedades ni hacer a ningún morisco esclavo, pero desde la toma de Felix <strong>el pillaje aumentó con el paso de los días</strong>. Lo que consiguió Fajardo con sus medidas disciplinarias fue la enemistad de la tropa. De hecho, en la batalla de Ohanes el 1 de Febrero, todo lo visto en Felix llegó a cotas insospechadas con 1.000 moriscos muertos de los 2.000 que entablaron combate. Claro que las tropas del marqués llegaron a Ohanes con la noticia de 73 cristianas degolladas. La crueldad se había convertido ya en una piedra angular de esta guerra e influyó de manera evidente entre las tropas de ambos bandos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mendoza consiguió, desde mediados de Enero, arrinconar a los moriscos en la zona oriental de las Alpujarras, donde estaba Fajardo para encajonarlos en Ohanes, lo que dejaba la rebelión prácticamente aplastada. Pero los botines conseguidos en Felix y Ohanes volvieron a las tropas del marqués de los Vélez incontrolables.<strong> La insubordinación desestabilizó el curso de la guerra</strong>; los moriscos de paces, indignados, se sumaban a la rebelión al ritmo que las tropas del bando cristiano saqueaban y asesinaban.</p>



<figure class="wp-block-image"><img loading="lazy" decoding="async" width="2048" height="549" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/guerra-granada.jpg" alt="guerra granada moriscos alpujarras" class="wp-image-4582" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/guerra-granada.jpg 2048w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/guerra-granada-300x80.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/guerra-granada-768x206.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/guerra-granada-1024x275.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 2048px) 100vw, 2048px" /><figcaption>El paisaje alpujarreño | <a href="https://www.flickr.com/photos/spanish-mark/39606284862/" target="_blank" rel="noopener">Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Por si fuera poco, las deserciones hacían creer a los rebeldes que <strong>podrían alcanzar la vitoria</strong>. El episodio de abandono más vergonzoso para el marqués de los Vélez tuvo lugar en Terque (muy cerca de Huécija), donde su ejército se descompuso en el campamento tras no encontrar provisiones. Muchos de estos soldados tenían ya botín suficiente para volver a sus hogares con las manos llenas. Además, algunos entendían su inactividad en el campamento de Terque y el repliegue de Mendoza (que daba marcha atrás para negociar la paz) como una muestra de que la rebelión tocaba a su fin. Los que no tenían botín suficiente marchaban a probar suerte asaltando a familias moriscas que marchaban a la costa para huir al norte de África, un negocio más provechoso y menos peligroso que la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ejército de Fajardo había quedado totalmente diezmado por las deserciones y su participación en la guerra entró en una desesperante pausa. En Terque finalizó lo que se ha considerado como la primera fase del levantamiento que, a pesar de ser corto, <strong>empeoró dramáticamente la vida de la población</strong>: los caminos dejaron de ser seguros, los antiguos vecinos se degollaban y mortificaban y los efímeros ejércitos mandados por el rey se comportaban como bandoleros o, en el mejor de los casos, aventureros. El bando cristiano no contaba con unidad de dirección y los dos generales del momento mostraban formas totalmente opuestas de afrontar la rebelión mientras que, en el morisco, las cosas no eran mejores en este sentido.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="comp-s-de-espera">Compás de espera</h2>



<p class="wp-block-paragraph">El tiempo muerto que supuso la descomposición del ejército de Fajardo y las negociaciones por la paz de Mendoza se convirtió, en realidad, en un compás de espera: este precioso tiempo permitió a Abén Humeya reorganizar la situación y decidió acercarse al <strong>sector más radical de los rebeldes</strong>. En este plan de organización buscó, por primera vez, una alianza con Argel y el Imperio Otomano. La necesidad más importante era la de mejorar el ejército morisco, que iba a caballo entre el bandolerismo y las milicias. Para ello era indispensable que los estados musulmanes vecinos aportaran oficiales para mejorar el mando y así plantar mejor cara a los cristianos, quienes a pesar de ser milicianos sedientos de botín estuvieron cerca de acabar con la rebelión. Era también importante levantar otros puntos de la geografía granadina para abrir más frentes y darle un respiro a las Alpujarras, encajonadas entre los dos ejércitos de Felipe II.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre febrero y marzo hubo una falsa paz con fogonazos de violencia. Mientras Mendoza trataba de pactar el fin del conflicto, los desertores y aventureros del frente oriental perpetraban<strong> atropellos sobre los moriscos de paces</strong>. La situación en Granada no ayudaba. Pedro de Deza se enzarzó en disputas con el conde de Tendilla sobre cómo tratar la reducción: mientras el primero optaba por una vía dura, el segundo emulaba a su padre con una visión más pactista. Deza estuvo cerca de expulsar a los moriscos del Albaicín y repartirlos lejos de Granada, aunque tuvo que contentarse con arrestos indiscriminados y la reapertura de pleitos olvidados. Las riñas entre los poderes granadinos acabaron con una turba de cristianos asaltando la cárcel de la Chancillería de Granada, linchando y asesinando moriscos con la participación del alcaide, como describe Mármol Carvajal:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Con este aviso tan particular llamó el alcaide algunos amigos y deudos suyos, y les rogó que le acompañasen aquella noche con sus armas.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">El tiempo muerto de las acciones militares y la efervescencia de actos violentos de los cristianos dieron al traste con una posible paz y Abén Humeya sumaba moriscos de paces hartos de los desmanes. Las noticias sobre la <strong>esclavitud y la venta de bienes robados a los moriscos</strong> en los mercados de Almería y Murcia dificultaron aún más la situación. Esta esclavitud comenzó a ser una verdadera tragedia que Mármol describe bien en las siguientes líneas:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>…se los llevaron por esclavos: tan grande era la cudicia de nuestra gente, que cuanto veían delante de los ojos, así de amigos como de enemigos, todo se lo quería apropriar, y les pesaba porque no se acababa de levantar todo el reino para tener que captivar y robar.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">A finales de marzo se reanudaron las operaciones militares; la rebelión había vuelto sin ningún género de duda y se convertía en algo más serio que un levantamiento limitado. Estas noticias preocuparon en Madrid a un Felipe II ya perturbado por la muerte de su tercera esposa y del príncipe <strong>Carlos</strong>. Los otomanos retomaron sus actividades en el Mediterráneo (aunque estaban pendientes de sus propias acciones militares y todavía no enviaron ayuda militar a los moriscos). Desde 1568, además, la monarquía emprendió una guerra comercial contra Inglaterra que dinamitó las relaciones con las provincias flamencas rebeldes (el conflicto empeoró su economía) de lo que surgió una alianza entre flamencos e ingleses contra Felipe II. <strong>La situación internacional iba a peor año tras año</strong> y en el seno de la monarquía había una verdadera rebelión, una guerra civil que mostraba debilidad a los enemigos del Habsburgo.</p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignleft"><img loading="lazy" decoding="async" width="260" height="300" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg" alt="guerra granada moriscos juan de austria" class="wp-image-4579" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait-260x300.jpg 260w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/09/John_of_Austria_portrait.jpg 640w" sizes="auto, (max-width: 260px) 100vw, 260px" /><figcaption>Juan de Austria</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">Entretanto, en Granada, las diferencias en el alto mando enviaron al ostracismo político a los Mendoza. El padre quedó relegado de la Capitanía General de Granada y el hijo aislado en su cargo en la Alhambra. Felipe II envió a <strong>Juan de Austria</strong> a la capitanía general (aunque el hermanastro del rey era próximo a los ebolistas, se mostró más duro que Mendoza). Los consejeros en Granada de Juan de Austria (del ámbito de los halcones) plantearon la redistribución de los moriscos para aislarlos, cortar lazos entre ellos y llevar a cabo la aculturación de forma implacable. <strong>La mano dura se impuso</strong> como nunca antes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras en el alto mando cristiano cambiaba la balanza del poder, Abén Humeya <strong>recuperaba el terreno perdido</strong> en las Alpujarras. No le fue difícil encontrar descontentos por los desmanes de las tropas del bando cristiano. Pudo convencer a moriscos malagueños de Vélez-Málaga y Bentomiz de unirse al renacido levantamiento, cuya acción se basó en la concentración en puntos fuertes de las sierras cercanas. A pesar de que la violencia aumentaba, el cronista Hurtado de Mendoza describe el frente malagueño como poco sangriento:</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>no hicieron los excesos que en el Alpuxarra, antes contentandose con recoger la ropa a lugares fuertes sin hacer daños, echaron vando que ninguno matase o cautivase Christiano, quemase Iglesia, tomase bienes de Christianos o de Moros que no se quisiesen recoger con ellos.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Para contar con los radicales, Abén Humeya tuvo que realizar una fuerte depuración del bando moderado. Entre abril y mayo el bando morisco se rehízo y Fajardo quiso aprovechar para entrar con sus tropas (por fin recompuestas) en las Alpujarras. Bordeó la Sierra de Gádor para desbaratar el nuevo levantamiento de los moriscos pero Juan de Austria le ordenó que parase. La orden le llegó al marqués cuando estaba en Berja, <strong>situación estratégica</strong> que sin haberlo planeado daba al traste con las intenciones del rey morisco, quien quería usar la plaza para llegar al litoral y establecer una cabeza de playa para la entrada de refuerzos extranjeros. Era el único paso posible para cumplir el objetivo de Humeya y él mismo dirigió un ataque total sobre la plaza.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El ataque sobre Berja, la noche del 2 de junio, fue una <strong>victoria total de la infantería de Fajardo</strong>, que resistió en las calles de la villa mientras la caballería, dirigida por el propio marqués y sus hombres de confianza, realizó serios estragos entre las filas moriscas. El encuentro se saldó con unos 1.400 moriscos caídos y tan sólo 20 cristianos muertos, aunque sí con numerosos heridos. Fajardo recibió la felicitación de Felipe II, a quien informó puenteando a su inmediato superior, Juan de Austria. El marqués demostraba su hambre de fama y poder cada vez que tenía ocasión, algo que no tardó en traerle problemas con el hermanastro del rey.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El levantamiento hasta este momento estuvo limitado a las Alpujarras y apenas otros dos focos de poca importancia y alcance. En este territorio donde, como explicamos en el <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/" target="_blank">capítulo introductorio</a> de esta serie, la convivencia entre cristianos viejos y nuevos fue menor es donde los rebeldes más apoyos encontraron. No obstante, la escalada de violencia con salvajes saqueos y asesinatos entre ambos bandos convenció a muchos moriscos de paces de sumarse al levantamiento que, en un principio, contó con unos escasos 4.000 efectivos. Esta violenta realidad alimentó el conflicto y desveló lo que <strong>en realidad era una guerra civil</strong> que amenazaba con durar varios años y dejar terribles secuelas.</p>



<h2 class="wp-block-heading" id="bibliograf-a">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">-BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO, R.: Moriscos y cristianos en el condado de Casares, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, Córdoba, 1982, pp. 175-176.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.: <em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.: <em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-CARRASCO, R.: Peril otteman et solidarite morisque (la tentative de soulevemente des morisques des annes 1577-1587), Revue d’histoire maghrebine 15-16 (1982).</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup> –</sup>DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.: <em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-FERNÁNDEZ CHAVES, M.F. &amp; PÉREZ GARCÍA, R.M.: “La guerra de Granada entre guerra civil y “guerra justa””, en LÓPEZ-GUADALUPE, M.L. &amp; IGLESIAS RODRÍGUEZ, J.J. (coords.): Realidades Conflictivas. Andalucía y América en la España del Barroco, Universidad de Sevilla, Sevilla, 2012.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-FERNÁNDEZ CHAVES &amp; M.F., PÉREZ GARCÍA, R.M.: “Los otros niños de la guerra. La Guerra de Granada y la infancia morisca”, Andalucía en la Historia 27 (2010).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRAD, K.: “La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las alpujarras (1568-1571)”, <em>Miscelánea de estudios árabes y hebraicos</em> 5 (1956).</p>



<p class="wp-block-paragraph">-GARRIDO GARCÍA, C.J.: “Entre el colaboracionismo y la rebelión: el morisco Hernando el Habaquí”, Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos 63 (2014).</p>



<p class="wp-block-paragraph">-GONZÁLEZ PRIETO, F. &amp; RODRÍGUEZ, A.J.: “Miranda en Granada. El apercibimiento para las Alpujarras de 1569-1570”, Estudios Mirandeses 28 (2008).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C.: “The Battle of Lepanto and Its Place in Mediterranean History”, <em>Past &amp; Present</em> 57 (2011)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain”, <em>The American</em> <em>Historical Review </em>74 (1968)</p>



<p class="wp-block-paragraph">-HURTADO DE MENDOZA, D.: Guerra de Granada, Real Consejo, Valencia, 1776.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-JIMÉNEZ ESTRELLA, A.: Poder, ejército y gobierno en el siglo XVI. La Capitanía General del reino de Granada y sus agentes, Universidad de Granada, Granada, 2004.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.: <em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–PARKER, G.: <em>España y la rebelión de Flandes</em>, Nerea, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–REGLÁ, J.: “La cuestión morisca y la coyuntura internacional en tiempos de Felipe II”, <em>Estudios de</em> <em>Historia Moderna </em>3 (1953).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V: <em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.): <em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-SPIVAKOVSKY, E: “Un episodio de la Guerra contra los moriscos: la pérdida del Gobierno de la Alhambra por el V Conde de Tendilla”, Hispania 118 (1971).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em> Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)” <em> Estudios sobre el mundo</em> <em>árabe e islámico contemporáneo </em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>El Río Morisco,</em> Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
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		<title>El camino hacia el levantamiento morisco de 1568</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Álvaro Bermúdez Caballero]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Jul 2018 07:33:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El siglo XVI fue duro para los moriscos y cristianoviejos de Granada, dos bandos entre los que había una frontera interior difícil de salvar pero, ¿eran irreconciliables?</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p class="has-drop-cap wp-block-paragraph">La noche del 23 de Diciembre de 1568, un grupo de moriscos al mando de <strong>Farax Aben Farax</strong> trató de levantar (de manera fallida) el barrio granadino del Albaicín. Comenzó aquel día un levantamiento concentrado al principio en la Alpujarra granadina pero que, en un violento discurrir hasta 1571, <strong>acabó por convertirse en una guerra civil</strong> que afectó a todo el antiguo Reino Nasrí (de la actual Málaga a Almería). Las consecuencias del conflicto se notaron muy pronto en el resto de Andalucía y también en buena parte de Castilla: levas de reclutamiento, subida de impuestos y, al terminar la rebelión, una reubicación de los vencidos por buena parte de la geografía castellana.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante las <em>Navidades Sangrientas</em> de 1568 emergió una violencia que evidenció la <strong>frontera interior </strong>(idea muy usada por Bernard Vincent) existente en la Monarquía Hispánica entre moriscos y cristianoviejos. Aunque bajo el reinado de <strong>Carlos V</strong> ambas partes parecían haber llegado a un entendimiento, a un pacto tácito, todo se derrumbó en aquellas navidades.</p>



<h2 class="wp-block-heading">¿Fue real el quintaconlumnismo morisco?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">La frontera interior entre la población fue alimentada en un juego de vencedores y vencidos a lo largo del siglo XVI. Una parte de la población morisca no se contentó, simplemente, con aceptar su nueva vida como cristianos (tras conversión forzosa). Algunos se echaron al monte y llevaron vida de bandoleros (monfíes) y otros cruzaron el mar para llevar una nueva vida en África (de los cuáles, algunos se dedicaron a la piratería berberisca). <strong>La mayoría se quedó en el que era su hogar</strong> y llevaron la vida que habían llevado sus antepasados. Pero a lo largo de la centuria monfíes y berberiscos atacaron más mientras que los otomanos avanzaban con fuerza en el Mediterráneo. ¿Era una gran conspiración anticristiana dirigida desde Estambul? ¿Harían los moriscos granadinos de quinta columna del otomano? Ahora sabemos que no era así, pero en aquel momento el miedo de los cristianos ante esta posibilidad era comprensible.</p>



<figure class="wp-block-image size-full wp-image-4274"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Reino_nazar%C3%AD_de_Granada#/media/File:Reino_de_Granada.svg"><img loading="lazy" decoding="async" width="854" height="513" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Screenshot_2018-07-27-Reino-de-Granada-Reino-nazarí-de-Granada-Wikipedia-la-enciclopedia-libre.png" alt="rebelion alpujarras reino nazari" class="wp-image-4274" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Screenshot_2018-07-27-Reino-de-Granada-Reino-nazarí-de-Granada-Wikipedia-la-enciclopedia-libre.png 854w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Screenshot_2018-07-27-Reino-de-Granada-Reino-nazarí-de-Granada-Wikipedia-la-enciclopedia-libre-300x180.png 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Screenshot_2018-07-27-Reino-de-Granada-Reino-nazarí-de-Granada-Wikipedia-la-enciclopedia-libre-768x461.png 768w" sizes="auto, (max-width: 854px) 100vw, 854px" /></a><figcaption>Antiguo Reino Nasrí de Granada, zona por la que se extendió la violencia armada lo largo de la rebelión | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras#/media/File:Rebeli%C3%B3n_de_Las_Alpujarras.png" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">No hubo colaboración entre moriscos y otomanos hasta bien entrada la rebelión morisca (y fue muy limitada), pero en aquel momento no era descabellado pensar que había algo más. La piratería berberisca y el bandidaje monfí crecían al compás que los otomanos impusieron en el Mediterráneo. Desde 1538 <strong>Solimán el Magnífico</strong> había desarrollado una política agresiva en el sobredicho mar. En 1551&nbsp; arrebataron a la Orden de los Caballeros de San Juan (aliado de la Monarquía Hispánica) la ciudad de Trípoli. Tres años más tarde el Peñón de Vélez pasó a manos de Argel, aliado vital de los otomanos (el Imperio Turco se había hecho a lo largo de esta centuria con el control diplomático del Magreb) y, en 1558, las fuerzas otomanas, al mando de <strong>Pialí Pachá</strong>, tomaron Ciudadela en Menorca, destrozando por completo las defensas costeras de la isla. Dos años más tarde, la Santa Liga se hizo con Yerba, pero la contundente respuesta otomana en la Batalla de los Gelves ese mismo año hundió a la flota cristiana, con fuerzas españolas involucradas. Esta situación en el Mediterráneo agravó el miedo al quintacolumnismo morisco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mismo tiempo, los piratas berberiscos <strong>aumentaron notablemente su actividad</strong> sobre las costas del Levante español, ayudados en muchos casos por moriscos exiliados entre los piratas y por monfíes. Durante el siglo XVI los berberiscos perpetraron centenares de ataques con complicidad, también, de población morisca viviendo en suelo de la Corona castellana, algo de sobra sabido por los cristianos viejos. No quiere decir esto que la mayoría de moriscos colaborara con los piratas, pero los que lo hicieron contribuyeron de manera esencial al aportar información vital para las incursiones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La ayuda de los moriscos granadinos a los monfíes y a los piratas berberiscos existió desde la toma de Granada en 1492, pero se fue intensificando hasta convertirse en <strong>un problema grave</strong> a mediados del XVI. Esta situación era intolerable para los cristianos viejos. Se trataba de un crimen contra el Rey, contra sus vecinos y contra Dios, pues estos colaboracionistas eran en criptomusulmanes.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Todo esto introdujo en los cristianos viejos el <strong>miedo al quintacolumnismo</strong>. Aunque es cierto que no había contactos constantes ni planes de tomar la Península junto con los otomanos (pero insistimos, en este momento no era tan evidente), una parte de los moriscos sí formaba una quinta columna de piratas berberiscos y monfíes. Para la población cristianovieja era lógico pensar en los moriscos como enemigos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Solidaridad y resistencia entre los moriscos</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Pero, ¿por qué ayudaban los moriscos a los piratas y bandidos? Ayudar a los enemigos del mayor imperio del momento que contaba con el ejército más temido y con una de las mejores flotas del orbe era andar por el filo de la navaja. Los moriscos debían estar muy convencidos de lo que hacían o en una situación demasiado crítica como para quedarse de brazos cruzados. En efecto, la circunstancia morisca tenía bastante de lo primero y también una buena parte de lo segundo. Además contaban con unos mecanismos para establecer una solidaridad entre pueblos y <strong>resistir como musulmanes</strong> en un entorno dominado por otra religión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los musulmanes estaban familiarizados con el concepto de <em>asabiya </em>(de hecho<strong> Ibn Jaldún</strong> lo había popularizado más de un siglo atrás)<em>;</em> una especie de <strong>solidaridad como pueblo</strong>, no sólo como familia o como clan. En este caso se trata de una cohesión como grupo ante la opresión cristiana, especialmente en ámbitos de serranía. Los moriscos eran el bando vencido y conquistado desde 1492 y, tras años de ocupación (10 en el caso castellano, y 30 en el aragonés), convertidos forzosamente al cristianismo. A pesar de la conversión siguieron pagando más impuestos y teniendo menos derechos que el resto de los súbditos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para una parte de los moriscos la guerra nunca había terminado y, de hecho, <strong>Bernard Vincent</strong> habla de <strong><em>guerra de los 100 años granadina</em></strong>: en el cambio de siglo ya hubo una muy seria rebelión mudéjar (previo intento de conversión forzosa del <strong>Cardenal</strong> <strong>Cisneros</strong>, en contra de lo acordado en las capitulaciones de Granada) que fue aplastada, así como otros intentos a lo largo de la centuria que no se concretaron. ¿Fue una resistencia, una falsa paz? Es una propuesta interesante que demuestra el fértil campo de investigación y debate ante nosotros. Sea más o menos verosímil esta idea, lo que está claro es que la conquista de Granada generó una frontera interior entre cristianos y musulmanes que, década tras década, se hizo más evidente. Es una situación que se presta a diversas interpretaciones y que puede tener sentido en un marco con problemas sin resolver y con diferentes episodios de violencia de distinto grado que se extienden durante unos 100 años. Desde luego, los orígenes de la problemática están en 1492 y la política aculturadora de los Reyes Católicos desde la conversión forzosa en 1502. Perspectivas de larga duración que analicen la situación como un conflicto sin solución de continuidad y con diferentes avatares de violencia enriquecen, qué duda cabe, el debate sobre la cuestión.</p>



<figure class="wp-block-image size-full wp-image-4269"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras#/media/File:Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="2648" height="1769" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg" alt="rebelion alpujarras Weiditz Trachtenbuch" class="wp-image-4269" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg 2648w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-300x200.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-768x513.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Weiditz_Trachtenbuch_097-098-1024x684.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 2648px) 100vw, 2648px" /></a><figcaption>Vestidos de paseo de mujeres moriscas en 1529 | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Rebeli%C3%B3n_de_las_Alpujarras#/media/File:Weiditz_Trachtenbuch_097-098.jpg" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">También es clave comprender el término <em>taquiyya.</em> Se trata de una mecanismo para <strong>simular una fe impuesta</strong> mientras se siga siendo musulmán en el fondo del corazón. Es decir, el islam permite practicar otras religiones en caso de correr peligro, dando a los moriscos una enorme tranquilidad y paz interior. Pero esto no significaba resignarse y rendirse por completo. Teniendo en cuenta estos dos mecanismos de resistencia y solidaridad, se comprende mejor el comportamiento morisco; que una parte (algunos se convirtieron de verdad al cristianismo) permaneciera como musulmanes a lo largo del siglo y que otra luchara de diferentes modos por lo que consideraban justo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para algunos no fue suficiente vivir como musulmanes en un entorno cristiano. Estos descontentos fueron la punta de lanza de la quinta columna, los enlaces entre los berberiscos y los moriscos no huidos. La palabra más precisa para definirlos sería la de <em>desterrados</em>, más que exiliados. Entendían que habían sido<strong> forzados a salirse del nuevo orden cristiano</strong> para poder vivir en paz consigo mismos. Estos <em>desterrados</em> (monfíes y huidos a Berbería) eran vistos por los moriscos como hombres santos. Por todo esto, en parte, ayudaban a los bandidos y piratas. Para los cristianos era alta traición, pero los moriscos se habrían traicionado de no haberlo hecho. De todos modos, esto no quiere decir que toda la población morisca actuara como solo bloque ni que el antiguo Reino Nasrí fuera un avispero constantemente agitado, hubo muchos moriscos <em>de paces </em>que no fueron quinta columna y no se unieron al levantamiento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para entender mejor el transcurso del conflicto (que narraremos en futuros artículos) es necesario remarcar que había varios escalones de solidaridad. La más amplia era la de comunidad, donde se encuentra una doble diferenciación: nación y naturales. Con nación entendían que existía una solidaridad a escala nacional (moriscos aragoneses) e internacional (norte de África y otomanos), lo que dio mucha esperanza a los rebeldes. Con naturales, entendían que ellos eran originarios de la Península Ibérica, o al menos del Reino Nazarí de Granada, en contraposición a los conquistadores cristianos. La otra escala más reducida y más importante es la del linaje, en la que se debe una solidaridad mayor a los parientes. En una situación normal, sin la existencia de ninguna opresión, estos dos niveles de solidaridad entran en conflicto, pues <strong>los lazos de linaje son más fuertes</strong> que los lazos como nación, pero en caso de vivir bajo opresión, la nación se impone al clan familiar. Sin embargo en esta rebelión, como había ocurrido durante el final de la Reconquista, los lazos familiares fueron más fuertes que los nacionales, lo que será un factor determinante para el destino de la rebelión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">No hay que olvidar que la esperanza que daba la solidaridad internacional hay que encuadrarla dentro del <strong>avance turco por el Mediterráneo</strong>. Las piezas de ese tablero parecían moverse en la dirección que los moriscos descontentos esperaban y justo la que los cristianos viejos temían que se produjera. Pero hubo más condicionantes que fueron esenciales para que este proceso de rotura de los débiles puentes que se habían tendido entre cristianoviejos y moriscos se acelerase hacia la rebelión de 1568.</p>



<h2 class="wp-block-heading">El declive de la industria sedera granadina</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Otro factor sin el que no se entiende el levantamiento es la crisis de la industria sedera de Granada, enmarcada dentro del desplome del sector textil peninsular y con la subsiguiente revolución de los precios al acecho. Desde mediados del siglo XVI la industria textil castellana había sufrido una serie de restricciones que afectaron en mayor medida a la seda (de hecho, en 1552 se prohibió exportar seda, cuando se vendía esencialmente en el extranjero). Fue un <strong>golpe durísimo para la seda granadina</strong> del que no logró reponerse. Esta seda de fama internacional comenzó a perder calidad porque el negocio era ya menos rentable. Fue un efecto dominó que llevó a la industria sedera a la total quiebra tras la subida de impuestos de 1561 (con la que se doblaron).</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta industria era un negocio eminentemente morisco y, para comienzos de siglo, la seda granadina provenía en su mayor parte de las Alpujarras. Es decir, durante la mitad de la centuria, los criadores de gusanos de seda de las Alpujarras, los tintoreros, los fabricantes de paños y los comerciantes de Granada y otros puntos del antiguo Reino Nazarí gozaban de un negocio sano de fama internacional. En Granada, que contaba con unos 40.000 habitantes, aproximadamente unas 4.000 familias vivían de la industria sedera y 300 de su comercio. La prosperidad granadina <strong>dependía en buena medida de la seda</strong>. No es de extrañar que algunos líderes de la revuelta, como Farax Aben Farax, fueran tintoreros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El declive desde mediados de la centuria de la industria sedera <strong>mermó la capacidad adquisitiva</strong> de gran parte de los moriscos granadinos y la revolución de los precios comenzaba: España estaba perdiendo su manufactura mientras los galeones llegaban cargados de plata indiana. La falta de productos y la abundancia de numerario dispararon los precios y mermaron aún más el nivel adquisitivo de los súbditos. Este proceso, que se hizo evidente hacia finales de la centuria y especialmente insoportable a principios de la siguiente debe tenerse en consideración. La situación comenzó a afectar a una población ya de por sí maltrecha por la caída de uno de sus principales negocios y la subida de los impuestos. Al mismo tiempo, la deuda a corto plazo de la monarquía se agravaba con las bancarrotas de <strong>Felipe II</strong>, traduciéndose en más y mayores impuestos sobre la población pechera (que paga impuestos).</p>



<h2 class="wp-block-heading">El tridentismo, aculturación forzosa</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Tras 60 años de una política ligeramente asimiladora que no había tenido éxito, en parte por la ya citada <em>taquiyya </em>y por la esperanza que daba la idea de solidaridad, a muchos cristianos viejos cercanos al poder les parecía que ya era hora de cambiar las cosas. En estos momentos se celebró el Concilio de Trento y la monarquía, con Felipe II a la cabeza, será paladín del tridentismo. El clero estaba especialmente descontento con la normalización de los criptomusulmanes y <strong>Diego de Espinosa</strong> se confirmó como principal consejero del nuevo monarca e Inquisidor General, cargos desde los que ejerció de punta de lanza de las ideas tridentinas. Para mediados de la década de 1560, la intolerancia (cada vez se entendía más la disidencia religiosa como disidencia política) había ganado terreno en la corte española y se llevó a cabo un plan para conseguir una cristianización religiosa y cultural de los súbditos granadinos. El precepto básico era<strong> aniquilar lo morisco que había en ellos</strong> para que dejaran de ser moriscos.</p>



<figure class="wp-block-image size-full wp-image-4275"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento#/media/File:Tridentinum.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" width="1631" height="1132" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Tridentinum.jpg" alt="rebelion alpujarras concilio trento" class="wp-image-4275" srcset="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Tridentinum.jpg 1631w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Tridentinum-300x208.jpg 300w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Tridentinum-768x533.jpg 768w, https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Tridentinum-1024x711.jpg 1024w" sizes="auto, (max-width: 1631px) 100vw, 1631px" /></a><figcaption>Sesión en el Concilio de Trento | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Concilio_de_Trento#/media/File:Tridentinum.jpg" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fuente</a></figcaption></figure>



<p class="wp-block-paragraph">Junto a los problemas económicos y el avance turco por el Mediterráneo apareció la Inquisición con ánimos renovados en busca de criptomusulmanes. Los jueces inquisitoriales chocaron una y otra vez contra la solidaridad entre moriscos; el tribunal funcionaba en esencia por delación y en las comunidades mayoritariamente moriscas nadie iba a delatar a otro hermano criptomusulmán, (las Alpujarras serían buena muestra de ello, como en el campo y otras serranías). En estos lugares <strong>apenas se había producido aculturación </strong>(es decir, los vecinos no se cristianizaron) ni el contacto con cristianos viejos, ningún morisco iba a delatar a otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no todo era la Inquisición. En 1563 se decretó que los moriscos debían <strong>mantener las puertas de sus casas abiertas</strong> incluso cuando no estuvieran. Esto no sólo violaba la privacidad cultural de los pueblos musulmanes, también dejaba a mano de los ladrones la seda conseguida durante años, pues el material debía ser almacenado durante mucho tiempo antes de dar beneficios. Las familias enteras, además, debían acudir a misa los domingos por obligación, dejando las casas a la total merced de los ladrones. En 1567 se lanzó la pragmática que colmó el vaso, repleta de medidas para borrar todo rastro de cultura morisca. El cronista <strong>Luís del Mármol Carvajal</strong> describe cómo en febrero se leyó en plazas mientras se derribaban baños públicos (hammam), se comunicaba a los moriscos que debían abandonar el uso escrito y hablado de su lengua materna, empadronar a sus hijos y mandarlos a recibir educación católica, dejar de vestir sus ropas…</p>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-large is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>¿Qué diremos del sentimiento que los moriscos hicieron cuando oyeron pregonar los capítulos en la plaza…?</p></blockquote>



<h2 class="wp-block-heading">¿Una frontera interior irreconciliable?</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Una parte de los cristianoviejos, en condición de vencedores,  no ayudó en nada a la disolución de esa frontera interior. Además del hundimiento de la industria sedera y la aculturación forzosa, los moriscos denunciaron durante la centuria <strong>constantes desmanes de la población cristianovieja</strong>. La burguesía trataba de arañar tierras a los moriscos y no veía mal una rebelión morisca, pues la legitimaría para tomar las tierras que deseaban. Ya se habían realizado usurpaciones de tierras (se estima que un montante de cien mil hectáreas por un valor de 71.000 ducados) desde 1559 a manos de <strong>doctor Santiago</strong>, oidor de la Chancillería de Valladolid. Incluso a veces los señores favorecían a uno u otro bando según les produjera más o menos beneficios. Caso claro de esto último es el de <strong>Luis Fajardo</strong>, el II Marqués de los Vélez (que tuvo un papel muy importante en la guerra), tendiendo la mano a los cristianos nuevos por serle más beneficiosos y más tarde reconciliándose con los cristianos viejos cuando la situación era más propicia, y así en un continuo juego de intereses que no ayudaba.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Es cierto que durante la década de 1560 parece difícil dudar que dos bandos irreconciliables vivían sobre el mismo territorio, de hecho, poco a poco aparecieron rumores de un levantamiento. Pero, ¿hasta qué punto era esto así? Sería mucho más acertado decir que<strong> la situación no era tan extrema</strong> debido a que la mayor parte de la población morisca no se levantó en 1568. Muy al contrario, querían seguir haciendo su vida y los elementos radicales del bando rebelde chocaron cosntantemente con los moderados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque estos elementos radicales dominaron los acontecimientos a través de los que se suele contar este episodio (matanzas, martirios, batallas&#8230;), la guerra también se debe contar a través de los que decidieron no luchar. De este manera veremos el profundo drama que sufrieron muchos cristianoviejos y moriscos ajenos al odio absoluto de los sectores extremos y comprenderemos el conflicto en su totalidad, <strong>alejado de las realidades binarias</strong>, porque la realidad es más natural, compleja, con una rica escala de grises. Desde luego, la frontera interior era insalvable en los extremos de ambos bandos pero, insistimos, la intención de gran parte de los moriscos era la de seguir viviendo en paz incluso con el conflicto avanzado. Quizás esa frontera era mucho más abierta y menos definitiva en 1568 de lo que pensamos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entretanto, <strong>los turcos seguían avanzando</strong> y controlaron buena parte del Mediterráneo. En 1563, los piratas de Argel atacaron Orán y la empresa por salvar la plaza fue enormemente costosa. Dos años más tarde, los berberiscos ayudados por los moriscos saquearon Órgiva (en las Alpujarras), burlando el sistema defensivo fortalecido para frenar estos saqueos. Al año siguiente le tocó el turno a Tabernas y Lucaicena. Eran razias sin respuesta en las que berberiscos y monfíes atacaban con la ayuda de moriscos locales. La crispación de los cristianos viejos iba en aumento y la creencia en el quintacolumnismo era un miedo difícil de obviar.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La delicada situación internacional</h2>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto a Felipe II <strong>se le multiplicaban los problemas</strong>. En 1562 Francia comenzó a desangrarse por las guerras de religión creando un doble problema: el exilio de hugonotes (protestantes) a tierras de la monarquía y el préstamo de ayuda al rey francés (católico), que era además cuñado de Felipe II. Los movimientos de los hugonotes afectaban a tierras hispánicas donde buscaban auxilio o apoyo: principalmente Aragón y Flandes, cuyas fronteras había que impermeabilizar contra los protestantes franceses. Felipe II quiso enviar soldados para ayudar a su cuñado pero <strong>Margarita de Parma</strong>, gobernadora de los Países Bajos, consiguió frenar el envío, ya que ayudar a los franceses contra los hugonotes crisparía a los protestantes calvinistas de las 17 provincias. Al final, en pos del equilibrio, decidieron sólo prestar dinero al francés, aunque la hacienda pública no estaba para demasiados gastos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los protestantes de <strong>los Países Bajos se acabaron rebelando en 1565</strong> (aunque la furia iconoclasta no se desató hasta el siguiente año, lo de 1565 fue una <a href="https://reasilvia.com/2014/11/monarquia-hispanica-rebeldes-flamencos/" target="_blank" rel="noreferrer noopener">verdadera guerra fría</a> que afectó a la política internacional de la monarquía), cuando tomaron partido los nobles descontentos y las comunidades protestantes más exaltadas. Felipe II comenzó a verse desbordado. Algunos alegaban que había prestado demasiada atención al Mediterráneo retrasando su atención a la complicada situación flamenca.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tras el complicado año de 1565, los turcos se centraron en el Adriático en 1566 y al año siguiente, Solimán murió. Esta muerte trajo revueltas por la sucesión, regalando a Felipe II una <strong>ansiada pausa</strong> para poner las cosas en orden: envió tropas a Flandes y se produjo el primer derramamiento de sangre, pacificándose las provincias momentáneamente para el año siguiente.</p>



<div class="wp-block-image size-medium wp-image-4276"><figure class="alignleft is-resized"><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Farax_Aben_Farax#/media/File:Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240.jpg"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://reasilvia.com/wp-content/uploads/2018/07/Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240-216x300.jpg" alt="rebelion alpujarras farax aben farax" class="wp-image-4276" width="200" height="294"/></a><figcaption>Ilustración de 1859 de Farax Aben Farax | <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Farax_Aben_Farax#/media/File:Los_Monfies_de_las_Alpujarras_Illustration_pag_240.jpg" target="_blank" rel="noopener noreferrer">Fuente</a></figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph">En Granada se leía en las plazas la pragmática antimorisca con los otomanos momentáneamente fuera de escena y los tercios marchando a Flandes con el <strong>Duque de Alba</strong> al mando. Desde este momento a finales de 1568, los moriscos no dejaron de pedir a diferentes autoridades que la pragmática o, al menos, algunas de sus medidas fuesen canceladas, <strong>sin éxito alguno</strong>. Al mismo tiempo, las reuniones secretas en el Albaicín fueron continuas y las ideas de rebelión corrieron como la pólvora en la ciudad de Granada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Aparecieron dos formas de entender el levantamiento entre los moriscos, lo que será clave. Por un lado, los moriscos urbanos del Albaicín pensaban en una rebelión como forma de tumbar la pragmática, pero sin un carácter general y sin petición de ayuda extranjera. Por otro lado, los moriscos de ámbitos rurales y de serranías tenían metas más altas como la <strong>creación de un estado musulmán</strong>, lo que sorprendió a los moriscos albaicineros cuando se concretó el levantamiento el 23 de Diciembre de 1568. La noche de ese mismo día, Farax Aben Farax trató de levantar Granada sin éxito, pues los moriscos del Albaicín se negaron. No estaban de acuerdo con las pretensiones de los alpujarreños, pero la rebelión había comenzado.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p class="wp-block-paragraph">–BRAUDEL, F.: <em>El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II</em>, Fondo de Cultura Económica, México, 1953.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–CABRILLANA, N.: <em>Almería Morisca</em>, Universidad de Granada, Granada, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><sup>&nbsp;–</sup>DOMÍNGUEZ ORTIZ, A. &amp; VINCENT, B.: <em>Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría</em>, Alianza Editorial, Madrid, 1979.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–GARRAD, K.: “La industria sedera granadina en el siglo XVI y su conexión con el levantamiento de las alpujarras (1568-1571)”, <em>Miscelánea de estudios árabes y hebraicos</em> 5 (1956).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C.: “The Battle of Lepanto and Its Place in Mediterranean History”, <em>Past &amp; Present</em> 57 (2011)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–HESS, A.C: “The Moriscos: An Ottoman Fifth Column in Sixteenth-Century Spain”, <em>The American</em> <em>Historical Review </em>74 (1968)</p>



<p class="wp-block-paragraph">–MÁRMOL CARVAJAL, L.: <em>Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada</em>, Biblioteca Virtual Universal.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–PARKER, G.: <em>España y la rebelión de Flandes</em>, Nerea, Madrid, 1989.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–REGLÁ, J.: “La cuestión morisca y la coyuntura internacional en tiempos de Felipe II”, <em>Estudios de</em> <em>Historia Moderna </em>3 (1953).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V: <em>El II Marqués de los Vélez y la guerra contra los moriscos 1568-1571</em>, Revista Velezana &amp; Centro Virgitano de Estudios Históricos, Almería, 2002.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–SÁNCHEZ RAMOS, V.: “La guerra de las Alpujarras (1568-1570)”, en BARRIOS AGUILERA, M. &amp; GERARDO PEINADO SANTAELLA, R. (coords.): <em>Historia del Reino de Granada</em>, Universidad de Granada, Granada, 2000.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>Andalucía en la Edad Moderna: Economía y Sociedad,</em> Diputación Provincial de Granada, Granada, 1985.</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B.: “El bandolerismo morisco en Andalucía (siglo XVI)” <em> Estudios sobre el mundo</em> <em>árabe e islámico contemporáneo </em>4 (1981).</p>



<p class="wp-block-paragraph">–VINCENT, B: <em>El Río Morisco,</em> Universitat de València &amp; Universidad de Granada &amp; Universidad de Zaragoza, 2006.</p>
<p>La entrada <a href="https://reasilvia.com/2018/07/rebelion-alpujarra-causas/">El camino hacia el levantamiento morisco de 1568</a> aparece primero en <a href="https://reasilvia.com">Rea Silvia</a>.</p>
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