El sitio de Amberes, 1584-1585

Entre 1584 y 1585 Alejandro Farnesio culminó en Amberes una de las mejores campañas operacionales y diplomáticas de la historia de la Monarquía Hispánica

La ciudad vieja de Amberes desde la orilla oeste del río Escalda es una postal que tengo grabada en la memoria. A pesar de no ser excesivamente ancho a esa altura (unos 330 metros sobre el túnel de Santa Ana), da una sensación de inmensidad ante la que uno se siente pequeño. Quizás se debe a que Amberes es una ciudad plana, apenas rota por la puntiaguda torre de su fantástica catedral, que extiende así la sensación infinita del agua.

Unos pocos kilómetros río abajo el Escalda, tras dejar Amberes atrás, se abre hasta doblar su anchura. En esta zona, ahora rodeada por industria portuaria, los hombres de Alejandro Farnesio levantaron un puente de barcas fortificado para aislar Amberes y conseguir su capitulación. Allí vi en persona el inmenso Escalda (como bien dice Richard Bassett, visitar campos de batalla es uno de los grandes placeres de la Historia Militar1). Me hizo consciente, como ningún dato que he podido leer, de la magnitud de la empresa de ingeniería militar que tuvo lugar entre los años de 1584 y 1585.

Llega Alejandro Farnesio

Unos años atrás, en 1578, Alejandro Farnesio, hijo de Margarita de Parma, fue nombrado Gobernador General de Flandes. La guerra de los ochenta años contra los rebeldes flamencos, de la que ya se contaban 10, no parecía que fuera a terminar pronto. Demasiada diplomacia o demasiada mano dura no habían dado resultado, de hecho, estos cambios personificados en gobernadores opuestos como Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel o Luis de Requesens no ayudaron. El control español sobre el territorio en aquel momento se restringía a Luxemburgo y algunas plazas sureñas de las 17 Provincias2. Pocos podían imaginar que la situación diera un vuelco. Pero lo dio.

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Margarita de Parma | Antonio Moro

Aquel mismo año había muerto de tifus Juan de Austria, hermanastro del rey Felipe II y por entonces gobernador de Flandes, durante una campaña militar que no iba bien. Cercado por fuerzas combinadas rebeldes en el fuerte de Bouge, en Namur, la empresa española pendía de un hilo. Viéndose debilitado, pidió a Felipe II que a su muerte aceptara como su sucesor a Alejandro Farnesio, quien ya había mostrado grandes maneras desde que, en 1577, sirviera bajo su mando3.

El nuevo gobernador era sobrino de Juan y Felipe, pues su madre era hija natural de Carlos V. Hijo de Octavio Farnesio, era heredero del ducado de Parma, lo que le daba acceso a importantes recursos financieros. El príncipe de Parma estaba familiarizado desde temprana edad con las provincias rebeldes ya que su madre fue gobernadora de aquellas tierras unas décadas atrás. Desde 1578 demostró que Juan de Austria había acertado al elegirlo. Era el mejor militar de su época y un gobernador sobradamente a la altura del reto que tenía delante.

1578, situación límite

Los rebeldes flamencos fueron derrotados en la batalla de Gembloux en 1577 (escogida recientemente como fecha conmemorativa para el Día de los Tercios —31 de enero—), pero el año siguiente tenían cercadas a las tropas españolas en Namur. Juan de Austria había muerto y no había esperanzas de socorro para los hombres de la Monarquía Hispánica. Aunque pueda parecer que los Estados Generales (asamblea de los tres estados —nobleza, clero y burguesía— de las 17 provincias donde los rebeldes se hicieron fuertes institucionalmente) tenían la sartén por el mango, la realidad pronto dio un giro.

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Juan de Austria | Alonso Sánchez Coello

Aunque se entiende que, para estos años, los rebeldes habían logrado cierta unidad de dirección, las habituales diferencias, recelos y enemistades entre provincias y ciudades debilitaron esta aparente unidad. La realidad era que cada provincia tenía sus propias ideas para el futuro común, si acaso este era posible. Aunque algunas diferencias se hicieron a un lado, con la gestación y extensión de diferentes cultos protestantes, entremezclados a veces con aspiraciones políticas, los rebeldes tuvieron que hacer frente a una pregunta esencial para la que no tenían respuesta: si Felipe II no era el señor natural de las provincias, ¿quién lo era?4

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La implicación de algunas personalidades como Guillermo de Orange, que había cambiado de bando en una de las más sonadas traiciones en la historia de la Monarquía Hispánica, o Francisco de Anjou (a quien propuso el primero como príncipe) podría haber servido para un recambio a Felipe II. Sin embargo, la suerte política, militar y personal de ambos lo imposibilitó, ya que murieron en 1584.

Pero volviendo a 1578, a aquella colina de Bouge que los ingenieros de Juan de Austria habían fortificado, la situación para la Monarquía Hispánica, como comentábamos, pendía de un hilo: las tropas estaban cercadas por las fuerzas combinadas de Orange, Anjou y los Estados Generales5 sin posibilidad de recibir refuerzos, el hermanastro de Felipe II había muerto y Farnesio apenas tenía capacidad de maniobra. Sin embargo, el 23 de octubre la rebelión se descompuso desde dentro. Las tropas de los Estados Generales levantaron el cerco. Fue la consecuencia militar de una situación política insostenible que venía dando visos de colapsar.

Arras y Utrecht, entre particularismos y enemistades

Las desavenencias, cada vez mayores, entre católicos moderados y calvinistas debilitaron el aparente buen momento rebelde. Durante el verano y el otoño de 1578 esta situación se agravó alimentando los tradicionales particularismos, que escondían viejas enemistades. El levantamiento del cerco en octubre dio a Farnesio y sus hombres tiempo para recuperarse y trazar un plan. Y tuvo pronto ocasión el príncipe (todavía sin heredar el ducado) de Parma de demostrar sus dotes políticas.

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Alejandro Farnesio en 1585 | Otto van veen

Las provincias más sureñas (Hainaut, Artois y el Flandes valón) se negaron durante el otoño a contribuir al esfuerzo bélico de los Estados Generales. Las dos primeras acabaron formando la Unión de Arras, a la que se unió el Flandes valón a principios de 1579. Alejandro Farnesio tuvo el acierto de acercarse a estas provincias para negociar un tratado. Mientras, desde el norte, Holanda y Zelanda se encaminaban a la Unión de Utrecht, que no planeaba reconciliarse con España ni salvaguardar la fe católica. En este combate político, Arras reconoció a Felipe II como su señor natural y aceptó la gobernación de Farnesio. Esta temprana división selló el camino hacia los actuales estados de Bélgica y Holanda, y fue el mayor logro diplomático de Parma, que facilitó su posterior campaña de reconquista6. Como los grandes generales de la Historia, Alejandro Farnesio combinó sus dotes militares con su clarividencia para leer el tablero político y sacar partido del mismo, lo que también habían hecho con anterioridad Hernán Cortés7 y Francisco Pizarro 8.

Entre el invierno y la primavera de 1579 Parma consiguió más apoyos y recuperó para la causa española tropas de católicos descontentos. Entretanto, la alternativa al poder de Felipe II en los Estados Generales, como bien ha señalado Geoffrey Parker, parecía ser la anarquía9. Junto al tenaz despliegue político, Alejandro Farnesio sitió y tomó la ciudad de Maastricht el 29 de junio. Para entonces, más de la mitad del actual Estado belga estaba en manos de la Monarquía Hispánica. El despliegue militar y diplomático de Parma tocó la tecla adecuada en el mejor momento. Fue ahora cuando los Estados Generales se movieron para atraer a Anjou, pero esta elección sembró más discordia en el bando rebelde.

No obstante, los flamencos que se habían reunido de nuevo bajo el poder de Felipe II pusieron trabas, y la recién comenzada reconquista quedó embalsamada durante un año. Conforme se acababa 1579, presionaron al rey Habsburgo a retirar las tropas extranjeras destinadas en Flandes (desconfiaban debido al saqueo de Amberes en 1576, todavía leal a Felipe II, a manos del Ejército hispánico) y a cesar al príncipe de Parma como gobernador. Felipe acabó aceptando. Retiró a las tropas españolas, que luego tomaron partida en la conquista de Portugal, y licenció a casi todas las alemanes. En la primavera de 1580 Alejandro Farnesio contaba casi en exclusiva con soldados valones, que en muchos casos habían luchado antes para los Estados Generales. Finalmente, en verano, Felipe II le comunicó a su sobrino que quedaría en Flandes como comandante mientras que su madre volvía a ostentar el cargo de gobernadora10.

El camino hacia Amberes

Esta situación produjo una parálisis ya que madre e hijo no colaboraron y, en 1581, los avances que había logrado Alejandro Farnesio estaban en peligro. Los flamencos leales al rey se dieron cuenta y, a finales de 1581 aceptaron la vuelta de Parma a la gobernación y a principios de 1582 solicitaron la vuelta de las tropas extranjeras.

Aquel compás de espera que vivió Farnesio en Flandes no vino del todo mal a su campaña, aunque en 1581 todos se dieran cuenta de los problemas que representaba la situación. Durante la primera mitad de 1582 volvieron algunas de las tropas que ya habían combatido en Flandes junto a otras diferentes. Tercios españoles e italianos que habían tomado parte en la conquista de Portugal venían ahora con más experiencia. Estas tropas fueron la punta de lanza de muchos ataques, considerablemente superiores en calidad a las milicias y mercenarios de los Estados Generales11. La espera, a pesar de la dureza de la circunstancia, dejó unos frutos maduros que Alejandro Farnesio exprimió al máximo. Además, las tropas que no eran naturales del lugar donde combatían eran más fiables que las valonas, pues era difícil que desarrollaran simpatías por uno u otro bando estando a miles de kilómetros de sus hogares.

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La situación en las 17 provincias antes del sitio de Amberes. En rojo, las zonas controladas por los Estados Generales | © Rea Silvia

Gracias a esta nueva remesa de tropas y a recuperar libertad de acción en Flandes como gobernador, Farnesio retomó su enérgica campaña militar. Se demostró, de nuevo, que la unidad de los Estados Generales era sólo un espejismo. Mientras Parma rendía ciudades por la vía diplomática y la militar, Anjou se encontraba al norte como nuevo señor de los rebeldes. Sin embargo, al francés no le satisfacían los cortos poderes que le otorgaron, y Holanda y Zelanda no llegaron a reconocerlo. Trató de ganar poder con una campaña militar que le llevó a las puertas de Amberes en 1583, sitio que falló estrepitosamente. Sin apenas apoyos, abandonó Flandes y murió en 1584.

Hasta aquel año, Alejandro Farnesio había rendido, por la vía de la diplomacia o del acero, 68 ciudades desde 157812. Con el corazón industrial de las 17 provincias a su merced, Parma pasó a cortar la salida al mar de las plazas (dependían de esto en gran medida) para conseguir un mejor avance por tierra. A comienzos de verano de 1584, Farnesio consideraba que le restaban cuatro plazas para tomar el control total de la mitad sur de las 17 provincias: Bruselas, Malinas, Gante y Amberes13 .

Comienza el sitio

Con buena parte de la cuenca del Escalda bajo dominio español, Alejandro Farnesio emprendió el sitio de Amberes. Con unos 12.000 hombres, la operación consistió en tomar varias posiciones a ambos lados del río Escalda en su curso hacia el mar. El plan inicial pasaba por tomar los fuertes de Lillo y Liefkensoheck, a 12 kilómetros de la ciudad río abajo. Controlando ambas fortificaciones se podría cerrar la navegación por el Escalda para así aislar Amberes, o de lo contrario seguiría recibiendo ayuda de Holanda y Zelanda desde el mar. Si todo salía bien, no habría combates en la ciudad.

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Marcha sobre el Escalda desde ambas orillas | © Rea Silvia

Entre días y noches con chubascos y la humedad veraniega de Flandes, las tropas de Farnesio tomaron posiciones y construyeron diferentes fortificaciones. Mientras que la toma de Liefkensoheck marchó bien, el fuerte de Lillo se resistió al avance de los hombres liderados por Cristóbal de Mondragón que, según Alonso Vázquez, decidió emprender un asedio cuidadoso en lugar de un asalto a escala como le había ordenado Farnesio14. Él había diseñado el fuerte años atrás, con lo que conocía bien la posición, pero regaló un tiempo precioso a los rebeldes y estos lo emplearon en armarse bien y en abrir las esclusas de un dique que inundó el campamento de Mondragón.

El puente de Farnesio

Antes de que el que la operación se estancase, Parma dio la orden a Mondragón de levantar el ataque sobre Lillo, donde ya había perdido unos 2.000 hombres15. En un giro del plan que pocos esperaban que diera resultados, Alejandro Farnesio ordenó la construcción de un puente que cruzara el Escalda y cerrara la navegación a 7 kilómetros río abajo de la ciudad. La posición estaba bien elegida: el puente cruzaría una de las curvas descritas por los meandros del Escalda, lo que forzaba a navegar despacio; ante el ataque de una flotilla se podría planear una buena defensa.

En una noche de tormenta sin cesar, Farnesio envió siete compañías a asegurar el dique de Kallo y reparar una brecha que los rebeldes hicieron en él. Era esta la zona deseada para levantar el puente y por lo tanto de vital importancia para el sitio, por lo que el duque de Parma indicó que se debía tomar el dique a cualquier precio. Este asalto de noche, sobre terrenos inundados y bajo la lluvia fue una durísima prueba para los soldados, como atestigua Alonso Vázquez:

Fue marchando Juan de Rivas y los demás españoles con inmenso trabajo, y para pasar la cortadura era necesario ir desguazando más de media legua el agua a los pechos, y llevaban a los hombros maderos y tablones para hacer puentes y pasar algunas canales, que aunque no eran muy anchas, tenían más de una pica de fondo y no se podían desguazar16


El crítico combate que siguió a este durísimo avance fue hecho a pica y espada, sin ayuda alguna de las armas de fuego, ya que debido al camino y al aguacero incesante la pólvora y las mechas estaba completamente inservibles:

…y por no poder aprovechar los unos ni los otros de las armas de fuego por la mucha agua que llovia, lo hicieron de las picas y espadas, que es la antigua pólvora y escaramuza de los españoles17.

La obra de ingeniería, no obstante, planteaba nuevos rompecabezas. Los hombres de Farnesio necesitaban grandes cantidades de madera para el puente, los fuertes que lo protegerían a ambas orillas y, como señala Parker, una máquina diseñada para la ocasión. Parma hizo traer materiales de diferentes zonas, pero también mandó asediar la localidad de Terramunda (al suroeste de Amberes) para abastecerse de sus bosques. Aunque el ataque salió bien, durante la operación una bala de cañón de los defensores dejó sin cabeza a Pedro de Paz, maestre de campo de uno de los tercios18.

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El puente de Farnesio | Frans Hohenberg

Estos combates se llevaron a cabo durante el verano, entre el calor y la natural humedad de zonas ribereñas surcadas por canales, aumentada por la apertura de diques y contradiques para inundar los campos, estrategia en la que los rebeldes eran maestros. No obstante, los hombres de que disponía Farnesio no eran ajenos al territorio y el propio príncipe de Parma supo, por lo general, anticiparse a los movimientos de los defensores, fruto de un profundo conocimiento de la zona y de una clarividencia estratégica que supo exprimir.

Sobre la psicología del combate el episodio de Terramunda también deja algunos pasajes esclarecedores sobre la personalidad de Parma y la religiosidad de los soldados. Según Alonso Vázquez «no cesando los rebeldes de molestarlos y ofenderlos con palabras feas [a los sitiadores españoles], y colgaban de la muralla las imagines y santos con sogas, diciéndoles que mirasen en lo que creian»19. Ante lo que Parma mostró su habitual tenacidad y seriedad castrense «En esto procuraba Alexandro con grandísimas veras, que hubiese silencio en semejantes ocasiones, y no como otros Generales que permiten que sus soldados hablen con los enemigos desde la trincheras, cosa bien fuera del órden militar»20. Era un asunto muy delicado que requería del mayor autocontrol al ser hombres católicos que se consideraban «defensores de la fe frente a herejes»21.

Este clima, con algunos días de fuertes e incesantes lluvias, pesaba sobre los hombres, que no siempre podían retirar los cuerpos de sus camaradas de armas caídos cuando los combates eran más intensos. Sólo podemos imaginar lo que aquel conjunto de temperaturas, humedad y olores debería suponer para el soldado, a lo que se sumaba el pesado olor de la pólvora y la sangre. Episodios como el de Pedro de Paz dejaban un profundo impacto en los hombres «Sintió su muerte todo el ejército católico por ser amado de todos sus soldados; perdieron un padre que les procuraba su acrecentamiento, teniéndolos siempre en muy buen órden y disciplina militar»22. La muerte de oficiales destacados a veces suponía, indistintamente del bando, la caída de moral de la tropa o un impulso anímico para vengar su nombre. Son, en no pocas ocasiones, este tipo de eventos que alteran en pocos segundos el brío de los combatientes los que cambian la suerte de tramos de combates e, incluso, de batallas enteras.

De vuelta a la construcción del puente, y con la toma exitosa de Terramunda y la subsiguiente explotación de sus recursos madereros, Farnesio también necesitó abrir una línea de comunicación con sus vías de suministros. Primero lo intentó Escalda arriba, pero los rebeldes levantaron un fuerte y presentaron una fiera resistencia. Por suerte para los españoles, la ciudad de Gante cayó en septiembre y Parma vio una oportunidad: usando las tierras inundadas al noroeste de Amberes, mandó excavar un canal de unos 22 kilómetros que posibilitó la comunicación con Gante. Ahora tenía una magnífica vía de suministros bajo su control que fue de gran importancia para el resto del sitio23.

Plenamente abastecidos, los hombres de Farnesio continuaron con la construcción del puente. Con más de 600 metros de largo, según Parker, hundido con pilares 25 metros de profundidad y con dos plataformas conectadas por barcas. Aquel ingenio estaba defendido a ambas orillas por dos imponentes fuertes y era lo suficientemente ancho para estar protegido por un buen puñado de hombres. Ahora la ciudad de Amberes estaba casi totalmente aislada, lo suficiente como para no poder abastecer a todas sus tropas y vecinos. Los rebeldes tenían unos pocos meses, con el invierno a las puertas, para atacar o hacer frente a una hambruna.

La batalla por el puente

Precisamente el invierno fue la primera estrategia rebelde. Esperaban que las inclemencias climáticas desmoralizaran a los hombres de Farnesio y que debilitara el puente lo suficiente como para que se desmoronara sin posibilidad alguna de reconstruirlo. Los días se convertían en semanas, el sol, que cada vez anunciaba con mayor brío la primavera, calentaba más las anegadas tierras de Flandes. Las esperanzas de los vecinos de Amberes se desvanecían mientras que las divisiones en su seno complicaron la postura rebelde. En un censo de 158424 se mostraba que aproximadamente la mitad de la población era católica, frente a otra mitad de diversas formas de protestantismo con una mayoría calvinista. Los católicos apostarían poco a poco por rendir la ciudad.

Paralelamente la guerra seguía a favor de Farnesio. El 10 de marzo cayó Bruselas, lo que aislaba cada vez más Amberes. Los rebeldes pidieron ayuda a Zelanda, que envió una flota. El plan protestante pasaba por una operación combinada para acabar con el puente de los españoles. Desde el fuerte de Lillo se desplegó un exitoso ataque sobre el de Liefkensoheck. Las tropas rebeldes se preparaban para continuar río arriba y asaltar el puente con la ayuda de la flota, pero Farnesio mandó levantar un fortín sobre el dique por el que avanzarían los insurgentes.

Los hombres de aquel fortín, el San Antonio, rechazaron el avance rebelde mientras cada vez más vecinos de Amberes reclamaban a sus autoridades la rendición. Pero todavía tenían varios cartuchos por quemar antes plantearse seriamente entablar negociaciones con Farnesio25.

Ya era abril y los rebeldes habían diseñado una nueva estrategia: enviar brulotes desde Amberes. Entre estos viejos barcos de fuego había dos que fueron llenados de pólvora hasta los topes, y cargados con planchas de madera y metal, piedras, clavos e incluso lápidas para hacer, si cabe, más terrible la explosión. A pesar de no haber podido avanzar sobre el puente con tropas, controlaban ambas zonas de la ribera del Escalda cerca de Lillo, lo que facilitó la llegada de más barcos zelandeses que esperaban la destrucción del ingenio de Farnesio.

El 4 de abril se lanzaron río abajo los brulotes con Alejandro Farnesio en el puente. Parma confiaba en que la plataforma, defendida por unas estacas frente a las barcas, no recibiera este tipo de ataque. Uno de los grandes brulotes explosivos hizo su trabajo antes de tiempo y el otro quedó varado entre las estacas. En uno de esos momentos que deciden la suerte de las batallas, un alférez convenció a Farnesio de refugiarse en el fuerte de Santa María (en la orilla oeste). Unos minutos después, el brulote se soltó de las estacas y estalló. La horrorosa explosión pulverizó parte del fuerte, del puente y de los soldados que lo protegían26. La descripción que dejó Alonso Vázquez sobre las siguientes horas muestra un panorama espeluznante:

No se puede encarecer lo que este dia allí pasó, que por se una hora ántes de que anocheciese el infelice suceso causó gran confusion miéntras se esperaba el dia, y la tuvo tan grande Alexandro toda aquella noche como se puede imaginar, porque las voces y alaridos de los heridos, que unos medio enterrados las daban, otras sin saber adonde, y las camaradas de los soldados buscaba á sus amigos y paisanos, llamábanse unos á otros y no respondian27.

Aquel terrible estallido aturdió al propio Farnesio y buena parte de las tropas, y al menos entre 500 y 800 hombres murieron en unos pocos minutos. Otro brulote menor explotó entre las estacas, causando, en menor medida, ciertos estragos. Entre la confusión de la noche, Parma ordenó que los hombres se preparan para un más que posible ataque fluvial de la flota zelandesa. Sin embargo, los navíos de Zelanda nunca llegaron a atacar. Lejos del puente, presos de la confusión propia de la explosión, en un claro ejemplo de la Niebla de Guerra de Clausewitz, los zelandeses no leyeron bien la situación, por lo que prefirieron no avanzar río arriba. Un ataque aquella noche podría haber roto el asedio, pero la sempiterna presencia de la incertidumbre jugó a favor de los sitiadores28.

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La gran explosión en el puente | Romeyn de Hooghe y Juan de Ledesma – Biblioteca Nacional de España

Durante los siguientes días, los hombres de Farnesio pudieron reparar el puente y el fuerte de Santa María, y desplegaron una operación fluvial contra los brulotes. Las tripulaciones de pequeñas embarcaciones patrullaban el Escalda y se hacían con el timón de los barcos de fuego. En un juego de todo o nada, estos hombres llevaban los brulotes a la orilla a contrarreloj para dejarlos estallar allí. Farnesio, además, modificó el puente de barcas para poder separarlas y que cualquier ingenio explosivo de los rebeldes pasara sin causar mayores estragos29.

La batalla por Kouwensteyn

La noche del 25 al 26 de mayo de 1585 las tropas rebeldes avanzaron sobre el dique de Kouwensteyn. Al amparo de la oscuridad, los insurgentes guarnecidos en Lillo se embarcaron para surcar las zonas inundadas hasta una de las posiciones más fuertes de los españoles. Si conseguían romper el dique podrían volver a comunicarse con Amberes, asistir la ciudad y ganar tiempo.

El dique, sobre el pueblo de Kouwensteyn, estaba bien defendido. Alejandro Farnesio se había dado cuenta tiempo atrás de la importancia de esta posición y sus hombres habían construido varios fortines en caso de que los rebeldes atacaran. Era el único impedimento que conectaba Lillo, el centro de operaciones insurgente, con Amberes; de Kouwensteyn a la ciudad todo era zona inundada. El bando que controlara la posición bien podría tener la mano ganadora, y por ahora era de Parma.

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Situación general de las diferentes fases del sitio. Click aquí para ampliar.| Jan Luyken

Previamente los rebeldes habían lanzado un ataque sobre el dique, pero fue rechazado tras un combate en el que los asaltantes se retiraron con muchas bajas. La operación era complicada porque requería un desembarco en una zona angosta repleta de fortines. El conde Phillip de Hohenlohe-Neuenstein tramó un ingenioso plan para la noche del 25 de mayo: envió falsos brulotes que hicieron que los españoles abandonaran algunos de sus puestos defensivos. De aquellos barcos salieron rebeldes que prepararon el desembarco del resto de las tropas en un ataque sin precedentes30.

Los de Amberes también habían botado un enorme buque de cubierta cuadrada al que apodaron El fin de la guerra. Pensado para distraer del verdadero objetivo a los españoles, estos le causaron graves estragos al cañonearlo, con lo que pronto redujeron la distracción al mínimo. Los rebeldes trataron de usarlo para apoyar un desembarco en Kouwensteyn, pero no fue de gran ayuda. Los vecinos de Amberes pasaron a llamarlo Gastos perdidos. Se usaron todos los recursos posibles en uno de los momentos más críticos del sitio.

Es quizás en estos compases del sitio donde mejor se puede entender lo que suponía esta guerra para la población. En una ciudad tan rica como Amberes muchos vecinos ya notaban las penurias, y parte de las élites presionaban para acordar una rendición. La división entre católicos y protestantes (y entre grupos dentro de los segundos) reafirma la naturaleza de la guerra como un conflicto civil que dividía las 17 provincias y también dejaba ver enemistades en cada región, y no pocas veces en cada ciudad, pueblo y aldea. Los flamencos estaban divididos respecto a su rey, a sus derechos y a las religiones. De hecho, fueron los marcados particularismos, rencillas y miedos a lo desconocido que podía traer un futuro con nuevos cultos los que propiciaron, como vimos al principio, que las tropas de Farnesio recobraran el aliento y pudieran plantar cara de nuevo en 1578.

En medio de esta guerra de intereses políticos, mezclados a veces con la religión (que marcó más a la tropa y la población que a los líderes, aunque es innegable que para muchos de estos últimos también era esencial), eran los vecinos de localidades cercanas a Amberes los que veían sus pueblos completa o parcialmente inundados debido a las operaciones militares. Un año de siembra, con lo que suponía para muchas familias, echado por completo a perder para convertir campos de cultivo en enormes lagos navegables. En esta ya de por sí lastimosa escena, propietarios de tierras, dueños de negocios y cualquiera con alguna propiedad debían salvar lo que pudieran antes de que la guerra inundase sus hogares y lugares de trabajo. Era un escenario en el que poblaciones enteras veían su modo de vida completamente devastado en cuestión de horas. Tampoco se salvó la memoria de los antepasados ya que, como vimos, los de Amberes usaron lápidas para destruir el puente de Farnesio. Las consecuencias fueron en muchos casos devastadoras para una gente que en ocasiones estaría a favor de anegar las tierras y otras en contra según sus lealtades, sin olvidar a los que no habían tomado partido y escogían bando según quién violentara su vida diaria, lo que es habitual en todo conflicto armado.

Pero volviendo nuestra mirada a la noche del 25 al 26 de mayo, el dique de Kouwensteyn fue atacado por ambos lados. Desde Amberes se embarcaron las mejores tropas disponibles y asaltaron el otro lado del dique mientras las fuerzas rebeldes de Lillo habían tomado posiciones. La noche dio paso al día mientras los españoles (y alemanes, italianos, valones…) combatían para expulsar a los asaltantes y esos protegían a los que cavaban para romper el dique. La más espantosa de las escenas llegaba cuando los defensores retomaban una zona cavada por los atacantes y la rellenaban con los cuerpos de los caídos. No había tiempo para más.

A pesar de la buena visión de Farnesio a la hora de reforzar el dique los rebeldes sabían que aquel era un combate a todo o nada; o ganaban aquella noche o Amberes, a buen seguro, se rendiría. La buena preparación del ataque y la cantidad y calidad de las tropas insurgentes pusieron en serios aprietos la defensa de los soldados de la Monarquía Hispánica. Los italianos de Camillo del Monti hicieron un enorme esfuerzo por expulsar a los rebeldes. Lucharon bajo el intenso fuego de cañones de los barcos rebeldes apostados frente al dique. Allí eran un blanco fácil mientras intentaban hacer retroceder a las tropas enemigas, pero estos italianos también conocían la importancia de aquel dique y no cedieron. Cristóbal de Mondragón envió a sus hombres para reforzar a los de Camillo del Monti y consiguieron hacer retroceder a los atacantes de vuelta a sus barcos31.

Ahora el nivel del agua había disminuido debido a varias roturas del dique, con lo que algunas naves quedaron varadas y no todos los rebeldes pudieron retirarse. Dicha situación, lejos de amedrentarlos, les hizo renovar el combate. Cavaron una línea de trincheras y comenzó una lucha casi hasta el último hombre. Debido a que la batalla recobraba intensidad, el duque de Mansfeld, acantonado al lado contrario de Mondragón, también envió refuerzos. Tras duras horas de combate, las tropas españolas lograron reducir a los rebeldes, que habían perdido unos 4.000 hombres en aquella espantosa noche frente a unos 800 de los de Farnesio32.

El corto pero intenso combate por Kouwensteyn aporta algunos datos relevantes que dan buena cuenta de por qué Farnesio ganaba el sitio y la campaña de reconquista. Como dicen Robert M. Citino33 y Dennis E. Showalter34, un buen general no es el que toma siempre las decisiones acertadas, sino aquel que diseña planes flexibles para poder reaccionar ante cualquier eventualidad que pueda suceder. Eso que el U.S. Army War College llamó VUCA (volatilidad, incertidumbre —uncertainty en inglés—, complejidad y ambigüedad) y que todo buen general debe tener en cuenta, porque la realidad de la guerra (y de la vida) es volátil, incierta, compleja y ambigua. Farnesio tuvo que buscar «planes B» desde el comienzo del sitio, de hecho, su gran obra de ingeniería, por la que ha sido recordado durante generaciones, fue precisamente un plan B ante la imposibilidad de tomar el fuerte de Lillo. Su operación fue flexible y no se resintió a pesar de las eventualidades que la pusieron en jaque y en Kouwensteyn mostró que su análisis táctico se adelantaba sobradamente a los acontecimientos, pues supo muy temprano de la importancia del dique y lo reforzó en caso de que los rebeldes lo asaltaran, como finalmente ocurrió. Si a todo esto añadimos la lectura política de la situación general y cómo la combinó con operaciones militares, es fácil comprender por qué se dice que Alejandro Farnesio fue el mejor general de su época.

De vuelta al sitio, a pesar de la derrota rebelde en Kouwensteyn parte de Amberes se negaba a rendirse. Alejandro Farnesio tomó en los siguientes días varias poblaciones que abastecían la ciudad sitiada de diferentes alimentos, con lo que el 9 de julio comenzaron las negociaciones. Los gobernantes de Amberes pedían demasiado para una población que estaba cercada y tenía gravísimos problemas de abastecimiento. Al final, y presionados por los vecinos y por la reciente rendición de Malinas, el 18 de agosto se firmó la paz. Dos días después, el príncipe de Parma entró con sus tropas en Amberes sin haber disparado una sola bala sobre sus muros. Felipe II le había concedido la Orden del Toisón de Oro. Si algunos habían dudado de su puente, Farnesio estaba ahora en la cúspide como comandante y gobernador de Flandes35.

La toma de Amberes, junto a Gante, Bruselas y Malinas, restauró buena parte del poder de la Monarquía Hispánica en las 17 provincias. Esto suscitó otros problemas. Para Inglaterra, tan cerca y tan lejos de Flandes, que la potencia católica recobrara el control era una mala noticia, con lo que la reina Isabel I tomó partido de manera definitiva del bando rebelde. Felipe II no tardó en recoger el guante que le tiraron al otro lado del Canal de la Mancha. Ahora los ejércitos del monarca español tenían un nuevo frente y se trazó un plan anfibio para derrotar a Inglaterra. Un capítulo, no obstante, más propicio para otro momento.

*En las tareas de revisión ha ayudado Ismael Jiménez Jiménez, prometedor americanista y conocedor entusiasta de la figura de Alejandro Farnesio, a quien agradezco su paciencia y sus buenos consejos con los que ha contribuido a mejorar el artículo.

Bibliografía

–ALBI DE LA CUESTA, J: De Pavía a Rocroi, Desperta Ferro, 2017.

–CARNERO, A: Historia de las gverras civiles qve ha avido en los Estados de Flandes des del año 1559. hasta el de 1609. y las cavsas de la rebelión de dichos estados, Bruselas, 1625.

–MESA GALLEGO, E: «El sitio de Amberes», Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012.

–PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989.

Felipe II, Booket, 2013.

–VÁZQUEZ, A: «Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese», en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879.

Notas

  1. Ver nuestra reseña de Por Dios y por el Káiser de Richard Bassett.
  2. La fuente principal para las complejidades políticas de las provincias flamencas es PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989. Para un acercamiento sucinto al comienzo del conflicto nuestro artículo «La Monarquía Hispánica y los rebeldes flamencos» puede ser de interés.
  3. PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989, pp. 184-194.
  4. Ídem.
  5. PARKER, G: Felipe II, Booket, 2013, p. 683.
  6. Ver PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989, pp. 184-194, para un relato sucinto de la escisión política rebelde y sus divergentes pretensiones.
  7. Para un acercamiento muy sucinto a la expedición de Cortés ver nuestro artículo
    «La conquista de México«. El libro de Iván Vélez puede ser una buena opción para el gran público (lee aquí nuestra reseña). Una aproximación profunda se puede encontrar en La conquista de México – Hugh Thomas.
  8. Para conocer la conquista del Perú y cómo Pizarro aprovechó la situación política incaica es recomendable Plata y Sangre – Antonio Espino López (lee nuestra reseña aquí.
  9. PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989, p. 200.
  10. Ibidem, pp. 203-207.
  11. Ibidem, p. 207.
  12. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 30-31.
  13. CARNERO, A: Historia de las gverras civiles qve ha avido en los Estados de Flandes des del año 1559. hasta el de 1609. y las cavsas de la rebelión de dichos estados, Bruselas, 1625, p. 184.
  14. Para una detallada narración de todo el sitio, la crónica que dejó Alonso Vázquez de sus décadas de servicio a la Corona es una fuente de gran valor que he usado. Su crónica está recopilada en tres tomos en Colección de documentos inéditos para la Historia de España (enlazada en la bibliografía): “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”. Lo referente al asalto de Lillo se encuentra en las páginas 494-496.
  15. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 34-35.
  16. VÁZQUEZ, A: “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”, Tomo I, en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879, p. 505.
  17. Ibidem, p. 507
  18. CARNERO, A: Historia de las gverras civiles qve ha avido en los Estados de Flandes des del año 1559. hasta el de 1609. y las cavsas de la rebelión de dichos estados, Bruselas, 1625, p. 185.
  19. VÁZQUEZ, A: “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”, Tomo I, en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879, p. 510.
  20. Ídem
  21. ALBI DE LA CUESTA, J: De Pavía a Rocroi, Desperta Ferro, 2017, p. 132.
  22. VÁZQUEZ, A: “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”, Tomo I, en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879, p. 511.
  23. Ibidem, p. 526.
  24. PARKER, G: España y la rebelión de Flandes, Nerea, 1989, p. 198.
  25. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 31-32.
  26. VÁZQUEZ, A: “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”, Tomo II, en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879, pp. 27-31.
  27. Ibidem, p. 31.
  28. Ibidem, p. 33.
  29. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 32-33.
  30. Ibidem, 33-36.
  31. Ver VÁZQUEZ, A: “Los Sucesos de Flandes y Francia en tiempos de Alexandro Farnese”, Tomo II, en VV.AA.: Colección de documentos inéditos para la historia de España, 1879, pp. 45-66, para un detallado relato del transcurso de todas las fases del combate por Kouwensteyn
  32. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 33-36.
  33. En El modo alemán de hacer la guerra Citino habla reiteradamente acerca de esta idea. Lee nuestra reseña aquí.
  34. Ver La batalla de Kursk
  35. MESA GALLEGO, E: “El sitio de Amberes”, Desperta Ferro Moderna, Nº 1, 2012, pp. 34-35

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Graduado en Historia en Sevilla. Entré en esto para saber más de Grecia y Roma y acabé liándome con un tema de moriscos y rebeliones.

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2 respuestas a “El sitio de Amberes, 1584-1585”

  1. Miguel dice:

    Muy grande y completo. Te embaucas de lleno en la historia de las guerras de Flandes. Ojalá pongáis más historias y batallas de lo ocurrido en Flandes. Muchas gracias por vuestro trabajo

    • Álvaro Bermúdez Caballero dice:

      Muchas gracias a ti por tus amables palabras. Se agradecen mucho porque justo lo que nos dices es lo que buscaba transmitir.

      Es bastante probable que traigamos más sobre los tercios en el futuro, aunque no pronto, porque estamos trabajando en otras cosas que seguramente también os interesarán. Gracias de nuevo.

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